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Latitud 29 de Mayo de 2016

África: una historia distorsionada

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Foto: David Lara Ramos

Entrevista con el africano Ali Moussa Iye, director del proyecto ‘Ruta del Esclavo’, liderado por la Unesco. Busca establecer en Cartagena el primer sitio de memoria de la esclavización en el país.

David Lara Ramos
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Ali Moussa Iye habla con la serenidad del viejo sabio de la tribu. Nació en Yibuti, un pequeño país, hecho nación en 1997, ubicado en el nacimiento del cuerno de África. Pertenece a la cultura somalí, un pueblo nómada que encontró en los cantos, las cuerdas, las flautas y la poesía el regocijo que renueva al ser humano.

De niño vivió en Etiopía, lugar donde aprendió a leer y escribir en los tiempos del emperador Haile Selassie. Escritor de cuentos cortos y relatos que recoge de la voz de su gente. Habla inglés, francés, somalí y otras lenguas de su natal África, que le han ayudado a comprender el poder de nombrar y las virtudes de usar un lenguaje sin violencias. Está convencido de que la única manera de llegar a la verdad es escudriñar en todas las perspectivas posibles y llegar a consensos que procuren la armonía sin olvidar el pasado.

Estuvo en Cartagena para establecer el primer sitio de memoria de la esclavización en el país. Es director del proyecto Ruta del Esclavo, liderado por Unesco, que busca romper el silencio sobre la trata de esclavizados en diversos lugares del mundo.

Ali Moussa Iye ha publicado el libro de ensayo El veredicto del árbol, dos colecciones de cuentos, El rosario del destino y Somalidad, entre otros trabajos creativos. Con él conversamos sobre los sitios de memoria, la nueva historia de África y la descolonización.

P ¿Por qué es importante para Cartagena, y para las ciudades donde hubo esclavitud, reconocerlas como lugares de memoria?
R Esta ciudad fue construida sobre la base de la esclavización, y hasta ahora ese pasado, esa herencia no se ha reconocido. No es solamente el silencio de esa historia sino que hemos hecho invisibles los lugares que recuerdan la tragedia. En muchas ciudades esos lugares han sido destruidos, se han construido edificios, como si la ciudad quisiera esconderlos o borrarlos de su tradición. Es una forma de recuperar la dignidad de aquellos que sufrieron en ese pasado, una forma de reconciliarnos con el otro. Las autoridades no son las únicas responsables de ese reconocimiento, los ciudadanos tienen derechos también a saber esa historia. La historia de muchos ciudadanos ha sido subvalorada o ignorada, es la oportunidad de construir nuevas narrativas que integren también a todos los ciudadanos desde perspectivas diferentes. Enriquece a la sociedad y muestra la fortaleza de una nación que reconoce su historia.

P Este proyecto comenzó con la reescritura de la historia de África, ¿cómo ha sido ese recorrido hasta esta fase de sitios de memoria?
R Es el proyecto Historia general de África, el cual tengo el honor de continuar. Esta reconstrucción comenzó en los años sesenta, momento en que un grupo de países africanos logró su independencia. La historia de África ha sido la más distorsionada, es la más falsificada del mundo, y sabemos la razón, se hace para justificar la esclavización, y la colonización. La cultura europea, por diversos medios, ha intentado negar nuestra cultura. Uno no imagina cómo un presidente como Sarkozy haya ido a Dakar, Senegal, a decirnos que el problema de África es que no ha entrado en la historia de la humanidad y que necesita hacerse un destino. ¿Qué clase de discurso es ese? Las naciones africanas están escribiendo su historia desde su perspectiva, la cual busca deconstruir todos esos prejuicios, esas generalizaciones sobre lo que África es. No como una respuesta política o ideológica sino usando recursos científicos y académicos.

P ¿En términos prácticos cómo fue esa elaboración y cuáles los principales hallazgos?
R Unesco se ha tomado en serio esa tarea. Conformó un equipo de 350 investigadores, 80% son africanos, y 20% de otras regiones del mundo. Han hecho un trabajo fantástico. Se han publicado ocho volúmenes, cada uno de unas mil páginas. Eso tomó 35 años. Hubo debate, controversias, y se estableció que África tiene la historia más larga de la humanidad. Las primeras civilizaciones nacieron en África y migraron para colonizar otras regiones del mundo. Eso muestra que Egipto antiguo es una civilización africana, no mediterránea como se nos quiso imponer. Muestra que África tuvo relaciones con Asía miles de años antes que Europa. Revela que el Sahara nunca fue una frontera, que esa división de Noráfrica y África Subsahariana no existe. Ese fue un espacio de vida, de comercio, de relaciones culturales, de contacto, de diálogo. Muestra que en África han existido múltiples formas de gobierno, estructuras y organizaciones sociales. Una riqueza inmensa.

