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Temas del Padre 23 de Marzo de 2019

Derecho a llorar

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Padre Alberto Linero
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Necesitamos trabajar más en nuestras habilidades emocionales. Estoy convencido de que muchos de los problemas que vivimos en las relaciones interpersonales surgen de la incapacidad de hacer conciencia, controlar y aprovechas nuestras emociones para la realización de los proyectos personales y colectivos. Sospecho que el gran problema está en que no nos educan para entendernos como seres emocionales. Nos hacen creer que lo único importante es nuestra capacidad racional, nuestra posibilidad de tener ideas claras y distintas, por eso no sabemos gestionar nuestras emociones y estas terminan expresadas de formas dañinas, tanto para nuestra salud, como para las relaciones que sostenemos con los demás.

Como seres humanos estamos enfrentados constantemente a derrotas, fracasos, frustraciones y decepciones. Por lo que se hace necesario tomar conciencia de lo que internamente nos generan estos episodios, debemos controlar, superar y sentir que esas reacciones nos impulsan a salir adelante. Evitemos que estas emociones se queden dentro sin ser verdaderamente procesadas, gestionémoslas de la mejor manera. Por ejemplo, en esta época de la sonrisa Instagram en la que todos siempre sonríen, son felices y los héroes no son vulnerables, nos cuesta llorar y expresar el dolor que tenemos dentro. Casi que se ha vuelto estéticamente incorrecto llorar y mostrarnos débiles.

Fui criado bajo la sentencia de que los hombres no lloramos, que la masculinidad pasa por la negación de algunas emociones que nos hacen parecer débiles y vulnerables. Por eso celebro como una ganancia que entendamos que la expresión de sentimientos como la tristeza, frustración o debilidad no es un activo exclusivo al género femenino. Los hombres lloramos cuando sentimos esa necesidad y eso no nos hace ser menos varones, al contrario, nos hace ser dueños de nosotros mismos. Llorar nos libera de los nudos interiores que nos hacen sufrir y que no sabemos cómo solucionar. Se llora en público y en privado. Se llora cuando se quiere y se es libre para expresar lo que se tiene dentro sin pensar en que tan débiles aparecemos ante los demás, al fin y al cabo somos mucho más débiles de los que aparentamos y creemos.

También es necesario que sepamos interactuar con aquellos que lloran y expresan sus emociones de tristeza. A veces sólo hay que callar y estar a su lado, otras veces se trata de ensayar palabras de ánimo o de dar un abrazo que nos ayude a consolar al otro. Ser empático es necesario para poder vivir sanamente con los demás. Que cada uno reciba de nosotros justo lo que está necesitando y no lo que nosotros creemos que merece.
Nuestras expresiones de tristezas y de llanto son expresiones que facilitan el desarrollo emocional, tanto del que las sabe expresar como de los que están a su alrededor. Transmitir esas emociones permiten que nos conectemos con la humanidad del otro y entendamos que nuestros juicios, condenas o reproches tienen un efecto real en nuestros interlocutores y la manera como ellos procesan lo que están viviendo.

Hoy te digo que no te dé miedo llorar, sé libre al expresar tus emociones y sigue adelante en la construcción de tu proyecto de vida. A mí no me da miedo llorar, soy débil y necesito de consuelo de los que amo.

@Plinero 
www.elmanestavivo.com
www.jai.com.co
 

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