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Temas del Padre 02 de Diciembre de 2011

Navegantes de la vida

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Muchas veces me he sentado en el puerto de mi amada Santa Marta a hablar con los pescadores o con los navegantes.

He hablado de muchas cosas; pero una de las que más me agrada hablar es de las rutas que siguen, de los viajes que han hecho y, sobre todo, de la manera como establecen su rumbo para navegar.

Y me gusta porque creo que nosotros tenemos que, también como ellos, establecer el rumbo que le estamos dando a nuestras acciones, en el transcurso de este viaje que es la vida.

Encuentro cuatro constantes en las respuestas que me dan:

1. Analizan bien el hacia dónde van: nunca se embarcan sin tener claro para cuál es la ruta más idónea para llegar al lugar al que van, y se preguntan cómo es el lugar para el que van, y cómo se llega a ese lugar. Tienen su objetivo bien claro. Cuando les pregunté de cómo obtienen información sobre ese destino me dijeron que escuchaban a otros navegantes que ya hubieran ido por allá y en sus relatos buscaban datos objetivos. Es decir, hacen una mezcla de lo experiencial y de lo científico. Muchos de ustedes están embarcados para un destino que no conocen y que no han averiguado bien de que se trata, es probable que cuando lleguen no les guste.

2. Son valientes: Me impresionó que no tienen miedo a las dificultades que se les pueden presentar mientras viajan. Ellos son conscientes de las posibles amenazas que hay en cada viaje: viento en contra, de mareas altas y de otros tantos peligros que no pueden controlar previamente. Se preparan bien, pero actúan con valentía. Muchos de ustedes que me leen dejan que el miedo los petrifique y no los deje moverse más, que les haga perder grandes oportunidades porque prefieren quedarse en el inseguro puerto en el que tal vez ya nada bueno queda, antes que aventurarse a vencer dificultades y atravesar mares bravíos, para triunfar hay que ser valientes.

3. Son precavidos: tienen rituales de preparación para la salida al viaje, no dejan nada al azar todo lo planean con minuciosidad y con inteligencia. Saben que necesitaran allá en altamar. Así tendríamos que actuar nosotros tenemos que ser como las vírgenes prudentes del evangelio. No son valientes porque son temerarios; ni tampoco porque se metan a atravesar un océano con una lancha chueca, sin remos y sin motores, porque eso no es valentía sino locura. Hay que tomar precauciones, que no es tener miedo, es saber que pueden llegar complicaciones y que debemos tener las herramientas para sortearlas, para salir adelante.

4. Aprenden de las experiencias: son gente que reflexiona el viaje anterior y se da cuenta de cuáles pudieron ser los errores cometidos y aprenden de lo que vivieron. No temen repetir un camino seguro, ni le huyen a las rutinas. Se aseguran en lo que saben; se nutren de lo que van experimentando. No son necios para sólo aprender en carne propia, se escuchan, toman como válido lo que otros comunican y lo analizan, lo asumen si lo consideran cierto. Van sumando nuevas maneras a las viejas acciones, descubren nuevos problemas y ensayan viejas soluciones, pero con inteligencia para descubrir si se necesita un camino nunca antes usado.

Muchos de los que me leen siguen cometiendo los mismos errores de su primer intento, tal vez porque no reflexionan lo suficiente. Oro por ti: Padre Dios que estos hermanos puedan comprender que para seguir adelante.

Sé feliz, Linero. GC

Por Padre Alberto Linero
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