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Sin Photoshop 04 de Julio de 2020

Fiorella Peñaranda: portadora de la cultura ancestral en el mundo

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Foto: Cortesía Fiorella Peñaranda

La soledeña ganó el reality ‘El hermano menor 2’, una experiencia en la que interactuó con la comunidad arhuaca. Hoy día se encuentra trabajando en una marca de jabón y un restaurante, ambos amigables con el medio ambiente.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
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Se encuentra radicada en Nueva York (Estados Unidos) junto a sus tres hijos y su esposo, el chef asiático Ethan Jorj. Es administradora de un restaurante en SoHo (Manhattan) y, adicionalmente, es la ganadora del reality ‘El hermano menor 2’, de Telecaribe.

Llegó al programa atendiendo el “llamado de la tierra” y salió de allá con la pieza que le quedaba faltando a su rompecabezas natural.

“Yo creo que todos tenemos ese instante en que sentimos la necesidad de volver a nuestras raíces, así que decidí dejar todo por irme a recibir el mensaje que la Madre Tierra tenía para mí. Ahora más que nunca creo en la importancia de tomar una pausa para saber quiénes somos fuera del materialismo y abrir nuestro corazón, y qué mejor manera que por medio de la sabiduría ancestral arhuaca, a la que le debo parte de mi nueva forma de ver y conducir mi vida, mi familia y mi carrera”.  

De esta experiencia asegura que lo más gratificante fue el aprendizaje adquirido. Agrega que las enseñanzas de la comunidad arhuaca tuvieron el ‘poder’ de sanarla internamente con amor y lograron prepararla para enfrentar lo que en la actualidad el mundo sufre por la COVID-19.

“También aprendí sobre la lógica arhuaca y el orden; entendí que todo tiene alma porque antes de que el mundo se materializara, ya existíamos en alma; y lo que sucede cuando alteramos el orden es que nos alteramos a nosotros mismos, por eso enseñan el cuidado de la tierra, porque al cuidar de ella nos cuidamos entre todos (...) el mamo nos advirtió sobre las enfermedades, aparte de prepararnos para lo que estamos viviendo hoy, explicó que esto se origina por alterar el orden natural de todas las cosas”.

Y como cualquier proceso, también vivió momentos difíciles, sobre todo durante el periodo de adaptación, en el que tuvo algunos inconvenientes de convivencia con sus compañeros, pero que más tarde la llevaron a entender que todos somos iguales, solo que con sueños, metas e ilusiones diferentes.

Dice que al entrar a la Sierra Nevada de Santa Marta encontró a una comunidad indígena unida, con unos principios ancestrales muy fuertes y con un significado espiritual invaluable. Descubrió gran parte de la organización interna de la comunidad, de las formas de educación de las escuelas, del abandono por parte del Gobierno Nacional, sin dejar de lado la responsabilidad de los colombianos que permiten el uso indiscriminado de ese territorio para la tala de árboles y la minería ilegal.

Por lo anterior establece que ha entendido su papel “como difusora del hermano menor”, aceptando su responsabilidad de llamar la atención e impediendo los abusos a la Sierra Nevada por sectores indolentes que solo buscan explotarla.

“Creo que es mi deber hacer que todos entendamos que vivimos gracias al corazón del mundo y que, si la Sierra muere, morimos todos”.

Señala que como seres humanos hay mucho por aprenderles a los arhuacos. Ahora, resalta que si tiene que destacar algo, diría que es el amor por la tierra y por todo lo que cohabita en ella. Estima que todos somos parte de un orden y no estamos por encima de él, de ahí que “nadie tiene el derecho de destruir o acabar con los recursos naturales”.

Considera que llegó hasta el final del 'reality' porque aprendió y supo dejar de lado el egocentrismo, el inconformismo, la terquedad y la competitividad. Hoy día se considera una Fiorella más humana, con mayor conciencia ambiental y respeto a las personas.

“A medida que pasaban los días solo pensaba en lo agradecida que estaba por vivir esa experiencia y lo afortunada que era por estar allí con mis hermanos mayores, aprendiendo de ellos. Para mí el triunfo representa una responsabilidad muy grande porque me convertí en la encargada de difundir el mensaje arhuaco al resto del mundo. Y el mensaje no es otro que el de preservar lo poco que nos queda; todos somos iguales, hacemos parte de un orden y debemos respetarlo; si nosotros estamos bien, el planeta lo estará, funcionamos juntos y no por separado. Todos hacemos parte de la Madre Tierra”.

Proyectos. Debido a la emergencia sanitaria global ella y su esposo se encuentran con sus sueños pausados, pero no olvidados. Así que la cuarentena ha sido propicia para planificar y tener clara la idea de crear un restaurante con un concepto de granja a la mesa, sin alterar el orden de las cosechas, trabajando con granjas locales de Nueva York.

Dentro de todo lo que han planteado, han pensado en la posibilidad de radicarse en Mongolia y emprender su proyecto allá, pero todo sigue en planes.

El 16 de agosto realizará el lanzamiento virtual de su marca de jabones artesanales, llamada Jabonü (palabra arhuaca que traduce jabón). Dice que a través de ese emprendimiento ratificará de cierto modo el compromiso que tiene con el planeta y con el pueblo de transmitir el mensaje de la comunidad arhuaca.

“El propósito de Jabonü es ayudar al medio ambiente con una marquilla de ingredientes 100% germinable, que puede ser plantada en su mismo empaque. Un porcentaje de las ganancias del producto las donaré a la escuela de la comunidad arhuaca de Gunmaku”.

En su tiempo libre Fiorella disfruta pasar tiempo con sus hijos, leer un buen libro, bailar una canción ‘pegajosa’ y escuchar música. Su mayor inspiración es su descendencia, así que considera importante educarles y ayudarles a forjar un futuro próspero, con mucha conciencia ambiental. 

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