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Temas del Padre 14 de Marzo de 2020

Optimismo: actitud de vida

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Alberto Linero
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Soy optimista. Me gusta levantarme a encontrar motivos para sonreír, para disfrutar la vida y para dar gracias. Pienso en la gente que me ama y que me lo demuestra a diario, en los triunfos que he obtenido, en las caricias que me hacen sentir vivo. No falta quien me critique por mi actitud y me diga que me hace falta realismo. Algunos hasta con agresividad quieren imponer su mirada negativa, pesimista y agorera. Se alimentan del miedo, la angustia y las malas noticias, al parecer no sabrían vivir de otra forma. Tengo claro que ser optimista no es vivir en el limbo, no es creer que todo es fantástico y que las hadas resuelven los problemas, no es darle espacio a las acciones mágicas. Se trata más bien de aceptar la realidad tal cual, entender las dificultades, los problemas y las limitaciones, pero así mismo, creer que también hay soluciones, posibilidades, capacidades y fuerzas sinérgicas. Ser optimista es no dejar que el mundo cotidiano se oscurezca totalmente, es entender que hay otros colores vivos que no podemos soslayar. Es creer que soy capaz de mucho, confiar en la ayuda que me dan los que me aman, y claro, desde la experiencia espiritual, saber que Dios desde dentro ayuda e impulsa.

Ser optimista no es vender humo, es aceptar que en la realidad también hay experiencias que me permiten confiar y creer que puedo vencer los obstáculos. Es más, creo que el verdadero optimista trabaja duro, lucha desde sus condiciones, sabe generar trabajo en equipo, aprovecha las oportunidades que se generan en todas las situaciones diarias, es disciplinado y constante en sus batallas. El verdadero optimista entiende que hay derrotas, enfermedades, separaciones, pero que se tiene que seguir adelante y seguir viviendo. Me gusta encontrarme con personas optimistas, nos retroalimentamos y crecemos en nuestra actitud. Y estoy siempre dispuesto al examen constante de los pesimistas que quieren convertirme a sus lógicas.
Lo que más me hace ser optimista es entender que no me merezco todo, que el mundo no me debe nada y que el reconocimiento que me dan los demás no puede determinar mi actitud ante la vida. Es más, creo que los más grandes pesimistas son aquellos que creen que la sociedad no los valora lo suficiente, que han hecho grandes procesos, grandes proyectos, han tenido logros y no son valorados. Viven rumiando la desgracia de ser tan grandes y no ser reconocidos por nadie. Eso los hace sufrir, deprimirse, repartir hiel en todas partes y generar pesimismo. La verdad me gozo lo poco o lo mucho que me dan, eso sí, trabajo duro para ganarme lo que necesito, sólo así se puede ser realmente optimista.

Termino con una frase bíblica que leo todos los días y con la cuál me fortalezco para seguir adelante: ¡Ten confianza en el Señor! ¡Ten valor, no te desanimes! ¡Sí, ten confianza en el Señor! (Salmo 27,14). Perdónenme, pero es mi opción de vida: soy optimista y creo que eso me avanza mucho terreno para ser feliz. Y por ello muchas veces tengo la posibilidad de gritar como en el barrio, #MVM. 

@Plinero 
www.elmanestavivo.com
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