EL HERALDO SUSCRÍBETESuscríbete a EL HERALDO
El id es:node/155562
Sin Photoshop 07 de Marzo de 2020

Nazly Mulford: una activista de armas tomar

El usuario es:
Foto: Orlando Amador Rosales

La trabajadora social es la fundadora de una ONG, ubicada en Barranquilla. En esta se dedica a realizar proyectos de desarrollo social que benefician a niños, niñas, adolescentes y mujeres en situación de vulnerabilidad.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
Compartir:

La plateña Nazly Mulford Romanos, de 60 años, no es de las mujeres conformistas. Su espíritu aguerrido y altruista no la dejan cruzarse de brazos ante la realidad de la violencia contra la mujer. ¡Es de armas tomar!

Creó, junto con un grupo de amigas, incluyendo a la bogotana Janeth Martínez, la Fundación Cedesocial. El proyecto lo hicieron realidad gracias a la premisa: persistir, insistir y nunca desistir. Esta ONG, en la que solo quedan al frente Janeth y ella, arrancó enfocada en la promoción y la defensa de los derechos sexuales y reproductivos de la mujer.

“Cuando empezamos a buscar apoyo a nivel internacional para la fundación me gané dos becas: una para hacer un trabajo de salud sexual reproductiva en Villa Selene (Soledad) y otra para la propuesta sobre los derechos legales de las mujeres, que fue financiada por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y que la trabajamos con la Policía, las comisarías y los grupos de mujeres de todas las localidades de Barranquilla. En este último participamos varios países, y de Colombia estuvieron 27 organizaciones y nosotras tuvimos la gran alegría de haber sido escogidas porque de esos proyectos es que vivimos las organizaciones”.

En el presente la fundación tiene como deber ser la realización de proyectos de desarrollo social que benefician a niños, niñas, jóvenes y mujeres en situación de vulnerabilidad. Asegura que son aliados estratégicos del ICBF, mediante la cual manejan los programas de los hogares sustitutos y de intervención de apoyo psicosocial, en el que reciben a niños y niñas que son abusados sexualmente, con quienes trabajan de la mano con sus familiares brindándoles acompañamiento. Adicionalmente, afirma que cuentan con un proyecto social de desarrollo comunitario en Villa Selene, en el Centro Educativo Integral Nueva Esperanza.

“Hemos trabajado como hermanas y en armonía para lograr nuestros objetivos y hoy día de alguna manera recogemos los frutos. En la actualidad hemos ampliado los servicios de la fundación porque también trabajamos por la restitución de los derechos de niñas, niños y adolescentes”.

La formación de esta activista es Trabajo Social, carrera que escogió debido a los casos de violencia que vivió de cerca. A sus 26 años se trasladó a Canadá para estudiar francés. Allí no solo aprendió un nuevo idioma, sino que también se puso a la tarea de pertenecer a un albergue que recibía mujeres inmigrantes víctimas de violencia.

“Gracias a esta experiencia, en la que conocí a muchas mujeres de todo el mundo, empecé a desmitificar el tema de la violencia contra mi género. Yo pensaba que solo se presentaba en Latinoamérica, pero me di cuenta que este flagelo social no tiene fronteras, ni clases sociales, ni mucho menos razas”.

Aquella labor la llevó a trabajar directamente por las latinoamericanas, logrando así aportar un granito de arena por su cultura. Enfrentar esa realidad que aún sigue latente la llevó a toparse con mujeres que habían salido de sus países engañadas por una pareja que optaba por quitarles el pasaporte, encerrarlas y violentarlas.

“En resumen, fue una experiencia en la que trabajamos para desculpabilizarlas, entre otras intervenciones que me dieron las herramientas y el empuje para regresar, después de siete años, a Colombia donde tenía la firme intención de materializar un lugar en el que pudiera trabajar por la promoción y defensa de los derechos humanos”.