P ¿Cree que es posible armonizar las visiones eurocéntricas y las visiones sobre África?
R Para acercarnos a una verdad, lo más sano es tener múltiples perspectivas. En el grupo de científicos hay europeos y norteamericanos. Sobre lo que se ha publicado hay múltiples visiones, pero se ve también el consenso y los puntos en que han logrado ponerse de acuerdo. Algo que es importante destacar es el uso de nuevas fuentes. Siempre las fuentes han sido europeas, ahora no, tenemos fuentes asiáticas, árabes y persas; en la riqueza de las fuentes las visiones se amplían.  

P ¿Todos estos hallazgos están hermanados con las ideas de la decolonización?, ¿podría concentrarse en ese punto?
R Para mí hay tres niveles de decolonización, la política, la económica y la decolonización mental. Alcanzamos la decolonización política, estamos luchando contra la decolonización económica y, para mí, quizá la más importante es la decolonización de las mentes, de los pensamientos. Ese quizá sea el camino más largo. ¿Qué es la decolonización? Es la necesidad de cambiar los paradigmas y losw  conceptos que se usan para nombrarnos. Cuando hablamos de esclavos, ¿de qué estamos hablando? Nadie nace esclavo, todos nacemos libres, luego es esclavizado por procesos injustos, de barbarie, de poder. Al referirnos a los cimarrones estamos hablando de resistencia a ser esclavizado, no a un salvaje o desobediente como se puede encontrar en los libros de historia. Eso necesita ser revisado.

Usamos América Latina, ¿eso qué significa? Que solo es importante la herencia latina, ¿y dónde están los otros aportes, el indígena, el africano? América Latina excluye dos aspectos importantes de la herencia de este continente. Los académicos están de acuerdo que lo apropiado es decir Sur América. Esos conceptos son todavía usados por los medios de comunicación y los periodistas no van más allá de ese vocabulario, el periodismo tiene un papel fundamental en estos procesos de decolonización.

P Es usted hoy un ciudadano de Yibuti, parte de la cultura somalí, vivió en Etiopía durante el periodo de Haile Selassie, me pregunto cómo ha usado todas esas experiencias en el trabajo que realiza.
R Cuando estaba siguiendo mis estudios de doctorado escogí, pensaba, un gran tema: la globalización y la interdependencia humana, y cuando regresé a mi país para desarrollar la investigación me encontré con una riqueza oral, con formas de gobiernos democráticos, sistemas jurídicos de mi gente, y decidí cambiar de tema. No tenía fuentes escritas, pero tenía esa riqueza que estaba en los más viejos de la comunidad somalí. Gente sabia, que tenía historias para contar. Estuve cinco años recolectando historias, narraciones, leyendas de mi gente que luego publiqué en un libro que se llama El veredicto del árbol. Me sorprendía la articulación entre el sentimiento y la razón. Eso me hizo pensar que debíamos deconstruir la forma como estábamos siendo educados. Nos enseñaron que eso que saben los viejos es tradición y lo que aprendemos en el colegio es modernidad, es conocimiento. Resulta que tenemos un conocimiento que es mucho más pertinente.

P Volviendo al tema de las narrativas, ¿recuerda a algún viejo que entrevistó que le haya impactado, alguna experiencia que pueda compartir con nosotros?
R  Claro, el que ahora tengo en mente fue el que gobernó por 64 años la comunidad Issa, en Yibuti. Su nombre era Hassan Hersie. Me impresionó su sabiduría, su trato. No quiero llamarlo ni rey, ni jefe, porque esa es una construcción colonial, occidental, para nosotros es un ogaas. Todo fue sin ningún protocolo. Un ser sencillo, pero ves la dignidad en su rostro. Siempre estuvo acompañado de sus consejeros, y cuando yo hacía una pregunta, decía: «¿quién desea responder a este joven?» El ogaas solo me hablaba cuando el consejo le decía: «Ogaas, tú tienes la experiencia y el conocimiento para responder».

