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Temas del Padre 08 de Julio de 2011

Lo increíble pasa

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En algunas ocasiones pienso que el trabajo de evangelización que realizamos desde nuestra Iglesia -y particularmente desde nuestras emisoras Minuto de Dios- no tiene el impacto que esperamos en cada uno de nuestros fieles y oyentes. Y lo pienso porque la gente no actúa en consecuencia con las enseñanzas del Evangelio, es decir, que actúan de manera distinta y en ocasiones opuestas a lo que espera el Señor de aquellos a quienes va dirigido su propuesta salvífica.

Les confieso que esas contradicciones de los seres humanos me han llevado a tener crisis de fe. Pareciera que estuviésemos arando en el desierto.

Mientras más se predica la Palabra, mientras más se habla de la necesidad de que las personas vivan bien, siendo felices y haciendo felices a los suyos y al mismo tiempo haciendo realidad su proyecto de vida obrando de manera correcta, vemos que por el contrario aumenta la corrupción y la delincuencia Las familias destruidas por la infidelidad, por el abuso del licor y los placeres, son el pan de cada día. Es como si estuviésemos logrando una reacción adversa a la que esperamos

. A pesar de este panorama que –repito- muchas veces me ha puesto a dudar de la pertinencia de nuestro trabajo como sacerdote, en los momentos en los que más lo necesito, se presentan unos ejemplos de vida que me revitalizan y me impulsan a seguir adelante. Estos testimonios son el combustible que necesito para mantener la pasión por lo que hago. Para muestra el siguiente ejemplo:
En estos días, mientras conducía uno de los espacios radiales en el marco del 'Minutón' en nuestra emisora Minuto de Dios Cartagena, 89.5 FM Estéreo, recibí la llamada de un oyente que aprovechaba el espacio radial para darnos gracias a los que estamos al frente de los micrófonos de Minuto de Dios porque, estamos ayudando transformar la vida de cientos de personas en La Heroica.

Seguidamente compartió que, el día anterior, había tomado un taxi en el centro de la ciudad rumbo al sector de las Gaviotas. Llevaba varias bolsas entre sus manos, por descuido, al bajarse del vehículo dejó olvidado, en el puesto trasero, un paquete con once millones de pesos. Se percató de ello cuando el conductor del taxi había partido del lugar.

Los minutos que siguieron fueron angustiosos porque ese dinero lo había obtenido de la hipoteca de su única finca, recursos que sería empleado para una operación a corazón abierto que debía hacerse al día siguiente en la ciudad de Barranquilla. Nuestro personaje, de nombre Pedro, dice que se sintió morir.

Pensaba que no sólo ahora quedaba con la deuda, sino que su operación tendría que postergarla, lo que pondría en riesgo su vida. Fueron treinta minutos interminables.

Lo único que recordaba nuestro pasajero era que el conductor llevaba sintonizada la emisora Minuto de Dios. Cual fue su sorpresa, cuando transcurrido ese tiempo, el taxista estaba de regreso en su casa con el dinero en sus manos para devolverlo. Pedro decía que no sabía como agradecer al conductor por el acto de honestidad que acaba de tener con el. Lo abrazaba, lo cargaba, se reía, en ocasiones lloraba. Al preguntarle ¿qué puedo hacer por usted, por ese favor que me ha hecho? El taxista le dice, no, nada, ese dinero es suyo, cuéntelo y si le falta algo se lo devuelvo.

Por tratarse de un ejemplo de honradez, dice Pedro, quiero que todos los oyentes sepan de quien se trata. El conductor se llama Doy Pérez, la placa de su vehículo es UAO 827. Remata diciendo, doy gracias a Dios por esa emisora, doy gracias a Dios por los mensajes que transmiten todos los que allí laboran y doy gracias a Dios por el señor Doy Pérez, por el bien que me ha hecho, él me ha salvado la vida.

Este fue un momento muy emotivo para todos los que estábamos en cabina, seguidamente desde nuestros micrófonos invité a Doy a que, si estaba escuchando que se acercara a la emisora, para conversar con él, y a los quince Minutos lo tuvimos en Cabina. Realmente Doy es un hombre de fe, es una persona sencilla, lleva más de veinticinco años trabajando como taxista, en este momento paga tarifa, vive en Turbana en compañía de su esposa y sus tres hijos.

Al preguntarle a Doy sobre cómo sucedió todo, él dice que al dejar el pasajero, salió a lavar el taxi, porque coincidencialmente esa había sido la última carrera del día. Antes de llegar al lavadero vio el paquete y al abrirlo se encontró con los once paquetes en billetes de veinte y cincuenta mil pesos, tenían el sello del banco.

Lo primero que se le vino a la mente fue comprarle el computador que desde hace seis meses le está pidiendo su hijo. Sin embargo, después de orar unos instantes y de recordar todos los mensajes escuchados a través de la radio, tomó conciencia que ese dinero no era suyo, de la misma manera pensó en los compromisos que tendría su dueño, por lo que sin pensarlo dos veces regresó a la casa del pasajero.

Dice Doy Pérez que la cara de sorpresa de Pedro era increíble. En realidad no pensaba que esto le estuviera sucediendo. Después de conocer esta historia conmovedora, no tuve otra cosa que, igualmente, darle gracias a Dios por mi Ministerio y por todo el bien que nos permite hacer a través de él y a través de las emisoras Minuto de Dios. GC

Por: Padre Alberto Linero
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