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Sin Photoshop 22 de Febrero de 2020

Felipe Ginebra y su regreso al barro con La Puntica No Ma’

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Foto: Juan Pérez.

Es Diseñador Industrial, profesor, director artístico y creador de personajes. Uno de ellos es ‘Mójame la Yuca’, cuya elaboración tiene como principal elemento el barro. Hoy desfila en el Carnaval por séptimo año consecutivo.

Kirvin Larios
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El jueves 20 de febrero, en la casa de La Puntica No Má, comparsa y “performance colectivo” del Carnaval de Barranquilla, Felipe Ginebra, director artístico y uno de sus integrantes más destacados, quien este año encarna al Capitán Mohamed la Yuc (o Mójame La Yuca), realizó un ritual de barro y de polvo, un encuentro para propiciar el contacto con lo terrestre y lo humano,  en un intento por ahondar colectivamente en preguntas cruciales (y simples al mismo tiempo) sobre la identidad: de qué estamos hechos, qué queremos ser y a dónde vamos con lo que supuestamente somos. 

Más que una respuesta definitiva, el proceso creativo de este bogotano –residente en Barranquilla hace más de seis años– ha mostrado que justamente la identidad es un concepto cambiante e inasible. Su pregunta “¿Quién soy?”, formulada en su charla TED en marzo de 2018 en Barranquilla, se convierte al final de su conferencia en “¿Quién quiero ser?”, esto es, en una especie de ritual de ensayo y error, similar a los procesos que Ginebra ha venido llevando a cabo hasta llegar al barro y hacerlo su material de trabajo.

Los espacios y el papel

Felipe Cuéllar cambió su apellido por Ginebra cuando abrió su cuenta en Facebook. Lo hizo porque no le gustó que existieran tantas cuentas con su mismo nombre de pila; en la Universidad le decían ‘Ginebra’ porque en las salidas a beber prefería un solo vaso de esa bebida en vez de tomar varias cervezas.

Durante su carrera de Diseño Industrial en la Universidad Javeriana, de 2001 a 2006, empezó a involucrarse con la moda y el arte, en especial con la marca Triki, que fundó en tercer semestre junto con una profesora. Con ella hacían pulseras, anillos e intervenían objetos usados.

Para comerciar mejor los accesorios, organizaron eventos cuyos espacios decoraban o intervenían, lo que más tarde lo condujo a inventar un producto llamado “Vestuario espacial”: “Era una propuesta para ‘vestir’ los espacios de una manera más rápida. El producto cogió bastante vuelo, lo nominaron a un premio Lápiz de Acero en 2008. Hacíamos escenarios, instalábamos el papel impreso como haciendo un mural, con mi socia que era la profesora y con mi hermana”.

En su computador, Ginebra me muestra unos papeles que pegados en la pared semejan diseños de baldosines de colores. Dice que algunas paredes en Bogotá todavía se conservan. La preparación de esos eventos, que presentaban bajo una propuesta visual específica, hizo que empezara a ‘migrar’ hacia la dirección de arte, pues lo llamaban para diseñar espacios.

Después de siete u ocho años siendo socio de Triki empezó a aburrirse.  “Tuve como una crisis, me cansé, trabajábamos mucho, había mucho evento y tomábamos mucho trago. Era una época muy fiestera, como que yo iba a tu evento y tú tenías que ir al mío… En un momento yo iba a todos los eventos para que fueran al mío, pero como que me harté, no me parecía ya tan chévere…”, explica mientras retoca una de las piezas hechas en palma de Iraca, que su personaje que es él (Mójame la Yuca) llevará como casco hoy en la Batalla de Flores.

Felipe Ginebra con su álter ego ‘Mójame La Yuca’, con el que apareció en la Guacherna y saldrá hoy en la Batalla de Flores. Daniela Murillo.

Conexiones

En 2010 viajó a Nueva York, de donde regresó enseguida porque las experiencias le parecieron similares a las de Bogotá. “Yo quería como parar un rato”, dice. Estando en Estados Unidos, alguien que conocía su trabajo le propuso hacer una residencia artística en Costa Rica. Le ofrecieron vivir —sin dinero, solo con materiales, estadía y comida— en una casa de 1890 junto con una fotógrafa argentina, una astróloga ídem, un chef local y un pintor mexicano. Estaba con su hermana, “la casa era gigante, pero yo estaba completamente en cero”.

