EL HERALDO SUSCRÍBETESuscríbete a EL HERALDO
El id es:node/3329
Temas del Padre 14 de Enero de 2011

El motor de mi vida

El usuario es:

Compartir:

Dios siempre me ha llenado de fuerzas en momentos en los que todo apuntaba al fracaso. Creo en los milagros. Estoy seguro de que Dios actúa, son su inmenso poder en nuestra historia. Ellos son la manifestación de Dios en la historia. Un milagro es aquel acontecimiento, evento o experiencia que me pone ante la presencia salvadora de Dios. En este sentido pudiéramos decir que suceden más milagros de los que creemos. Es importante entender que los milagros se descubren y contemplan con los ojos del corazón y son una oportunidad de crecimiento personal.

Nos hemos metido en la cabeza que sólo cuando cosas imposibles se realizan acontecen los milagros y, la verdad, los signos de la presencia del Reino –como los llama el evangelio de Juan- son más cotidianos de lo que nos imaginamos.

Ahora, para descubrirlos es necesario que hagamos crecer nuestra inteligencia espiritual. Que los sentidos espirituales estén cada día más preparados para captar las manifestaciones amorosas de Dios en nuestra vida. A Él se le descubre en el silencio, en la contemplación, en la vida vivida con pasión y con ganas. A Él se le siente presente en la oración y en el trascender de cada situación.

No es necesario que se abra el cielo y que el sol haga una bailadita en el firmamento para saber que Dios está presente. No es necesario que llueva hacia arriba para saber que nos ama. Basta con que nos sintonicemos con Él y que afinemos el oído y estemos dispuestos a encontrarlo en el hermano, en la creación, en la historia, en nosotros mismos, en el mar que no se cansa en su bamboleo de siglos.

Cuando me acerco a mi sobrino Alex Alberto, que apenas tiene un año, y lo veo tan cuidadosamente hecho, me encuentro con Dios, lo siento presente en esa ingenuidad, en esa sonrisa inocente de niño feliz. Por eso cuando celebro la Eucaristía abro el corazón para experimentar al Dios que se me regala en ese pedazo de pan y ese poco de vino.

Tengo que abrir mis sentidos a su presencia y facultar mi ser para una relación íntima y cercana. Ese milagro que acontece cada celebración nos abre la vida toda a la acción poderosa de Dios.

Hoy quisiera invitarte a trascender a no dejarte atrapar por lo material y lo que brilla. Es el momento de ver los milagros que suceden alrededor de Ti. Sé que no vivo en un mundo perfecto de gente perfecta y bondadosa. Sé que el sistema social en el que, como esclavos, vivimos nos empuja ser caníbales entre nosotros mismos, a destruir con nuestra lengua y con nuestras manos al hermano y a todo aquel que se ponga nuestro lado. Sé que a veces uno se esfuerza al máximo, da lo mejor de sí, planea, lucha y no se obtienen los resultados justos por los que se ha propendido. Sé todo eso. Pero, también sé que Dios tiene poder, que Él actúa desde dentro de los hombres y llena de sentido todo, hasta lo que, aparentemente, es el sin-sentido.

No pierdo la esperanza, sigo creyendo. Por eso, todos los días me levanto seguro de que voy a triunfar, de que podré escapar de las trampas del mal, y podré sonreír en el lugar alto y seguro en el que Dios me pone a salvo. Él será la causa de mi alegría y de mi gozo.

De Él estaré lleno para seguir navegando y luchando, para no hincar rodilla en el campo de batalla y no dejarme vencer por las dificultades.

Esto se realiza en el misterio de Cristo Resucitado. El que murió solo en la cruz, abandonado por todos (Marcos 14,50), aquel que fue víctima de todas las burlas, de todas las calumnias, de todos los ataques, RESUCITÓ y está sentado a la derecha del Padre. Esa es la certeza de mi fe, el sentido de lo que creo. Por eso, te invito a creer. No sé cuál sea tu cruz o tu derrota, no sé cuál sea tu enemigo o cuál el que se burla de ti, pero lo que sí sé, y lo sé con la certeza existencial de la fe, es que si no desfalleces, si luchas, si te mantienes coherente y con esperanza a pesar de todo saldrás vencedor. De eso estoy seguro, y eso es lo que me anima a seguir adelante. ¡Venceremos! Para ello tendremos la actitud de compromiso que se necesita y la libertad que se requiere. “En todo saldré vencedor por Aquel que me amó” (Romanos 8,37).

Temas tratados

Mensaje enviado Satisfactoriamente!
REPORTAR UN ERROR O SUGERENCIA