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Temas del Padre 19 de Septiembre de 2020

Cambiar para ser felices

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Alberto Linero
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La señora me miraba con seriedad y con pose intelectual me decía: La cuarentena será una oportunidad para ser mejores seres humanos. Asentí con mucho escepticismo porque sé que las personas no cambian mágicamente, pero no tenía intención de discutir con esa bienintencionada dama. La psicología nos ha enseñado que el cambio profundo del ser humano no es fruto únicamente de los estímulos externos que se reciben, sino que esa transformación personal siempre es fruto de un proceso interior en el que es necesario el concurso de varias experiencias

1. La toma de conciencia de cómo se está viviendo, las consecuencias que nuestras acciones están ocasionando en nosotros mismos y en las personas que amamos. Para ello se requiere ser capaz de interiorizar, de hacer una pausa que nos permita observarnos y analizarnos descubriendo quiénes somos y qué estamos haciendo.

2. Decidir vivir de otra manera, de expresar nuestro ser con acciones distintas. Nadie puede obligarnos a tener tal o cual actitud, esa es nuestra inviolable posibilidad. Nos pueden obligar a muchas cosas, pero nunca nadie decidirá por mí cómo enfrentar la vida. Víctor Frankl afirmó: “Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino”. Solo cambias si lo decides.

3. Es necesario hacer realidad esa decisión, tiene que volverse en acciones concretas. Muchos se quedan en el amague, en las promesas y siguen haciendo las mismas cosas que los condena al dolor. No es fácil dar ese salto, porque el cerebro trabaja por rutinas y prefiere la tranquilidad de las ya conocidas que exponerse a explorar nuevas. Además, los que nos aman y están a nuestro lado son los que menos nos estimulan a mejorar –aunque nos den cantaleta todos los días para que seamos mejores- pero que va, no nos renuevan los archivos y nos siguen juzgando desde lo que conocen de nosotros, sin darnos la posibilidad de ser nuevos. Y claro, para lograrlo hay que hacer algunas renuncias que siempre generan dolor. Sean Covey nos recuerda: "El mayor don que posees, aparte de la vida misma, es la capacidad de elección, es decir: la libertad. Cuando te vuelves adicto a algo, renuncias a ese poder, te conviertes en un esclavo y tu adicción es dueña de ti".

Sin ese proceso la “profecía” de la señora no es más que una ilusión, como tal vez nos lo están demostrando las situaciones de estos días en nuestro país, donde no vemos que haya mejores actitudes sino la continuación de ese proceso de autodestrucción a través del abuso de poder, la injusticia, la corrupción y cualquiera de las formas de violencia. Nuestros hijos se merecen una mejor sociedad, pero esa no aparece por arte de magia, sino que es fruto de nuestra decisión de ser mejores seres humanos y construir relaciones marcadas por la empatía, el respeto, la solidaridad y la justicia. Ser mejor persona arranca por trabajar relaciones interpersonales desde paradigmas más complejos, en los que la lógica del “estás conmigo o estás contra mí” no impere, sino la posibilidad de construir juntos desde la diferencia, desde el dialogo respetuoso y firme decisión de ayudarnos a ser felices. En medio de todo soy optimista y creo que si podremos tomar la decisión de ser mejores seres humanos.

@Plinero 
www.elmanestavivo.com
www.jai.com.co

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