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Temas del Padre 24 de Agosto de 2019

Ser felices

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Padre Alberto Linero
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Por estos días vengo insistiendo en que la felicidad depende de la calidad de las relaciones que sostenemos. Entiendo la felicidad como armonía con nosotros mismos, con los otros, con el planeta y con el absoluto dador de sentido. Esto se concreta en un vivir a gusto con lo que sé es, se tiene y se puede, luchando por dar siempre nuestra mejor versión. Esa armonía sólo es posible si se tiene una buena relación con los demás. Esto implica necesariamente tener la capacidad de relacionarnos desde el respeto, la solidaridad y la complementariedad. No hay buenas relaciones sin estas tres realidades.
 
Respeto. Nadie puede pretender que los otros sean como ellos quieren que sean, ni creer que todo el que no tenga sus mismas características es un “anormal”. No podemos seguir creyendo que la mayoría siempre tiene la razón y que aquel que no se adecua es un raro, un extraño, un enfermo y merece estar en un proceso de conversión que lo haga enfilarse en el lado donde hay más gente. Creo que respetar implica aceptar la autenticidad de cada persona. Nadie es mejor o peor por las preferencias que tenga en su vida. Ni las preferencias sexuales, ni políticas, ni religiosas, ni deportivas nos hacen mejores o peores ontológicamente. Somos más felices cuando respetamos al otro tal cual es. 
 
Solidaridad. Somos seres que nos necesitamos unos a otros. Desde nuestra autonomía nos relacionamos interdependientemente. Estamos siempre abiertos al aporte que el otro, desde su singularidad, nos puede hacer; lo aceptamos y estamos dispuestos a ayudarle con total generosidad y bondad. El egoísta, el que cree que todo le corresponde a él y se niega a compartir con los demás no puede ser feliz; el que se adora a sí mismo, o el que decide desplazar el sol y hacer que la galaxia toda gire en torno a él termina sufriendo y haciendo sufrir a todos los que están cerca. Sólo se puede ser feliz si se entiende que somos tan marginales como los otros, y que podemos alcanzar nuestros sueños cuando nos relacionamos solidariamente.
 
Complementariedad. Al no tener las mismas características y tener que vivir juntos, encontramos dinámicas a través de las cuales compartimos lo que tenemos con aquellos que no lo tienen, generando una experiencia de complementación. No es que seamos incompletos, sino que desde nuestra completitud, agregamos valor a la vida de los otros y funcionamos coordinadamente para realizar de mejor manera nuestros planes. Constatamos que cuando nos sumamos podemos alcanzar metas que solos no podríamos. Se trata de entender que no nos las sabemos todas, y que los demás tienen algo que aportar a nuestra vida.
Una tarea que nos queda es revisar la manera como nos estamos relacionando con los demás, porque si despreciamos, usamos, maltratamos y desconocemos al otro, seguro no podremos ser felices. Y aún más, si nuestras relaciones son un infierno, no seremos felices aunque tengamos plata, fama, poder o cualquiera de las motivaciones de un espíritu egocéntrico y materialista como el que domina nuestros escenarios sociales hoy. 

@Plinero 
www.elmanestavivo.com
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