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Temas del Padre 09 de Junio de 2018

Sé tú mismo...

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Padre Alberto Linero

Nos cuesta aceptar el éxito del otro. Somos expertos en encontrarle errores para demostrar que no es tan bueno como parece, en presentar cómo su triunfo se debe a cuestiones del azar y no a sus capacidades, en señalar fallas que nadie más ve sino nosotros, en nuestro enconado y perturbado análisis. Temblamos de miedo al darnos cuenta que el otro ha triunfado de verdad y que debemos reconocerlo. Si visitas las redes sociales encontrarás expresiones rotundas de esta manifestación de envidia revuelta con frustración que destroza todo lo que aparece como bueno y valioso. Algunos hasta se sienten orgullosos de vivir de esta manera y de inocular veneno con cada palabra que sale de su boca o de sus manos al escribir. Están convencidos que su tarea es destrozar la fama, la imagen, el proyecto del otro, de aquel que algo –aunque sea poco- ha conquistado.

¿Por qué nos pasa esto? Porque creemos que si el otro triunfa nosotros fracasamos, que si el otro tiene éxito nos va a pisotear y nos va obligar a vivir derrotados; porque vivimos la vida pensando más en el otro que en nosotros mismos y creemos que opacar el triunfo del otro nos da más brillo; porque estamos seguros que la vida es una auténtica competencia de egos y el nuestro tiene que ganar. Todo esto es fuente de dolor y sufrimiento. Tenemos que ser más bondadosos y generosos frente a los demás. Reconocer que el otro ha hecho bien algo no nos hace ser menos valiosos, al contrario, muestra nuestra seguridad y confianza en nosotros mismos. Necesitamos entender que seremos felices en la medida que los demás sean felices, que hay que generar contextos ganadores, en los que se puedan relacionar sinérgicamente nuestras capacidades y habilidades.

Aplaudir el triunfo del otro nos hace trascender los cerrados límites de la competencia y ascender a las relaciones fraternas, siempre tan enriquecedoras. Quien sabe qué es y qué puede hacer, no tiene miedo de lo que los otros pueden lograr. Sabe que eso no es un obstáculo para su realización personal. Es hora de concentrarnos más en las posibilidades y capacidades que tenemos, y dejar de lado ese sentimiento de inferioridad que nos hace criticar crónicamente al otro. Disfruta todo lo que estás haciendo y trabaja duro en hacer lo que debes para lograr tus metas.

Concéntrate en tus objetivos y en tus sueños, lucha por realizarlos en la legalidad, con responsabilidad y sin dañar nunca a nadie. Que tu mirada hacia los otros sea para aprender de ellos, para descubrir lo bueno que han hecho y sentir que en ellas hay lecciones de vida para ti. No envidies ni dejes que tus inseguridades te hagan creer que el otro es tu enemigo solo porque triunfa. Puedes no estar de acuerdo, pero eso no significa que lo tengas que descalificar. Puedes no compartir sus valores pero no por eso tienes que hablar de él como persona. No olvides que para poder escupir veneno contra el otro tienes que acogerlo en tu corazón, y el veneno siempre mata. Sé feliz en tu batalla y trata de ser solidario, ese es el mejor camino. 

@Plinero

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