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Temas del Padre 18 de Marzo de 2011

Confío y soy feliz

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En cualquier relación humana es fundamental la confianza. Para negociar, amar, trabajar y vivir la amistad es básico un contexto de confianza.

Defino la confianza como la certeza existencial de que la otra persona no va a hacer nada, deliberada e intencionalmente, que me dañe o destruya. Es la seguridad de que el otro no es un enemigo.

No se puede ni dormir, ni trabajar, ni vivir la amistad con enemigos. Desconfiar de los amigos, de la pareja o de los compañeros de trabajo negaría de principio cualquier posibilidad de éxito para estas relaciones.

Lo terrible es que nos hemos acostumbrados a la des-confianza, hemos creído que lo normal es que dudemos de todo y de todos –hasta que no se demuestre lo contrario. Asumimos a los otros como potenciales enemigos. Hemos aprendido a estar a la defensiva y a confundir inocencia con tontería.

Los celos –en cualquier dimensión- son manifestación de desconfianza. Cuando hay confianza no tengo que estar husmeando la vida del otro, ni que estar tratando de leer la verdadera intención –que supongo oculta- en lo que hace o dice.

Ahora, la confianza es una realidad muy débil, frágil, esto es, cualquier situación que uno considere dañina puede hacer que falte y que se genere desconfianza; por eso tenemos que cuidarla.

Pues para construirla se necesita mucha paciencia, tiempo y dedicación, mientras puede destruirse en un instante.

Resaltemos que la confianza no nace de la noche a la mañana, ni se da por arte de magia sino que va teniendo unas realidades objetivas que la ayudan y la propician.

Es así que no sólo vale la pena pensar si soy una persona confiada o no, sino que es necesario preguntar si genero las condiciones necesarias para que los otros confíen en mí. No puedo pretender que los demás confíen si mis comportamientos son tan ambiguos, extraños y dañinos.

Es importante tener claro que la confianza es un don que el otro me regala desde su generosidad; como también algo que conquisto desde mi honestidad y respeto. Es en una relación de valores donde se puede dar mejor la confianza, una relación franca, sincera y de mucha calidad humana.

Todos tenemos derecho a desconfiar cuando ya nos han fallado una vez. No se nos puede obligar a creer ciegamente en quien nos ha fallado y nos ha hecho sufrir. Hacerlo no sería ingenuidad, sino ser tonto y nos implica un decrecimiento en nuestro proceso vital.

Todo acto de confianza tiene un riesgo; sin embargo uno busca, construye, encuentra razones que le permiten hacer de ese riesgo el menor posible. No se puede dejar de confiar por miedo; como tampoco se puede confiar sin un análisis que dé razones válidas para hacerlo.

Quien mejor nos enseña el arte de confiar es Jesús de Nazareth, va la cruz seguro de su Padre Dios, Él sabe que Padre-Dios no le va a fallar, que no lo dejará; y, por eso, asume todo en disponibilidad. Es el conocimiento del Padre y sus actuaciones lo que le hace confiar plenamente.

No se aventura en un desconocido, sino en aquel con quien ha compartido la vida y a quien conoce bien. Y ese no le falla, como no nos puede fallar aquel que nos ama de verdad, nos respeta de verdad o nos conoce de verdad.

Quien nos ama puede equivocarse o errar pero no decidirá conscientemente dañarnos y si lo hace es porque no nos ama y ha confundido el amor con otro de los sentimientos humanos.

Confiar no es una lotería es una buena decisión. Quiero invitarte a hacer un diagnostico bien claro de tus relaciones y darte cuenta si estás fallando en el valor de la confianza. GC

POR
Padre Alberto Linero

www.elmanestavivo.com
www.yoestoycontigo.com

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