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Temas del Padre 04 de Mayo de 2012

La infelicidad no es una opción

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El domingo fui con unos amigos a ver cine; ese plan me gusta de vez en cuando. Y vimos una cinta española en la que el protagonista se dedicaba a hacer la vida infeliz a los demás. Esa era su misión en la vida. Su profundo odio hacia los demás lo convertía en un personaje dispuesto a hacer lo que fuese, a correr cualquier riesgo, a generar cualquier situación y pagar el precio más caro, con tal de destrozar la vida ajena. Sé que es una caricatura, sé que este tipo de la película es una exageración de la realidad, una tragedia moderna inspirada en aquellas tragedias griegas tan bien contadas.

Pero me puse a pensar en tanta gente que se hace infeliz, no sé si con el propósito de serlo, pero sí con ese objetivo. Pues estoy seguro de que son muchas las situaciones en las que nos negamos a la propia felicidad. También sé que la envidia, que esta sociedad busca generar en los individuos, nos está restando espacios para sentirnos bien y gozarnos lo que somos. Aunque todos digamos que no la sentimos, vivimos buscando que otros la sientan; porque un comercial hace mucho nos enseñó que es mejor despertarla. Y entonces parece que no podemos negarnos a vivir en esa dinámica del envidiar y ser envidiados; es decir, en ni ser felices esperando que nos miren con recelo y odio, ni dejando serlo a los demás, tratando de opacar, minimizar, enlodar o destruir sus logros, conquistas o cualidades.

Y mientras pensaba en esto, llegué a la conclusión de que no podemos ser felices por lo siguiente:

1-No creemos que podamos o merezcamos serlo. Nos sentimos malos, nos entendemos como poco fiables, poco capaces, poco dignos. Entonces actuamos conforme a eso. Nos hemos convencido de que la felicidad es algo inaccesible, algo fuera de nuestro alcance o posibilidades. Entonces no hacemos nada por lograrla. Como no es para mí, como está fuera de mi alcance, entonces para qué lucho, para qué intento tenerla. Y realmente este pensamiento es erróneo, equivocado y poco inteligente, pues todos tenemos la posibilidad de ser felices, en medio de la situación y de las capacidades propias, cada quien puede decidir y optar por la felicidad.

2- No podemos ser felices si estamos pendientes de lo que suceda con los demás. Tienes que concentrarte en tu vida, en tus proyectos, en tus facultades y en superar tus limitantes. Lo que pase con los demás es problema de ellos; no tienes ni que resolver la vida de los otros asumiendo que son tuyos, ni que sufrir y amargarte por los triunfos que logren. No vivimos en una competencia de nada. Lo que se le da al otro no es algo que me restan a mí; esa es una visión equivocada de la vida.

3- Lo que otros tienen, es suyo y no puede hacerme sentir mal. Una de las actitudes que más me encuentro con regularidad, es la aquellos que envidian los logros materiales, laborales, profesionales, etc., que tienen sus vecinos. Hay quienes ven que el carro que compró el vecino, es una afrenta personal para él que tiene que andar en buseta todavía. Y resulta que no. Envidiar no sólo te daña, sino que te estanca. Conozco a algunos que se contentan con creer que los otros ascienden no por propios méritos, sino porque tienen palancas, ayudas extras, trampas, etc. Y se amargan más por eso. Con esta actitud hay que tener cuidado, porque pueden terminar como el hombre de la película: haciendo cualquier cosa para que el otro no esté bien, así eso signifique que yo tampoco lo esté.

Por Padre Alberto Linero

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