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Temas del Padre 02 de Marzo de 2019

¡Que no se acabe el Carnaval!

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Padre Alberto Linero

Verse al espejo y poderle dar gracias al Dios de la vida lo que somos, es fundamental para ser felices. Nos han hecho creer que tenemos que vivir para agradar a los demás, que la felicidad depende de la aprobación que recibimos de aquellos con los que compartimos la historia. Esto nos ha llevado a tener unas vidas prestadas. Son muchos los que no expresan lo que son, no se dejan llevar por las fuerzas interiores que los definen, no manifiestan las ideas claras y distintas que diseñan su forma de pensar. Son personas que usan máscaras, que tienen poses para recibir elogios y creen que la única posibilidad de sentirse satisfechos con la vida es recibir admiración de los demás. Les da miedo que los miren como “bichos raros” y quieren siempre actuar de la manera correcta, aunque esto implique cercenar rasgos de su esencia.

Esto hace que vivíamos en una sociedad de doble moral, donde oímos discursos que no creemos, nos saludamos sin escuchar la respuesta del otro, nos sonreímos como si siempre se estuviera transmitiendo por Instagram, hacemos photoshop a todas nuestras imágenes porque no podemos mostrar como estamos sino cómo anhelamos ser, firmamos contratos de no-verdad para decirnos los piropos que sabemos no dicen la realidad, nos llenamos de cosas materiales para tratar de ver cómo llenamos el vacío del corazón, pensamos que lo único importante es exhibirnos para que los voyeuristas de turno puedan vernos. Y todo, cada vez más, nos hace más ricos, más productivos y, hasta, más famosos, pero menos felices.

 Creo que la clave de la felicidad está en ser uno mismo. En conocerse cada vez más, aceptarse tal cual se es y amarse con fuerza y decisión. Siendo dueño de sí mismo y teniendo un plan de mejoramiento personal que nos lleve a dar la mejor versión de nosotros mismos. Seguro hay lugares en los que no cabes y no tienes porqué ir, seguro hay personas con las que nos puedes hablar –son de un mayor estrato que tú–, seguro hay algunos que les molesta tu forma de hablar y de ser, y eso lo tienes que aceptar porque seguro también hay gente que te ama y te valora tal cual eres y te quiere ver feliz; con estos vale la pena compartir y ser solidario. Los otros pueden seguir su vida y ser felices desde sus opciones.

 La fiesta del carnaval es una buena metáfora del mundo moderno. Aunque la mayoría cree que esta es una celebración en la que las personas se disfrazan, yo creo lo contrario. Creo que es la fiesta en la que la gran parte de las personas se quitan los habituales disfraces. Sí, los doctores parecen seres ordinarios, los correctos hasta vulgaridades dicen, los hieráticos no pueden escuchar el rápido sonido del mapalé porque se “soyan” a bailar. Hay transformaciones que quedan escondidas en los disfraces que muestran lo que realmente son. Eso sí, cuando pasen las fiestas carnestolendas se volverán a disfrazar de buenos, correctos, educados y volverán al rebaño que la moda ha forjado. Claro que lo más doloroso son los que son alegres solo por estos días y que al morir Joselito, vuelven a sus tristezas de siempre. 

@Plinero 
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