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Sin Photoshop 21 de Septiembre de 2019

Esperanza Burgos y su vocación de traer vidas al mundo

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Esta ginecóloga y obstetra barranquillera tiene cerca de 20 años de experiencia en su especialidad. A continuación, comparte sus comienzos en su profesión y se refirió a la salud ginecológica de la mujer moderna.

Daniela Murillo Pinilla @DanielaMurilloP
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La ginecóloga y obstetra Esperanza Burgos Lara es consciente que en su trabajo tiene la oportunidad de vivir “muchas satisfacciones” en el día a día. Pero no duda en asegurar que “la mejor experiencia” es cuando llega el momento de entregarle su bebé a una madre, luego de una cesárea o un parto. Este es para ella un “instante sublime” que siempre es gratificante y que procura inmortalizar en su mente. Es por ello que confiesa que lo primero que hace al recibir una nueva vida es dar gracias a Dios y darle la bienvenida al pequeño. 

Aunque hoy manifiesta sentirse tranquila con su carrera profesional, cuenta que en un principio Medicina no era su primera opción. Cuando estaba en bachillerato siempre miró hacia las ingenierías. Sin embargo, todo cambió cuando tuvo una conversación con su padre. 

“Con mi papá yo siempre tuve una conexión muy importante. Un día él me preguntó si ya había decidido qué estudiar y cuando yo le dije que quería una ingeniería vi que sus ojos se apagaron. Me dijo que él siempre había pensado que yo sería la médica de la familia porque tenía el perfil. Aun así, él me dijo que me apoyaría en lo que yo quisiera estudiar. Un día, después de pensarlo, dije que le apostaría a la Medicina. Conté con tan buena suerte que me gustó mucho la carrera, me fue muy bien y en el primer semestre gané una beca. Pienso que el gusto es muy importante, pero también soy consciente que los papás a veces tienen una visión clara de nuestra vocación”, agregó. 

Al culminar sus estudios de pregrado en la Universidad Libre, se casó. Pese a que entre sus planes no estaba especializarse en ginecología, cuenta que empezó a presentar unos problemas de infertilidad muy severos. Tuvo una emergencia en la que le tuvieron que extraer un ovario y la trompa derecha. Ocho meses después de este procedimiento, tuvo otra cirugía en la que perdió la mitad del ovario izquierdo. Duró cuatro años tratando de quedar embarazada, tiempo en el que aprovechó también para investigar y descubrir qué era lo que le estaba ocurriendo. Durante ese proceso, descubrió que la ginecología era la especialidad que verdaderamente le apasionaba y tras esta elección llegó a su vida su primer hijo. 

“Viajé a Costa Rica para aplicar a esta especialidad y para ello tenía que hacer dos exámenes. Cuando hice el primero no sabía que estaba embarazada, pero cuando fui a presentar el segundo ya tenía siete meses de embarazo. Cuando lo voy a presentar me encuentro con un amigo ginecólogo que me recomienda intentar el examen al año siguiente, pues me comentó que iba a ser muy difícil estudiar mi especialidad con un bebé recién nacido. Así que ya estando allá aproveché para tomar el examen y ver cómo era. Estaba muy relajada, entonces hice el examen y la entrevista estando muy tranquila. Cuando vi los resultados no podía creer que había sido seleccionada para cursar la especialización. Supe que esa era mi oportunidad”, agregó. 

Fue entonces cuando se mudó para Costa Rica con su esposo. Estando allá, un médico experto en fertilidad le aconsejó que se retirara un dispositivo anticonceptivo que tenía pues este podría tener un efecto negativo en su embarazo. Luego de tener a su hijo, al poco tiempo Esperanza quedó embarazada de su segunda hija. Un “reto grande” que asumió con alegría, pues para Esperanza, sus hijos son sus “milagros”. 

Esperanza junto a sus dos hijos Jaime y Paula. 

“En la ciencia intervienen los médicos, pero al final todo se resuelve con Dios. A todas mis pacientes que atraviesan problemas de fertilidad les digo que hay que aferrarse mucho a la fe y después tener un médico que te lleve de la mano y que te oriente”, agregó. 

La especialista asegura que la mujer moderna está atravesando por un entorno inmerso en la tecnología y la globalización. A la hora de tener un bebé, cuenta que en la actualidad la tendencia está mirando más hacia el parto vaginal que a la cesárea, pero al final del día esta decisión debe depender de las “circunstancias, las condiciones adversas, el estado médico, la actitud y los requerimientos de la madre”. 

Frente al tema del uso de anticonceptivos, Esperanza considera que estos tratamientos siempre deben ser “individualizados” según las necesidades de cada mujer y no pueden depender de influencias comerciales o de mercadeo que suelen predominar en redes sociales.

“Es importante destacar que no todos los métodos son para todas las pacientes. Hay algunas que siempre serán candidatas y buenas receptoras de un anticonceptivo oral si sabemos que este va a tener un impacto positivo en su ciclo menstrual, en sus problemas de acné o cólicos severos. En esta vida moderna hay otras que no quieren vincularse a un anticonceptivo diario y prefieren algunos de larga duración”, añadió. 

Otro de los temas polémicos del campo ginecológico es el uso de la copa menstrual. Esperanza cuenta que es una “buena alternativa” por ser higiénica, ecológica y más económica que el uso de toallas higiénicas y tampones. 

“Es muy segura, se pueden encontrar en varios tamaños y ayuda a que la mujer no tenga ningún accidente cuando está en la calle”, estableció. 

Hoy día, Esperanza está concentrada en continuar trabajando para otorgar bienestar a la mujer en cada una de las etapas de su vida. 

“Me visualizo trabajando muchos años más en mi carrera y ayudando a muchas mamás en el proceso de traer a sus bebés al mundo. También, otro de mis sueños es ver a mis hijos crecer a nivel profesional y familiar”, puntualizó.

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