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Temas del Padre 21 de Diciembre de 2019

No hay plan perfecto

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Alberto Linero
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Estoy camino a Belén a celebrar en la plaza de la Natividad a Jesús, el Señor. Voy preparando mi corazón para esa experiencia espiritual. Esa preparación implica evaluar todo lo que he vivido a lo largo de este año y trazarme las líneas de acción para el año entrante. Soy consciente de las lecciones de vida que me dejan todas las experiencias vividas y desde ellas organizo qué hacer para el 2020.

Escribo estas letras pensando en ti y en todos los que me leen ya que es muy necesario que tengamos en cuenta una lección que debe ser para la vida: no hay plan perfecto. Y es que por más que uno intente organizar las cosa e intentar que todo salga bien, aunque uno se esmere para que nada esté fuera de lugar al momento de hacer algo, no se puede negar que siempre es posible que algo externo o incluso algo que hacemos nosotros mismos haga que el plan que tenemos salga mal y las cosas se vayan al piso. Eso no debe frustrarnos, ni debe hacer que nuestra vida se acabe y que lo dejemos de intentar. Estoy seguro que cada vez que las cosas no salen como las esperamos llega a la vida el miedo y la frustración, pero también es en esos momentos en los que evaluamos las cosas e intentamos salir adelante. No nos podemos llenar de miedos solo porque las cosas no salieron bien. Cuando los planes no se dan, pues sencillamente evaluamos y miramos qué falló y si es posible que lo volvamos a intentar. Cuando las cosas salen mal, intentamos mirar donde estuvo el error y lo arreglamos. No nos echemos a morir por errores que muchas veces ni siquiera son culpa nuestra. No nos cansemos de intentarlo una y otra vez. Seguro que equivocarse duele, pero cuando sacamos algún aprendizaje de allí, entonces no habrá sido tan malo hacerlo. Te invito a que confíes en Dios y a que creas en que él te regala su fuerza para que tú puedas aprender a sacar el mejor provecho de los errores.
Al acercarte a la Noche Buena pídele al Dios Amor que te haga consciente de esta realidad y te permita asumir con carácter y firmeza lo que puedes hacer y no dejar que el perfeccionismo te deje paralizado.

La fuerza de Dios, que nos impulsa desde dentro, siempre es garantía de que podremos alcanzar el éxito que esperamos. Que el Niño del pesebre te bendiga y te ayude a dar lo mejor de ti. Ten la certeza que mientras en el frío de esa noche ante el pesebre cante el “Puer natus in Betlehem…”oraré por ustedes los compañeros de los sábados en esta columna. Todo lo bueno. 

@Plinero 
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