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Sin Photoshop 15 de Febrero de 2020

“El momento más angustioso como directora es la Batalla de Flores”

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Foto: Orlando Amador

Carla Celia lidera Carnaval de Barranquilla hace 10 años. En ese tiempo se ha graduado en “una maestría en paciencia”, ha peleado contra el cáncer, ha llorado y ha reído al sentir el amor que los barranquilleros tienen por su fiesta.

Alejandro Rosales Mantilla
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El próximo sábado Carla Celia vivirá su Batalla de Flores número 11. Sabe que es el momento cúspide de la fiesta, el más “angustioso”, por el que la juzgarán los barranquilleros. En el Barrio Abajo todas la conocen, sale a la entrada del Museo del Carnaval y la saluda el señor que vende tintos, el pintor de brocha gorda que va de pasada o el vecino que aprovecha para invitarla a una fiesta en el patio de su casa. Barranquillera, artista plástica, madre, abuela, la directora de Carnaval de Barranquilla S.A.S. hace casi 10 años y cinco meses habla fuerte y con un ronquete particular. Luce jeans, sandalias y una blusa blanca con un collar fiestero que le hace juego con sus ojos claros bien delineados, así como sus respuestas francas, su risa y sus lágrimas. Habla de todo, de su gestión, sus temores, su trabajo artístico y hasta de su intimidad familiar. Ella habla sin photoshop, como el nombre de esta sección.

 P  ¿De toda su gestión, cuál es su satisfacción más grande?
 R  Muchas. Por ejemplo hay una a nivel emocional que es la conexión con tanta gente linda que quiere el Carnaval. Es darme cuenta que es la vida para muchas personas. Nosotros trabajamos con muchísima gente de los grupos folclóricos con los cuales he conectado mucho, y sentir ese amor es de las cosas más lindas que me han pasado en mi realización personal. A nivel de logros, de gestión, hay muchas cosas, pero lo primero que expresé y prometí un 11 de septiembre que entré aquí, de 2009, es que Barranquilla tenía que tener un museo del Carnaval. Entonces pienso que a nivel de gestión ese es de mis logros más grandes. Lógicamente también hay otras cosas, otros hijos, como la Sala Interactiva, el Centro de Documentación donde está toda la recopilación del archivo del Carnaval y ahora el Museo que todavía está en construcción. Aquí quiero hacer un reconocimiento muy especial a Katia Nule y al alcalde Alejandro Char, sin ellos hubiese sido imposible.

 P  ¿Cómo arquitecta y diseñadora qué visiona para la expansión y enriquecimiento del Museo del Carnaval?
 R  Visiono comprar toda esta manzana, convertir el Barrio Abajo en un verdadero centro del Carnaval. El museo necesita parqueadero, una ampliación ya, por ejemplo de la sala de reinas, una sección para los niños. Uno como artista plástico, como arquitecto, siempre está pensando cómo cambiar el entorno donde estás, entonces ese cambio urbano del Barrio Abajo lo estamos afectando de manera positiva, así como la vida de las personas que aquí viven y por último Barranquilla, a la que le estamos dando un polo turístico. 
 

 P  Ahorita decía: hoy es miércoles, el viernes es la Guacherna ¡qué susto! (esta entrevista se hizo el pasado miércoles)…
 R  (Risas). Mira, la verdad es que uno tiene que querer mucho esta fiesta para poder estar aquí, es de las cosas que siempre me he preguntado a mí misma, y cuando me respondo digo: sí, definitivamente lo quieres, vibras y por eso estás ahí. Son muchas las alegrías, no tristezas, más bien las afugias, los corre corre, las consecuencias de una mala decisión y su afectación a toda una ciudad. Algo que me ha costado mucho trabajo es tener contento a todo el mundo, me precio de ser conciliadora, porque aquí uno no puede pelear con nadie, pero cada persona tiene un Carnaval en la cabeza y tener contento a más de 16.000 personas que van en la Guacherna, por ejemplo, y que quieren todos estar adelante es muy difícil. Ese tipo de cosas me han graduado en una maestría en paciencia, pero es mucha más la satisfacción de lo que se está haciendo por la gente de Barranquilla que lo otro. Uno abandona lo de uno cuando está en un cargo de estos de tanta responsabilidad. El trabajo ya no es solo los tres meses antes del Carnaval. Por ejemplo, ya estamos preparando la Asamblea del BID. A mí me da risa cuando me preguntan qué hacemos en el resto del año. Hacemos proyectos, concursos, revistas, hay mucho trabajo.
 

 P  ¿Cuál es el momento más crítico que ha tenido en su gestión?
 R  Muchos. Yo tengo un agüero, yo llevo una estatua pequeñita de San Miguel arcángel que llevo en la cartera en la Batalla de Flores. Tengo otro, y es que me pongo el disfraz de las marimondas del Barrio Abajo. Esta será mi onceava Batalla de Flores, siempre me lo pongo y siempre me va bien, siento que eso me empodera. Hace unos cuatro años una de nuestras carrozas no pasaba y se le cortó la cabeza en plena Batalla. Yo tengo una fe muy grande, hice una oración y a los dos minutos ya tenía una grúa ayudándome. Creo que el momento más angustioso para un director de Carnaval es la Batalla de Flores porque el trabajo de todo un año los barranquilleros te lo juzgan por ese desfile, si fue bueno, malo, si hubo música, si tuvo baches. Eso lo estamos controlando, pero aun así sigue siendo un susto enorme, primero la Guacherna y luego la Batalla de Flores.
 

