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Bienestar 01 de Junio de 2020

La obesidad no es una causa, es una enfermedad

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Foto: Shutterstock

Henry Tovar, presidente de la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo
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Columna de opinión.

Hoy, que vivimos en un mundo en alerta por una enfermedad altamente contagiosa y compleja, es fundamental fortalecer nuestra salud y blindar nuestro cuerpo al máximo. Esto no sólo incluye mantener hábitos saludables y alimentarnos sanamente. Es clave que veamos con ojos diferentes enfermedades como la obesidad y el sobrepeso, que aumentan la posibilidad de desarrollar patologías como la diabetes y la hipertensión y nos ponen en mayor riesgo ante un escenario como el actual. De hecho, la Federación Mundial de Obesidad indica que la obesidad hace más difícil el tratamiento clínico de la COVID-19.

Sin duda, este panorama hace un llamado importante sobre la patología, definida por la Federación Mundial de la obesidad como una enfermedad crónica, reincidente y progresiva. Dicha organización también enfatiza en la necesidad de acción inmediata para la prevención y control de esta epidemia global. En Colombia, el 37,7 % de la población tiene sobrepeso y el 18,7 % tiene obesidad, es decir, 56,4% de los colombianos padecen de exceso de peso, según cifras de la última encuesta de situación nutricional, ENSIN.

Además de ser una enfermedad, la obesidad incrementa el desarrollo de otras patologías: enfermedad cardiovascular coronaria, hipertensión arterial, aumento de lípidos en sangre y falla cardiaca, entre otras; adicionalmente es considerada causa directa de diferentes tipos de cáncer, enfermedades respiratorias como la apnea obstructiva del sueño, el asma o el síndrome de hipoventilación, hígado graso no alcohólico, diabetes (contribuyendo con el 44% de sus casos) y depresión.

De hecho, expertos del mundo han llamado la atención con respecto al sobrepeso y a la obesidad como uno de los factores de mayor riesgo para las personas afectadas por la COVID-19. En Reino Unido, el 63 % de las personas internadas en cuidados intensivos padece de dichas enfermedades.  

Mientras se mantenga en silencio y no se vean como patologías, todos los esfuerzos por prevenirlas o tratarlas seguirán fracasando. Por eso, el primer paso es entender por qué se está presentando esta situación. Si bien la mayoría de los casos de sobrepeso y obesidad se generan por un desbalance entre el consumo y el gasto calórico, además de otros factores clínicos que hacen muy difícil perder peso y mantenerlo a largo plazo, también entran en juego causas emocionales, sociales o económicas que son determinantes para el desarrollo de las mismas.

Para salir victoriosos de esta lucha contra la llamada epidemia del siglo XXI, es necesario que como sociedad demos un giro rotundo y cambiemos el chip. ¿Por qué nadie se atreve a burlarse de un paciente con otra enfermedad, pero hay bromas constantes cuando éste “está gordo”? ¿Por qué nadie opina sobre el aspecto de un paciente con enfermedad cardiaca y si lo hacen sobre el de alguien con obesidad? Todas estas son enfermedades crónicas, de larga duración y progresión lenta y todas, según la Organización Mundial de la Salud, hacen parte de las principales causas de mortandad en el mundo.

Cuando dejemos de culpar a la persona con obesidad o sobrepeso por su enfermedad —porque comió mucho, no tuvo voluntad, se lo buscó por no hacer ejercicio— podremos hacer un control más efectivo de ella y acompañar el tratamiento a largo plazo. Cuando un paciente se siente juzgado, probablemente no buscará ayuda y dejará avanzar su condición hasta llevarlo a desarrollar otras enfermedades.  Por esto resulta fundamental que el personal de salud cuente con la educación y los protocolos adecuados para que el paciente sienta la confianza de consultar y así obtener un mejor tratamiento.

Si como ciudadanos estamos mejor informados de la obesidad como enfermedad, sus causas y, sobre todo, sus consecuencias, podemos exigir la implementación de políticas públicas que le pongan freno al avance de esta epidemia que desangra las finanzas de nuestro sistema de salud. Según un estudio que realizó el epidemiólogo Jaime Ordóñez, líder de True Consulting, sobre el impacto económico que genera la obesidad en Colombia y sus comorbilidades, es decir, las  que se derivan de ella como por ejemplo, la diabetes o la enfermedad isquémica cardíaca (EIC), esta enfermedad genera 1,8 millones de pacientes que le cuestan a la salud en Colombia alrededor de 5,7 billones de pesos (14,1% del total de recursos del sistema de salud en Colombia, incluyendo todas las fuentes).

Desde el momento en el que una persona tiene conciencia de una enfermedad, acude a una consulta y sigue los lineamientos de un tratamiento está mejorando su calidad de vida. Por eso, la premisa es: la obesidad es una enfermedad y como tal requiere de intervención. Este es el punto de inflexión entre seguir tratando superficialmente esta patología con medidas preventivas que no van más allá de un folleto con información sobre el control del peso y plantear toda una estrategia de política pública dirigida a frenar la progresión del sobrepeso y la obesidad, condiciones que ya padece más de la mitad de la población colombiana. Un hecho que nos pone en mayor riesgo en una pandemia como la de hoy.

 

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