Nazly hace un llamado al Estado referenciando el poco compromiso que existe frente al financiamiento de los albergues, teniendo en cuenta que “la violencia es cada vez más desproporcionada”.

Recalca que las mujeres no se casan para sufrir, sino para vivir acompañadas y entender el sentido de la palabra “compañero”, que hace referencia a ese ser que acompaña y no aquel que domina ni mucho menos reprime el  ser del otro.

“Yo he visto casos en los que la pareja le dice a la mujer que no se ría ni se maquille ni actúe de tal manera. Tantos no hacen que las mujeres lo introyecten porque muy en el fondo desean ser las reinas del hogar y para llegar a serlo creen que hay un precio que tienen que pagar. Y ese dichoso precio fue el que yo no quise pagar”.

Trabajar por las comunidades más vulneradas genera en ella un mix de emociones. Lo primero que siente es gratificación cuando ve a mujeres que, pese a lo que han vivido, han podido salir adelante. Lo segundo está relacionado con lo que experimenta cuando ve que poco a poco se han ido destapando “ollas podridas” como el acoso sexual en las universidades y la consolidación de un movimiento llamado #Metoo.

La activista se considera una “mujer a toda costa”, que trabaja incansablemente por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.

“Nosotros en la fundación también manejamos un programa de masculinidades conscientes precisamente para que los hombres puedan hacer procesos que van de la mano con el tema de la violencia contra la mujer (...) cuando decimos que en un país hay más de 5.000 niñas que fueron abusadas sexualmente pensamos en cuál será su futuro y son experiencias dolorosas que a veces nos toca hacer un trabajo interno para que estas noticias no nos afecten y por el contrario empecemos a trabajar en el acompañamiento de todo el proceso”.

Para Nazly el Día Internacional de la Mujer conmemora a aquellas mujeres trabajadoras que sufrieron mucho por la lucha de sus derechos. En ese orden de ideas, dice que no es un día de felicitaciones, sino para seguir reivindicando nuestros derechos, como los que hacen referencia a la igualdad salarial y a la economía del cuidado.

Ve alarmante el panorama de la violencia contra la mujer, sobre todo los casos de niñas que recientemente se han reportado en los municipios del Caribe colombiano. Reconoce que a esta flagelo social se le debe poner lupa y llevar a cabo un trabajo arduo de consciencia en estos tiempos en los que hay mucha polarización “y en los que las religiones se mezclan ocasionando algunas contradicciones”.

“Hay colegios que se oponen a una educación sexual por unas creencias religiosas cuando en el país existe una política nacional de salud sexual reproductiva que está muy bien escrita, que nos da las rutas de lo que debemos hacer y luego vemos las realidades de muchos niños y niñas abusados. La sexualidad se debe vivir con sentido”.

Gracias a su recorrido, en 2006 Nazly recibió un reconocimiento por parte de la Asociación del Día Internacional de la Mujer, en el tema de Desarrollo Comunitario. 

Otra de sus facetas es la escritura que —asegura— es su impronta. Dice que siente fascinación cada vez que se sienta y deja fluir la imaginación para plasmar sobre papel poesías y crónicas. 

En su tierra natal, Plato (Magdalena),  recibió un premio nacional de la Casa Poesía Silva. También ganó el segundo lugar en el Premio Nacional de Crónica por su texto titulado Villa María Selene: un barrio bajo su amparo. 

Ha escrito dos libros: Destinos de versos y Epístolas de amor y sus variantes. En la Fundación Cedesocial también se ha encargado de sacar adelante la revista Mujeres... a toda costa, en la que se encargan de resaltar los talentos de las mujeres del Caribe que trabajan arduamente para salir adelante.

Uno de sus retos es escribir una novela que empezará este año, que tiene que ver con la historia de migración de uno de sus abuelos. En su tiempo libre disfruta visitar el mar, leer y trabajar incansablemente en lo social.

Mensaje enviado Satisfactoriamente!
REPORTAR UN ERROR O SUGERENCIA