De allí volvió a Colombia tras vivir experiencias “transformadoras”. En Costa Rica, además de convertir la edificación de 1890 en una casa cultural, conoció chamanes y entró en mayor contacto con la naturaleza. Todo ello se fue integrando a los procesos que había desarrollado antes en la capital.  Paralelo a Triki,  había empezado a trabajar con la diseñadora Olga Piedrahita, con quien hizo instalaciones, proyectos visuales y textiles. “Con ella empecé a hacer mucha dirección artística, ella diseñaba vestidos y yo los desfiles”.

Uno de los proyectos más ambiciosos en el que trabajaron juntos fue el Calendario Lafayette, de 2013 a 2017, que tenía como escenario y concepto visual los paisajes de Colombia. En el primero de ellos conoció a Ruven Afanador, el fotógrafo bumangués con quien ha seguido colaborando y quien ha fotografiado a personajes como Barak Obama, OprahWinfrey y Pedro Almodóvar.

Dice que ese grupo, del que también hace parte Danielle Lafaurie, hija de Piedrahita, “es uno de los equipos creativos que tengo… el otro es el de La Puntica”.

El barro y el cuerpo

 No había venido a Barranquilla sino por un torneo nacional de voleibol a los 15 años. No conocía el Carnaval. Primero llegó a Cartagena, donde duró seis meses e hizo trabajos de diseño de arte para un restaurante.  Con el artista cartagenero José Olano ayudó a montar una exposición en la Alianza Francesa de la ciudad: “Me llevaron al centro y vi un centro movido, con mucho para comprar y me dieron ganas de vivir acá”.

Por una amiga supo que necesitaban un profesor de dirección de arte en LCI Barranquilla. Dice: “Siempre había querido ser profesor, no había tenido la experiencia y me fascinó. Los cinco años que viví ahí fueron un aprendizaje muy grande, fue como recoger todo lo que había hecho y entender mejor las dinámicas y saber que existía algo llamado dirección artística”.

En 2013 llegó a Barranquilla, y ya en el Carnaval de 2014 apareció en la comparsa de La Puntica, con un disfraz hecho con palmeras y elementos reciclados.  Cuando desfiló esa primera vez se dijo: “Yo me voy a quedar a vivir acá, esto me encanta”.

La exploración con el barro empezó con el encargo para crear unos personajes de una película. Eran “seres de un mundo post apocalíptico, como neo aborígenes después de un cataclismo […] El presupuesto era escaso, encontré maquillajes caros, que brillaban, como de carnaval, pero no eran apocalípticos. Vi Madmax, pensé en brea, busqué maquillajes indígenas… Un día me hablaron del Volcán del Totumo. Cuando llego allá y me meto, me veo el cuerpo, veo cuando se seca, me doy cuenta de eso no se quitaba fácil y me dije: ¡esto es! Me llevé varias botellas del lodo”.

Luego empezaron los ensayos con polvos para conseguir los colores. Utilizó modelos. Con anilinas se manchó la piel. Con minerales logró teñir el lodo de colores básicos. De ahí salieron los personajes de la película, luego renunciaron a esas tomas, pero ya estaba hecho el trabajo. Junto con Juan Pérez, su esposo y fotógrafo, exploraron en modelos desnudos. “La reacción de la gente era muy fuerte, pues es una gran experiencia. Te ves distinto en la sesión de fotos y cambias. Nunca había pintado en cuerpo, todo era nuevo para mí”. El último color que encontró fue el blanco. Una profesora de LCI le recomendó probar con óxido de zinc, el que se usa para algunas cremas humectantes. Desde entonces la paleta de colores se amplió, ya podía usar pasteles… Y en la piel el barro exfolia, dice, y es medicinal.

Mójame la yuca es un personaje con el que ha convivido los últimos meses. Lo creó para La Puntica y cuenta con una cuchara de sancocho con la que juega como si echara o recogiera tierra, o para darle de tomar de un brebaje imaginario a los demás. “Mójame la yuca —explica— es un tema de vitalidad, muy camuflado con el carnaval chistoso, pero también con una cosa profunda. Tiene que ver con el equilibro. Entre más culturizado, mas educado tu estés, menos vital eres. Si uno se pone muy estilizado, pierde su vitalidad de alguna manera… Son teorías. De alguna manera pierdes la vitalidad porque ella está conectada con lo salvaje, la tierra. La idea de este personaje es volver a la tierra, a las raíces, al barro y a conectarnos con la vitalidad que hay aquí en el Caribe”.

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