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Temas del Padre 12 de Mayo de 2018

Dios es madre

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Padre Alberto Linero

Me impresiona que, en el Antiguo Testamento, producido literariamente, bajo la inspiración del Espíritu Santo, en una cultura patriarcal, no haya ningún reparo en presentar las manifestaciones de Dios desde imágenes femeninas. No tienen miedo ellos de mostrar que desde las actuaciones femeninas se pueda comprender las manifestaciones de Dios. Lamento que en nuestra manera miope de ver las cosas se crea que sólo lo masculino dice lo que Dios es. Por eso escribir el libro Dios es mujer fue una experiencia sublime porque fue encontrar a Dios en la ternura, en la intuición, en la lucha de las madres, y eso realmente me ha hecho fortalecer más mi relación con Él. Mañana comercialmente se celebra el día de las madres y seguro todos estaremos atentos a compartir o hacerle llegar un regalo, un abrazo a nuestra progenitora. Muchos volverán a llorar porque ella ya no está con ellos, sino que vive en la presencia de Dios.

“Sión decía: El Señor me abandonó, mi Dios se olvidó de mí.” Pero ¿acaso una madre olvida o deja de amar a su propio hijo? Pues, aunque ella lo olvide, yo no te olvidaré”. (Isaías 49,14-15) Aquí Isaías responde a la sensación de abandono que tiene el pueblo de Dios, recordando que Dios es tan fiel como lo es una madre con el hijo de sus entrañas, pero aún si una madre olvidará a su hijo –cosa que no parece posible en este contexto- Dios no olvidaría a su pueblo. Dios nos ama como ama una madre. Eso implica cercanía, cuidado, ternura, fidelidad y tantos otros valores que todos hemos experimentado en la relación con nuestra madre.

En mi libro lo comento en los siguientes términos: “la imagen de Dios como madre resalta la ternura y la fidelidad que tiene Él para con los hombres. Es la ternura de una madre, esa ternura que protege, que cuida, que alimenta, que acompaña. Es la ternura nacida en la caricia de una madre y no en la fuerza de un padre. Es la ternura que protege no por lo impenetrable de una armadura sino por la unidad del amor que se siente por el otro. Es probable que una madre que cuida a su hijo sea una imagen que represente debilidad para un imaginario acostumbrado a la fuerza física y a la violencia, pero nada más poderoso que la ternura que hace que los seres humanos se sientan enteros interiormente y protegidos por el amor.  Aceptemos sin miedo que Dios ama como ama la madre, protege con la ternura de la progenitora, cuida con la atención de quien ha llevado dentro a ese ser, acompaña como aquella que nunca se separa de su hijo, aunque éste libre y autónomamente haga su vida por sus propios caminos”.

Toda esta reflexión nos lleva a valorar mucho más de lo que hacemos a nuestras madres. Es el momento para pensar en todo lo que han hecho por nosotros y para tratar de retribuirle —sé que no lo esperan— todo su amor, todo su cuidado y hacerles sentir lo importante que son para nosotros. Es importante hacerlo hoy, cuando te pueden escuchar y cuando sienten tus caricias, y no esperar a que hayan partido a donde Dios para decirles lo que, tal vez, ya no puedan experimentar. No se trata de dar regalos, se trata de darse como un regalo de amor para ellas. Que sientan que estamos agradecidos y que luchamos para que ellas sean muy felices. 

@Plinero 
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