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Sin Photoshop 17 de Agosto de 2019

Los sueños de Ricardo Palacio que prosperaron en un lavadero de carros

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Foto: Orlando Amador Rosales

Este barranquillero es gerente comercial de la Región Caribe en una empresa de autos. En entrevista contó cuál fue el camino que recorrió para llegar a donde hoy día se encuentra.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
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Ricardo Palacio, de 32 años, asegura que no es de los que va por la vida magnificando su pasado. Pero sí, en ciertas ocasiones, le gusta tenerlo presente para reiterarse a sí mismo que las limitaciones solo son mentales. 

Aunque dice que estudió en un buen colegio de la ciudad y que tuvo la oportunidad de ingresar a una universidad, la vida misma, a causa de la toma de malas decisiones, lo llevó a desenvolverse como lavador de carros.

“A la edad de 21, aproximadamente, me puse a buscar empleo para seguir pagando mi carrera en Administración de Empresas. La única puerta que se me abrió fue en un concesionario de una marca importante de vehículos, donde solo había vacante en el taller, específicamente como ayudante de una empresa de latonería y pintura, y mi tarea sería como lavador de carros”. 

Dejando la vergüenza de lado y recargándose de buenas energías, se puso manos a la obra y empezó, allí permaneció un año y medio. Luego, el dueño del outsourcing de latonería y pintura, que prestaba servicios a la compañía, la dejó y solo quedaron sus trabajadores.

“Ante esta situación, uno de los pintores del lugar me propuso asociarnos para prestarle el servicio a la misma empresa, así que lo registramos y conseguimos un dinero para comprar algunas cosas que nos hacían falta. Allí duramos alrededor de tres años”.

Más tarde, este barranquillero, que es padre de dos niños, explica que quedó cesante debido a que la compañía había vendido la concesión y había sido  comprada por una organización que contaba con una planta de trabajadores. También, porque en el mismo año falleció su socio.

A raíz de lo acaecido, arrendó un lavadero y se dedicó a limpiar tractomulas durante dos años. A medida que el negocio fue prosperando, fue contratando a varios lavadores de vehículos. Una de las lecciones que le dio la vida fue entender que si había algo “difícil” era el hecho de ser testigo de cómo sus compañeros de clases tenían otro status, mientras él era lavador de carros. Esta  realidad reconoce que llegó a apagar un poco sus ilusiones, obviando el camino prometedor que podía llegar a tener a futuro.

Guiado por la idea de conseguir experiencia en una empresa constituida, volvió a encontrarse con un amigo a quien había conocido en el primer empleo, quien en ese instante era el gerente de una marca italiana de automóviles. Manifestándole su deseo, logró ser contratado como asesor comercial. Allí permaneció por dos años. Más tarde, regresó a su primer trabajo, pero esta vez como vendedor.

“En 2016 me gané un premio como Mejor Vendedor Nacional de la marca para la que yo trabajaba, rompiendo récord. Después, gané un certificado mundial como Mejor Vendedor fuera de Bogotá, lo cual para mí fue muy gratificante porque entendí que el mundo está a nuestros pies y todos tenemos la capacidad de conquistarlo”.

Una red social. El 11 de septiembre de 2013 abrió su cuenta de Instagram. Inició publicando fotos sin ningún objetivo específico, no obstante, al cabo de unos años tomó la decisión de generar contenido relacionado con su historia de vida y con lo que hacía en su momento.

Ricardo afirma que  todos en nuestro interior llevamos a un ‘influencer’.

“Cuando empecé a hacerlo me di cuenta que se generaba un impacto en la vida de la comunidad que me seguía. En todo este proceso me empezaron a suceder muchas cosas buenas, viajé, conocí a diferentes personas y fui explorando cosas que desconocía (...) en el camino me fui percatando de que todos tenemos un influencer en nuestro interior, lo que pasa es que influenciamos a más personas o menos dependiendo a lo que nos dediquemos”.

En su presente una de sus ocupaciones es generar posts que impulsen a los demás. Adicionalmente, hoy día es el gerente comercial en la Región Caribe de Jaguar y Land Rover, cargo que desde hace seis meses ocupa y que asegura deleitarlo, porque para él es interesante todo lo que gira en torno a la venta de un vehículo, ya que “de por medio hay sueños que se materializan”.

Richar, como también es conocido, sintetiza en que nosotros, como protagonistas de nuestra vida, somos los encargados de abrir y cerrar puertas. Para él las situaciones positivas y negativas al final del día nos van mostrando qué es lo que se debe ir soltando y qué es lo que se debe quedar con nosotros. 

“Cuando alguien se dedica a hacer lo que le gusta creo que el éxito tarde que temprano le tocará la puerta. Pero si se dedica a hacer algo para ser exitoso sin gustarle, seguramente se frustrará si no lo consigue. Por lo menos sé que si no llego a ser exitoso, soy consciente de que estoy haciendo lo que me gusta”.

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