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Temas del Padre 04 de Marzo de 2011

Dimensiones humanas

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Una persona sana incluye en su proyecto de vida, razón y sentimiento, sin que una dimensión excluya a la otra.

Pero nuestra sociedad empeñada en hacer seres humanos vacíos y consumistas de todo, nos está volviendo incapaces de tener pensamientos profundos, ideas, dudas, razones.

Y a punta de novelas baratas, de un discurso en el que se muestra el placer y el sentimiento por encima de todo, nos ha vuelto sentimentalistas.

Que no se confunda sentimentalismo con romántico, que es otra cosa; porque el romanticismo apela a lo sublime, a los profundo, a las manifestaciones del interior de nuestro ser, mientras el sentimentalismo es algo superfluo, desarraigado del proyecto de vida. Es decir, que a punta de vendernos humo, nos convencieron y todos hemos creído que la vida depende del sentimiento; como si los humanos no pudiéramos estar por encima de los sentimientos.

Yo lo he dicho varias veces, hay días en los que no quisiera levantarme temprano para salir en televisión; momentos en los que los sentimientos me dicen que es mejor quedarse acostado leyendo un buen libro que salir a trabajar y trabajar; sin embargo, mi vida no está gobernada por el sentimiento y descubro que hay opciones más grandes y más fuertes que mis sentimientos del momento.

El sentimentalismo me hace esclavo de los deseos fugaces del corazón, que no es más que una manifestación egoísta que deja fuera todo lo que no causa cierto tipo de placer momentáneo.

Donde existe el sentimentalismo, reina la impulsividad de la que hablábamos ayer. Es una manera de relacionarlo todo con la emoción, que no es otra cosa que dejarnos a merced de una caza inagotable de sentimientos nuevos, más profundos, más fuertes.

Por eso hoy vemos que nuestros jóvenes hacen lo que sea por tener emociones fuertes, por vivir llenos de adrenalina, pero no son felices, son intensos, pero efímeros, fuertes pero llanos.

Necesitamos volver a darle a la vida, a lo que somos, un sentido profundo; no algo que se quita y se pone a merced de las ganas que tenemos; porque las ganas son cambiantes, van y vienen y no tienen un rumbo fijo. Necesitamos equilibrio para que nuestro proyecto de vida responda bien a las dimensiones emocionales e intelectuales; necesitamos profundidad para que las emociones no sean el único punto para la toma de decisiones.

Una persona impulsiva es aquella que se deja llevar por sus impresiones iniciales, quien toma decisiones y realiza acciones llevado por esa percepción que tiene. Es decir, es aquel que ve a su pareja darle un abrazo a un desconocido y sale lanzando golpes, diciendo locuras, descontrolándose totalmente, para después reconocer que se equivocó porque descubre después de sus actos que se trataba de un pariente que no conocía.

Y nosotros somos muy propensos a sacar conclusiones apresuradas, tomamos algo que vimos y lo damos por cierto, sacándolo de contexto, poniéndole elementos que tal vez no tiene, haciendo que todo coincida en nuestras películas mentales.

Y así actuamos llevados por esa percepción, para luego darnos cuenta de que estábamos en un error. Por eso quisiera invitarte a no ser esclavo de tus percepciones; a sospechar de ellas, a averiguar antes de soltarle las amarras de tu vida a los impulsos.

Porque el impulso es una conexión casi que directa entre lo que se ve y lo que se cree que es, entre la realidad y el resultado que sacamos de ella. Un impulso saca de nuestra mente al pensamiento, a la racionalidad, a la deducción y nos lleva a realizar actos que no están soportados en la inteligencia, sino en el ser primario que nos habita a todos.

Pero nosotros tenemos que reflexionar unos instantes, usar nuestra inteligencia, falsear los argumentos del impulso, dudar de nuestra percepción, no dar por cierto lo que creemos ver, porque después no sabremos cómo remendar los rotos que haremos con los actos equivocados que surgen de una acción impulsiva.

Hay que calcular las consecuencias de nuestros actos. Hacernos dueños de nosotros, no dejar nuestra vida bajo el dominio de las emociones que son tantas y tan cambiantes, sino usar nuestra capacidad espiritual de decidir para actuar bien, para tomar justas acciones, para soportar nuestras opciones en un juicio sereno y claro. GC

POR. Padre Alberto Linero
www.elmanestavivo.com
www.yoestoycontigo.com

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