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Temas del Padre 20 de Mayo de 2011

Aceptar los errores, asumir soluciones

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Hay gente que no acepta nunca sus errores. Son personas que aunque tu te las encuentren con las manos en la masa son capaces de negar que estaban amasando.

Esto puede ser en algunos casos una situación patológica, es decir, personas que están enfermas mentalmente y por lo mismo no son capaces de asumir la realidad tan cual es. Pero también puede ser que sabiendo interiormente que están equivocados por orgullo, por miedo, por soberbia no los acepten.

¿Qué hacer frente a estas personas? Siempre hay que intentar dialogar, es decir, tratar –por medio de las palabras que se soportan en los acontecimientos vistos- de hacerlo tomar conciencia de la equivocación que está cometiendo. Es decir, que sea capaz de saber que con lo que hace se destruye, destruye a los demás y rompe su vínculo con Dios.

Si esta persona no es capaz o simplemente no quiere comprender lo que está pasando, creo que tenemos que nosotros tenemos que tomar la decisión de tomar la suficiente distancia como para que sus acciones no nos dañen. Distancia física en algunos casos y en otros existencial. No podemos cargar con las consecuencias de las terquedades de las otras personas.

Esto es más fácil escribirlo que vivirlo. Ya que nosotros generamos cualquier cantidad de lazos fuertes con las personas que no nos permiten tomar decisiones tan fácilmente. Pero se hace necesario que seamos capaces de revisar hasta donde las acciones tercas de los otros nos están dañando y hasta donde nosotros las estamos aguantando de manera consciente, lo que nos lleva a ser cómplices de ellos.

En este sentido es que todos los días tenemos que fortalecer nuestra autoestima para así poder tener la seguridad que se requiere para autónomamente saber como actuar. Lo doloroso es que nos dedicamos a cargar con las terquedades de los otros y no nos damos cuenta el daño que nos hacemos.

La experiencia espiritual nos tiene que ayudar a ser dueños de nosotros mismos y a ser capaces de colocar cada situación, cada persona en el lugar correcto que le corresponde. Sin absolutismos ni relativismos. En el justo lugar que debe estar. La presencia de Dios en nuestra vida y nuestra continua relación con Él nos tiene que hacer personas seguras de nuestras actuaciones, alegres y sobre todo personas capaces de entender que se puede vivir en Libertad y Amor. Frente a los tercos hay que actuar con libertad y amor, siendo capaces de asumir la actitud adecuada en cada momento.

Les regalo una historia de Anthony de Mello al respecto:

La pequeña María se hallaba en la playa con su madre.

-“Mami, puedo jugar en la arena?”.
“No, mi vida; no quiero que te ensucies el vestido”
-“Puedo andar por el agua?”. “No. Te mojarías y agarrarías un resfriado”.
-“Puedo jugar con los otros niños?”
“No. Te perderías entre la gente”.
-“Mami, cómprame un helado”.
“No. Te hace daño a la garganta”.
La pequeña María se echó entonces a llorar. Y la madre, volviéndose hacia una señora que se encontraba al lado, le dijo: “Por todos los santos! ha visto usted qué niña tan neurótica?”.

No ejerzas esta tarea de vivir tan desprevenidamente. Tienes que ser consciente de lo que estás haciendo. Esa será una de tus garantías de éxito o una manera de ser consciente de cómo puedes deconstruirlo. GC

POR
Padre Alberto Linero
www.elmanestavivo.com
www.yoestoycontigo.com

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