P Si bien estas historias resultan acogedoras, las noticias que escuchamos sobre África están relacionadas con disputas y guerras internas, y esas guerras generan nuevas formas de esclavitud.
R Creo que hay que hacer una diferencia entre la esclavitud histórica, que fue legal, respaldada, fundada y autorizada por Estados, y estas nuevas formas que son ilegales y en la que la gente es explotada, en contra de las leyes, y en contra de los instrumentos internacionales. En cuanto a la violencia en África, es muy cierto, pero es preciso establecer que la mayoría de la violencia en África está relacionada con el saqueo de nuestras riquezas. La mayoría de la violencia en África no es entre tribus o clanes, como algunos medios de comunicación a veces muestran con una ligereza vergonzosa. Si se analiza, se concluirá que detrás del conflicto hay un interés económico, pugnas por tener el control y el monopolio de los recursos naturales de África: oro, platino, diamantes, petróleo, y ahora el nuevo recurso natural en la pugna es la tierra, tierra fértil para la agricultura. El combustible de la violencia en África en proveído por intervención extranjera. Las víctimas tratan de buscar la forma de ir a Europa, y eso ha generado formas de esclavización en los grupos más vulnerables, como por ejemplo las mujeres y los niños.

P ¿Y el papel de la mujer en ese mismo escenario de violencia?
R Sufren mucho. Mediante diversos procedimientos, todos reprochables, son sometidas a prácticas indignas, explotadas y abusadas sexualmente. Las mujeres en África siempre han tenido un rol protagónico. Tenemos una agricultura liderada por las mujeres. Juegan un papel trascendental en la transmisión de saberes. La sociedad africana ancestral estuvo más a favor de la mujer que la sociedad africana postcolonial. Cada vez más mujeres están en puestos de mando. En Ruanda, por ejemplo, el 50% del parlamento está constituido por mujeres. No hay ningún otro país en el mundo que pueda equiparse con Ruanda. Hay que resaltar que la colonización contribuyó a la marginalización de la mujer, y después de la colonización seguimos marginalizando a la mujer. Hoy más y más Estados reconocen esa situación y han puesto el tema de las mujeres en sus agendas.

P  Usted es un hombre que escribe cuentos, ¿cuáles son las propuestas temáticas de sus historias y cómo involucra las investigaciones en sus relatos? 
R Hay un universo inmenso en las voces que recogí cuando estaba haciendo la investigación para el libro Democracia nativa africana. Al escribir cuentos, lo que busco es un acercamiento, es un medio para llegar de manera más fácil a los jóvenes, los niños. Tenemos una extensa historia y el sueño es tener un gran país donde todos los somalíes puedan vivir. Los somalíes están divididos, están en Somalia, Yibuti, Eritrea, Etiopía, Kenia, dispersos, la idea de unir todos los somalíes es un destino posible.

P En términos de lenguaje, ¿qué herramienta usa para comunicar toda esa sabiduría?
R La poesía somalí es la gran herramienta. Somos pueblos que cantamos, que contamos las historias de forma épica. Aparece un personaje que encarna la gente y los deseos de la gente. Llamo a este relato ‘Somalidad’, mezcla de Somalia y Soledad. Escribo con la ayuda de la poesía. Trato de usar la visión poética que los somalíes tienen del mundo y sus formas de narrar. Para los somalíes la poesía no es de las élites, es del pueblo. Es una forma de contar los acontecimientos de cada día. Hay un poeta que es héroe nacional, luchó contra los franceses, los italianos, con los británicos en las guerras para obtener nuestra libertad. Su nombre es Sayyid Abdullah Hassan, y los mensajes políticos que enviaba eran poesías, hoy la gente recita esos poemas, es una poesía cargada de fuerza. La vida en la nación somalí es un gran poema.

P Para usted, ¿qué significa la poesía?
R  Es la transmisión  anticipada de un presagio, algo fuerte que está más allá de la razón. Es describir el destino de la sociedad. Los poemas y los poetas me muestran la complejidad y ambivalencia de la vida. La poesía es también una profecía, los poetas también son profetas, son seres que tienen la capacidad de ver aquello que está por venir y entender por qué puede venir, los poetas nos revelan los misterios de la existencia.


“Al referirnos a los cimarrones estamos hablando de resistencia a ser esclavizados, no a un salvaje o desobediente como se puede encontrar en los libros de historia”.


*Escritor y periodista, docente de la Universidad de Cartagena. david28lara@gmail.com

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