EL HERALDO SUSCRÍBETESuscríbete a EL HERALDO
El id es:node/4178
Temas del Padre 21 de Enero de 2011

Esperanzas sin mentiras

El usuario es:

Compartir:

La sociedad de consumo en la que vivimos, nos ha robado cualquier ilusión de felicidad verdadera. Hemos invertido los papeles y vivimos en una especie de desesperanza, tratando de sobrevivir, de arañar a la vida jirones de alegría efímeros y poco profundos. Ahora resulta que la gente es más fiel a los que odia que a los que ama, porque hicimos del primero algo eterno (odio hasta la muerte) y temporizamos el amor (mientras dure la jugada). Parece que fueran más fuertes los lazos de aquello que destruye, que la fuerza de la misericordia que nos impulsa a sacar lo mejor de nosotros. Hemos construido una sociedad basada en la exclusión y el menosprecio de los demás. Volvimos el planeta una alacena en la que podemos tomar cualquier cosa y acabarla.

Nos contentamos tanto con soñar la vida que aparece en la televisión –ser lindos, tener una casa enorme en la playa, un carro deportivo, vestidos a la última moda, etc.- que se nos olvida construir una existencia verdadera, feliz y plena. Parece que se nos hubiera acabado los caminos y que llegamos al límite de la esperanza. Por eso aparecen ahora movimientos que resaltan la tristeza como un valor y que se niegan a tener fuerzas en la esperanza, que entienden la vida como una desgracia y se agolpan en el vacío para expresar su dolor sin ningún movimiento del rostro; que no es sino una consecuencia de la manera cómo hemos ido construyendo el mundo, tan lejos de lo que nos da felicidad; tan lejos de lo único que puede ayudarnos a ser felices, tan poco convencidos de que exista un mañana mejor en el que podamos sentirnos plenos y gratificados por lo que somos.

Esta generación debería llamarnos la atención sobre lo que hacemos, sobre si queremos que el mundo llegue a caer en un sin sentido tan cruel. Si queremos dejar a las nuevas generaciones una acumulación de tristeza. O si, por el contrario, queremos hacer renacer la esperanza, la vida mejor, volver a creer en que podemos ser felices. Podemos volver a llenar el mundo de Dios, de su fuerza y su esperanza, podemos convertirnos en heraldos de una palabra nueva y poderosa, la única Palabra que tiene vida verdadera.

Ser profetas del amor en medio de esta sociedad, nos hará ganarnos más de una animadversión, más de una burla, más de una crítica. Sobre todo porque a la gente le gusta oír que todo está bien, que estarán mejor y que no habrá problemas nunca. Si ustedes pregonan esa mentira, serán amados, aunque sean unos mentirosos. Sin embargo, necesitamos asumir una postura valiente y decidida para decir lo que corresponda y ser amigos de verdad, como Jesús de Nazaret.

Tengamos claras dos situaciones para pensar sobre ellas: Algunas veces declaramos enemigos a los que están de acuerdo con nosotros. Esto pasa porque su palabra nos fastidia, nos resulta incómoda, inoportuna, especialmente cuando nos muestran los errores que cometemos. Más de una vez, estas personas quieren ayudarnos a cambiar conductas negativas que tenemos, pero con las que nos sentimos aparentemente bien, a las que nos acostumbramos. Enemigos porque no nos molesta estar equivocados, sino que nos lo recuerden; nos da rabia que otros descubran lo que ya sabemos, que nos enfrenten a nuestros propios demonios, a las zonas oscuras que preferimos no hacer consciente.

Algunas otras los que se hacen llamar por amigos no lo son. En esta sociedad vivimos amistades llenas de hipocresía y de halagos falsos, hemos convertido la amistad en un pacto de no verdad. Muchos son los que aparecen a tu lado en las fotos de tus fiestas, pero jamás han pensado en ayudarte a ser mejor persona, ni les interesa. Estarán contigo, mientras tengas algo que ofrecer, algún beneficio que dar; parecería que ser útil es lo que permite que se fijen en ti como persona; es decir, que te sacan provecho mientras se pueda.

Por lo anterior, insisto en que debemos estar pendientes para saber dónde están nuestros amigos y dónde nuestros enemigos. Los primeros no siempre nos hacen sentir bien, los segundos no siempre nos hacen sentir mal. La diferencia real es que unos quieren lo mejor para mí y otros me venden ilusiones de felicidad para que me destruya.

Por: Padre Alberto Linero
www.elmanestavivo.com
www.yoestoycontigo.com

Temas tratados

Mensaje enviado Satisfactoriamente!
REPORTAR UN ERROR O SUGERENCIA