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Latitud 19 de Febrero de 2017

Carnaval y novela

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Redacción
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«¿Hay novelas sobre el Carnaval de Barranquilla?», me preguntó uno de los invitados al Carnaval de las Artes, pero no pude contestarle porque empezó el concierto de Andrea Echeverri y no era el momento de hablar sino de oír. El Parque Cultural estaba lleno, la gente muy animada, y el sitio remplazó con éxito al Teatro Municipal. El tema sin embargo me dio un motivo de repensar el carnaval. De hecho, este Carnaval de las Artes número once es un componente, con pasos de imprescindible, dentro del carnaval tradicional.
 
La programación no tenía lado malo, lo malo era el no poder estar en todos los actos programados. En La Cueva se centraron las entrevistas con los escritores invitados. Octavio Escobar, ganador de premios en España y en el país con su novela Después y antes de Dios, nos habló de su vida como escritor y la respuesta a su vocación. Dejó la práctica de la medicina, su profesión, y se dedicó a las letras. Como terminaba el tiempo para la entrevista no pude preguntarle si ese hecho de la solterona que mató a su madre por una discusión de deudas estaba basado en hechos reales. 
 
Luis Noriega, otro autor premiado, estuvo más didáctico en la entrevista.
 
El crítico literario uruguayo Jorge Ruffinelli no pudo venir por enfermedad y se adelantó en la programación la charla entre Giuseppe Caputo y John Better. Hubo un lleno completo y la vehemencia de los entrevistados fue moderada por Catalina Ruiz Navarro.
 
No pude estar en otras entrevistas, el don de la ubicuidad se dará en el futuro, como vaticinan los autores de ciencia ficción. Debo agregar que la presentación de la cantante somalí Saba Anglana fue fascinante, y la entrevista e interpretaciones de Adolfo Pacheco fueron memorables (el que lo bautizaran con el nombre de Adolfo, por Adolfo Hitler, reveló los valores de toda una época).
 
Me comprometí a contestar por correo electrónico la pregunta acerca de por qué no compran Escribir en Barranquilla. Me digo con frecuencia «ahí está la respuesta». 
 
Cuando escribí el libro encontré cosas curiosas. La primera mención a nuestro carnaval fue dada en La desposada de una sombra, novela escrita por Abraham Zacarías López Penha y publicada en 1903.
 
En el primer capítulo y brevemente se describe un baile de disfraces muy solemne y estirado en carnaval. Es entonces cuando Emma, la protagonista, siente una gran pasión por uno de los integrantes de la comparsa, un joven médico. Lo insólito es que en realidad ella no está contemplando al hombre real sino a su «proyección ectoplasmática». Como la novela es de tendencia ocultista, y su autor era un cultor de esos temas, la obra encalla en esa línea y hasta ahí llega su mención del carnaval. En estos momentos es una obra inconseguible. En otras tantas novelas, justamente olvidadas, se presenta el carnaval como momento abominable y de pecado.
 
En el cuento de Marvel Moreno “La noche feliz de Madame Ivonne”, en la fiesta de carnaval que se desarrolla en el Patio Andaluz, la quiromántica le vaticina el futuro a muchos de los concurrentes, quienes se sienten incómodos y logran que la policía la saque con cortesía del lugar. Ella mira al cantante de la orquesta y ve su futuro cadáver como guerrillero. El cuento –con claves– ha ganado con el tiempo, pues ahora los lectores no intentan adivinar quién es la persona real detrás de cada personaje del escrito.
 
El cadáver de papá, de Jaime Manrique, es la más delirante de todas estas novelas. Al salir publicada en 1979 escribí que lo único que había faltado era la guerra atómica. Releída me sostengo en lo escrito. Algunos de nuestros jóvenes autores me han confesado sobre sus novelas inéditas con escenario de carnaval. Hay que  esperarlas con ansiedad secreta. 
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