 P  Y cuando ocurrió el atentado a la estación de San José (año 2018)…
 R  Eso fue tenaz. Yo ahí pensé: “tenemos que lograr que la gente se vuelque de corazón al Carnaval”, entonces empezamos a dar declaraciones invitando a todos a la calle, haciendo un llamado a que no nos podían quitar nuestro carnaval, a sacar pañuelos blancos. Fue tan emocionante esa Guacherna que creo que me la pasé llorando de la emoción. Hubo otro episodio, hace cuatro años, que íbamos a cambiar la ruta del desfile de la calle 17 porque en el sector había mucha inseguridad. En ese momento pudimos agrupar a todos los habitantes de esos barrios, nombramos 70 veedores que se pusieron la camiseta y salvamos el desfile.

 P  ¿Qué más quisiera hacer por los hacedores del Carnaval?
 R  El problema es que nosotros somos totalmente sostenibles, de hecho es de las pocas fiestas en el mundo, porque hemos dado charlas de sostenibilidad, que tienen una combinación público-privada muy dinámica, pero aun así los aportes, lo que necesitamos anualmente es mucho más para poder tener a toda esta población con aportes muy buenos. Hacemos la fiesta y cuesta mucho dinero, solamente en alquiler de vallas de contención vale entre 400 y 500 millones al año, súmale baños, policías y todos los impuestos que hay que pagar. Entonces es una fiesta costosa, que además es pública y debe tener gratuidad, por lo tanto el pedazo que puedo repartir entre los hacedores no es ni la sombra de lo que se podría. En este momento estamos pensando con el Museo hacer una actividad al mes con los grupos para que circulen y se presenten aquí. Con eso estamos generando empleo y nos convertimos en la base de esa economía naranja. En este momento la empresa privada aporta el 48%, el sector público está alrededor del 10% y el resto es el uso que le da la Alcaldía, que es nuestra socia, el uso que nos da del espacio público. Con eso vendemos una boletería en algunos puntos, porque la mayoría tiene gratuidad. Eso nos permite ser autosostenibles.

 P  Pasemos a la Carla que es artista plástica y que trabaja con su ‘partner’, su pareja, el también artista Joaquín Botero, ¿cómo se dio eso?
 R  Yo siempre he sido artista plástica, mi primera exposición fue en 1975 cuando tenía 20 años, siempre estuve dedicada a eso. La afortunada coincidencia de haberme encontrado con Joaquín fue en una subasta de arte aquí en Barranquilla donde ambos teníamos obras. A raíz de eso se ha dado esta relación tan linda en la cual compartimos un estudio y hemos tenido algunas obras en compañía, cosa que para ambos es una alegría, una felicidad, porque no es fácil encontrar una pareja con la cual tu compartas una cosa tan del alma como el arte.

 P  Los dos tienen estilos y técnicas muy distintas, ¿ahí cabe lo de que los polos opuestos se atraen?
 R  No ha sido fácil, cada uno mantiene su trabajo, pero además tenemos una obra conjunta, ahora en el mes de mayo vamos a exponer en el Museo Bolivariano, en Santa Marta. Ya hemos tenido dos exposiciones conjuntas, en la primera (En-caja-2) buscamos la similitud en las cajas. En la segunda el cuento es más chévere todavía porque Joaquín es escultor. Él arranca haciendo una escultura muy linda, yo le dije que creía que le faltaba color y él me la entregó. Yo empecé a intervenirla y a él le encantó el resultado (la exposición se llamó Deidades/Leyendas). A raíz de eso vino la idea de hacer la exposición en el Festival Vallenato en homenaje a la mujer, a esas mujeres que inspiraron tantas canciones. Lo lindo de la escultura es que la primera cabeza que se elaboró proviene de un cáncer de seno que yo tuve y la Triple A, a través de Angie Choperena nos entregó unas cabezas y cada artista las intervino, yo le puse mucho color y Joaquín solo blanco. Entonces fue una exposición muy linda, con mucho significado emocional porque tuvo una sanación muy grande, entonces fíjate cómo se une el arte con esa parte espiritual.
 

 P  También muestra en esa obra su gusto por el vallenato…
 R  Claro, toda la vida. Mi papá era un amante de la música vallenata vieja, entonces todos esos cantos de Escalona, de Buitrago los oí desde muy niña, siempre me han calado en el alma. 
 

 P  Qué es lo que más extraña de su papá, don Antonio Celia Cozzarelli, columnista inolvidable de EL HERALDO
 R  Mira, ahora que me hablas de las columnas de mi papá, yo creo que las personas que primero las leíamos era mi mamá (Cecilia Martínez-Aparicio), que era la correctora de todo, la copiloto. Después él esperaba que yo fuera de visita a la casa y con el papelito en la mano me decía: “lee tú esa vaina…lee tú pa’ ve qué te parece Carla”. Siempre fue una relación chévere, cómplice. Mi papá era amante de la naturaleza, de los pájaros y eso nos unió mucho. Cuando yo puedo escaparme  a observar pájaros, a irme a disfrutar de la naturaleza lo hago.

 P  ¿Cómo es la Carla mamá, la abuela?
 R  Bueno, tengo tres hijos. El mayor es Henry, que está al frente del restaurante Nonna Rosa; luego viene Catalina que es artista plástica y comunicadora, vive en Miami y está casada con otro artista plástico, Gonzalo Fuenmayor, que me dieron dos nietos divinos, Martín y Manolo; y por último Marisabel que es la más chiquita. Ella está casada con Jorge Enrique Abello. Con ellos tengo dos nietos muy lindos, Antonio Cayetano y María Matilde que acaba de nacer.
 

 P  ¿Y cómo abuela?
 R  Soy una abuela chévere, no soy abuela de mucho tiempo, pero sí de calidad. Soy la que les acolita todo, las maldades, la que se los lleva de excursión. Hablo mucho con ellos por teléfono, me hacen mucha falta porque no viven en Barranquilla. Ellos saben que con la abuela pueden hacer recocha, relajo. gc

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