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Temas del Padre 12 de Enero de 2019

En vida, hermano

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Padre Alberto Linero
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Todos en algún momento de la vida somos propensos a experimentar la muerte de un ser querido. Esta es una verdad devastadora, porque a pesar de todo lo que hayamos reflexionado y aunque creamos que estamos preparados, siempre nos sorprende y nos hace sufrir la ausencia de la persona amada. Ayer alguien con quien conversaba sobre este tema me decía que tenemos que vivir la experiencia de la enfermedad y de la muerte como algo natural de nuestra condición humana, y que debiéramos vivirla con una actitud más serena que nos permita seguir armónicamente adelante en la construcción de nuestros proyectos. 

Es posible, sin embargo, creo que lo importante es que tengamos herramientas existenciales para superar estos momentos tan duros. 

Cuando las personas están enfermas es más posible que nos preparemos para su partida definitiva, pero cuando es una muerte repentina todo se hace más difícil y las preguntas por el sentido de la vida abundan, ya que nos cuestionamos el por qué de estas situaciones. 

En estos días, con la muerte de Radamel García King, padre de Falcao, el máximo goleador histórico de la selección colombiana, he encontrado una buena excusa para reflexionar mucho más en torno a estas situaciones. Hace unos días el jugador samario escribió en sus redes un sentido mensaje de homenaje a la memoria de su padre: “Papi: es difícil encontrar palabras en este doloroso momento. Me queda la alegría por los momentos tan intensamente vividos a tu lado. En cada uno de ellos me di cuenta que siempre podía contar contigo sin importar la situación”. Un bello y sentido mensaje que expresa todo el amor y agradecimiento de un hijo por su padre. 

Hace un tiempo viví una experiencia dura a este respecto. Murió una tía abuela a la que quería mucho y por cosas del trabajo y de las ocupaciones, no tuve la oportunidad de decirle todo lo valiosa que era para mí… Es cierto que no sabemos cuándo se va a ir nuestra gente, por eso debemos estar siempre atentos a expresarles lo importante que son para nosotros y todo lo que sentimos por ellos. Decirle a los que están cerca que los amamos y mostrarles con acciones nuestro amor es fundamental para tener buenas relaciones, pero sobre todo para superar esa dura experiencia de su partida, porque podremos pensar que se fueron con la certeza de nuestro amor. Al fin y al cabo el mejor homenaje que le podemos hacer a nuestros seres amados muertos es ser felices diariamente, si ellos nos ven desde donde están, seguro disfrutarán viéndonos felices. 

Dos enseñanzas me deja todo esto: en primer momento, expresar el amor que tenemos a los que amamos antes de que se vayan, es decir, entender que después siempre puede ser muy tarde; y en segundo momento, comprometernos a ser felices como homenaje a ellos, poner de nuestra parte para superar las duras pérdidas y vivir plenamente confiando en que ellos disfrutarían vernos felices.

Hay que vivir plenamente conscientes de que los homenajes que se le hacen a la gente después de muertos, sirven para muy poco. Lo importante es lo que digamos y hagamos aquí, en la tierra, en vida. 


www.elmanestavivo.com
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