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Temas del Padre 07 de Diciembre de 2019

Eva somos todos

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Alberto Linero
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El performance de Las Tesis en la plaza de la moneda en Santiago de Chile, que se ha repetido en las plazas de las grandes ciudades del mundo ha vuelto a poner sobre la mesa de la importante discusión sobre el machismo y la violencia de género. Las cifras de violencia contra las mujeres son escandalosas y muestran la insania del sistema patriarcal en el que vivimos. Lo coreado en la puesta en escena insistía en recordar que nada puede justificar esas acciones machistas, y que no solo es un asunto de individuos aislados que cometen actos criminales y punibles contra ellas, sino que es también un sistema de estructuras y dinámicas que intenta hacer prevalecer todavía la lógica y la cosmovisión del varón como ser superior, algo inaceptable para una civilización que ya hace tiempo debió superar todo tipo de supremacías. 

Escuchar los relatos de las mujeres sobre los abusos que son sometidas a vivir en el transporte público, las calles, sus trabajos, sumado a declaraciones invasivas e irrespetuosas con que las agreden a diario me hace pensar que todos tenemos que poner este tema como prioridad en la educación para los adultos y para los niños, de modo que no haya espacio a ningún adoctrinamiento machista y podamos relacionarnos desde equidad entre géneros. 

El lenguaje y el sistema religioso dominante son también causas de este problema, pues  justifican las manifestaciones excluyentes de lo femenino en la sociedad. Los que hemos estudiado teología debemos concentrarnos en evidenciar como la Verdad de Salvación no es machista, no es excluyente, ni patrocina ningún tipo de subordinación entre los seres humanos, y para ello es necesario distinguir los contextos históricos, sociales y culturales en los que se expresan los relatos que consideramos sagrados, para no continuar declarando como “Palabra de Dios” las costumbres y las prácticas culturales, ocultado así lo esencial de la Revelación Bíblica.

Por ejemplo, no entender el género literario del llamado “relato de la caída” (Génesis 3, 1-24) y entenderlo como una crónica histórica llevó durante mucho tiempo a que se culpara a las mujeres – por el rol de Eva en el relato – de todo lo malo y se les hiciera cargar con toda la responsabilidad de lo malvado en nuestra historia. Esa enseñanza tendría que ser desterrada de sermones y catequesis. Si entendiéramos que Eva, Adán y la Serpiente exponen esa tendencia personal y social al egoísmo y la apatía, seguro sabríamos que esos personajes literarios expresan más de nosotros como  sujetos morales que de ellos como personajes concretos. Eva me representa también a mí, no representa a las mujeres. No es la mujer la que trae el pecado. Afirmar eso es un terrible error de interpretación bíblica.

Necesitamos una experiencia religiosa que no justifique ninguna manifestación de inequidad de género. El daño causado por los fundamentalismos bíblicos es enorme. Ninguna concepción religiosa que patrocine relaciones de subordinación es aceptable, pues termina validando las acciones violentas contra las mujeres y el sistema que las hace posibles .

@Plinero 
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