EL HERALDO SUSCRÍBETESuscríbete a EL HERALDO
El id es:node/155984
Temas del Padre 08 de Junio de 2020

Espiritualidad y emociones

El usuario es:
Foto: Shutterstock

Alberto Linero
Compartir:

La espiritualidad tiene que notarse en la vida cotidiana. No tiene sentido ser espiritual en el cuarto, debajo de la cama. La auténtica espiritualidad se evidencia en la manera cómo nos relacionamos con los demás, cómo afrontamos y resolvemos los conflictos diarios; en general, en la forma como realizamos nuestro proyecto personal de vida. Creo que la preocupación existencial última que tenemos los seres humanos, y que es el espacio de la espiritualidad, tiene que ser una fuente constante de militancia por unos valores y unas preocupaciones concretas, como nos enseñó el teólogo Paul Tillich. La cuestión por lo trascendente se debe transparentar en las vivencias diarias, en la orientación que le damos a nuestra manera de ser y estar en la historia.

Aquel que es capaz de trascender a lo inmediato y otear la propia vida para encontrarle sentido, tiene una mejor percepción de las propias emociones y así puede gestionarlas de la mejor manera. Una sana experiencia espiritual te permite entender que no eres malo ni bueno por sentir tal o cual emoción, simplemente eres un humano que reacciona a situaciones que vive; y eso desbloquea una actitud muy común de negarse a aceptar la emoción que se tiene, ya que se comprende, simplemente, que son las manifestaciones del ser y no tienen porqué ser juzgadas moralmente; todo esto sabiendo que nuestras emociones no responden a un esquema binario de bueno o malo, sino que son complejas y se entremezclan. Quien acepta sus emociones puede controlarlas, y aprovecharlas para el desarrollo personal y comunitario, haciendo que ellas sean generadoras de realidades más positivas.

Estoy seguro que una sana experiencia espiritual, esto es, una que permita procesos de autoconocimiento, autoaceptación y amor propio coadyuva a un crecimiento en la inteligencia emocional, entendiéndola, desde Mayer & Salovey, como “La habilidad para percibir, valorar y expresar emociones con exactitud, la habilidad para acceder y/o generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la habilidad para comprender emociones y el conocimiento emocional, y la habilidad para regular las emociones promoviendo un crecimiento emocional e intelectual”.

El reconocer nuestro lugar en el universo –por cierto, menos central y fundamental de lo que a veces creemos- nos lleva también a ser más empáticos con los demás, a tratar de comprender las emociones de los otros y proponer, desde el respeto, nuestras actitudes ante ellos. Esto permite que no seamos jueces de las emociones de los demás, sino que tratemos de generar relaciones que aporten valor. El empático comprende la emoción de los otros y las acepta, aunque no esté de acuerdo y contradiga con lo que ellas puedan ocasionar.

Las experiencias espirituales tienen que hacernos cada vez más responsables de nuestras emociones, ya que nos permiten entender que siempre tenemos la posibilidad de elegir la respuesta emocional que le damos a los estímulos que necesitamos a diario.

Creo, como Frances Vaughan, que la psicoterapia y espiritualidad son dos aspectos complementarios en el desarrollo humano y que, por ende, una fuerte vivencia espiritual nos hace más inteligentes emocionalmente. Insisto que tu espiritualidad se note en la manera cómo te relacionas contigo mismo, cómo tratas a los demás y cómo enfrentas la vida misma.

Temas tratados

Mensaje enviado Satisfactoriamente!
REPORTAR UN ERROR O SUGERENCIA