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Temas del Padre 14 de Noviembre de 2020

Del otro equipo

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Alberto Linero
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Los equipos no son sólo los de fútbol, ni los de trabajo, también son equipos la familia, la pareja y los amigos. Por tanto, quien aprenda a construir en equipo será feliz, la vida fluye en el constante vivir relaciones de cooperación, solidaridad y complementariedad con los demás. La realización no es un evento individual, siempre implica a los otros; aunque parta de una decisión muy personal, se vive en un escenario comunitario. Te propongo claves para poder tener equipos de vida sólidos:

El objetivo, que debe ser común y explícito. ¿Para qué nos juntamos? ¿Qué realización nos jalona y nos organiza las relaciones? Eso le da sentido a todos los esfuerzos y sacrificios que hacemos; es esa meta la que llena de fuerza y entusiasmo nuestras batallas diarias. El itinerario consensuado tiene que realizarnos en algunas de las dimensiones de nuestro ser, no puede ser algo abstracto y lejano, porque entonces terminaremos aburridos, desganados y sin compromisos con ese plan. Y es objetivo común solo si es claro y manifiesto, no basado en lo que suponemos es obvio; tener clara la meta es muchas veces el soporte para no desertar de un proyecto en momentos de aridez. 

La elección, esa selección cuidadosa de con quienes vamos a hacer equipo es la primera clave del éxito de nuestras relaciones. No se trata de juntarse inconscientemente con cualquiera, sino de precisar las razones y las emociones que permiten generar esas relaciones. No podemos quejarnos de nuestros equipos de vida si no somos capaces de elegir bien a sus miembros. Ni siquiera en las relaciones amorosas basta con juntarse por lo que se siente, siempre es necesario entender por qué y para qué esas personas forman parte de nuestro equipo de vida. Construyendo así relaciones afectivas poderosas. 

La dinámica de la tensión dialéctica que surge de compartir muchas proximidades y a la vez grandes diferencias con los otros miembros de nuestros equipos, porque se cimientan las relaciones sociales, sumando también, discrepancias y pluralidades. Un equipo en el que todos sus miembros tienen las mismas habilidades y capacidades, fracasará. Por ello, se requiere una comunicación eficaz, esto es, trazar relaciones desde el hablar y escuchar exitosamente, hasta una gran complementación. Los que creen que lo pueden hacer todo solos y no aceptan el aporte de los demás, serán una piedra en el zapato para la dinámica grupal. 

La amalgama en la que se convierte la confianza, esa certeza de que el otro es capaz y nunca va actuar de manera deliberada contra nosotros; sin ella, los equipos terminan conformados por enemigos ¿qué equipo funciona si tenemos que sospechar de todo lo que hacen y dicen nuestros compañeros, si nos tenemos que cuidar de cada una de sus acciones? 

Por último, propongo la gestión del conflicto, no olvidemos que las contiendas son parte de las características de lo humano, y que en todo grupo se presentarán ¿Con qué actitudes los resolvemos? John Maxwell nos insiste “que las malas actitudes no se deben dejar sin atención. Usted puede estar seguro de que siempre causan distensión, resentimiento, lucha, envidia y división en un equipo. Además, no desaparecen por sí solas si no se les atiende. Simplemente se encoñarán y arruinarán las oportunidades de alcanzar el potencial”. 

¡Pilas! si no atiendes bien tu equipo, terminas jugando para el otro equipo, siendo infeliz y generando infelicidad para los demás.

@Plinero 
www.elmanestavivo.com
www.jai.com.co

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