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Que Ha Pasado Con 22 de Febrero de 2020

La Batalla en 35 milímetros de Mile Londoño

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Foto: Orlando Amador

Ana Milena Londoño obtuvo el protagónico del filme ‘El último Carnaval’, que dirigió su fallecido esposo Ernesto McCausland. Aquí recuerda la historia que por azar la llevó a debutar como actriz.

Alejandro Rosales Mantilla
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Ana Milena Londoño, o ‘Mile’, no sabe qué hará hoy sábado de Carnaval, lo único que tiene claro es que estará en la Vía 40 viendo la Batalla de Flores. También sabe que moverá los hombros al ritmo de la sabrosura instrumental de una flauta e’ millo, bien sea desde un palco con sus hijas o en una cumbiamba. En los dos planes tiene cupo.

Hace casi 22 años sí sabía perfectamente que haría. Digo casi porque la Batalla de Flores que rememoro junto a ella en un Punto Múltiple en el norte de Barranquilla, donde la entrevisté, ocurrió un 21 de febrero del año 98.
Ese día, en un acto de locura racional, de extremo riesgo, de meses de planeación, de querer cumplir un sueño, Ernesto McCausland rodó en plena Batalla de Flores varias escenas de su filme más recordado, El último Carnaval.
Mile era la protagonista y allí estaba, vestida de cumbiambera en su debut frente a una cámara de cine. Un Drácula caribe, representado por el actor cubano Jorge Cao, arrancaba los alaridos de los presentes en esa Batalla calurosa y mojada en ron.

“Esa fue la mejor Batalla de Flores de mi vida. En lo personal se me estaban cumpliendo muchos sueños: grababa una película, el director me enamoraba, el Carnaval de Barranquilla. Yo he vuelto a vivir cosas bonitas y había vivido cosas bonitas, hay muchas cosas lindas en mi vida, pero eso fue único. ¿Cuántos filmes en Barranquilla se han rodado en plena Batalla de Flores en película de 35 milímetros?”, pregunta Mile, mirando lejos en ese restaurante de estilo gringo.

Después de la película vinieron los festivales, los premios, su vida al lado del escritor, cineasta, pero sobre todo periodista, con el que se casó cuatro veces y en lugares distintos: Soledad, Nueva York, Bogotá y Barranquilla. Mile y Ernesto duraron 12 años casados. Cómo diría él mismo: “Tantas luchas, tantas batallas y al final solo queda el amor”.

Escena 1.

Un día de noviembre, en el 97, EL HERALDO publicó en la sección de Sociales una convocatoria a los aspirantes que quisieran trabajar como actores en la película que se alistaba a rodar McCausland. 
Mariluz Londoño, Maye, hermana mayor de Mile, le pidió el favor que llevara a su pequeño hijo al casting que se realizaría en los estudios de televisión de la Universidad del Norte.

A toda costa, Maye quería que Erick actuara en el filme, y, por qué no, tener al primer actor de cine de la familia. Mile, que estaba en quinto semestre de Comunicación Social, accedió. 

Ya en la norte, una persona del equipo de producción le preguntó si también haría la audición. Ella dijo que no, pero al segundo se arrepintió y terminó aceptando.

“Llegué al estudio de televisión de la Universidad, cuando iba a bajar las escaleras viene Ernesto, recuerdo perfectamente el momento. Él venía caminando y yo lo saludé. Él me preguntó que si íbamos para el casting y yo le dije que sí. –Ahora nos vemos-, me dijo. Yo tenía 23 años y dos hijas. Estudiaba, iba al gimnasio, tenía cero presión en ese momento, no tenía pena, me daba igual si ganaba un papel o no, pero sí lo quería hacer bien”.

Mile, con otras dos personas, improvisaron una discusión en un bus. Ni ella ni Erick resultaron seleccionados, otra vez sería.

Escena 2.

El teléfono sonó en la casa de la familia Londoño. El señor Augusto, padre de Mile, contestó.

—Te llama Ernesto McCausland—, gritó. Durante la llamada, Ernesto le dijo que se enteró que ella tenía dos hijas y que si le interesaba hacerse cargo de los niños que trabajarían en la película. Mile accedió.

Así las cosas los encuentros se volvieron más frecuentes por aquello de la producción, Ernesto terminó con la novia que tenía en ese momento y el azar comenzó a dar frutos. Poco tiempo después él le pidió que ensayara los diálogos con las actrices de la película, las amigas de la protagonista, que era Paola Rey. Mile se convirtió en “la coach de ellas, la que las entrenaba”. Así terminó aprendiéndose los libretos de Marcelina, el personaje principal de El último Carnaval.

“El 19 de enero del 98 él me llama y me dice que acababa de llegar de Puerto Colombia, que estaba viendo locaciones y necesitaba hablar sobre la producción, que me invitaba a comer. Yo le dije que si la reunión era de trabajo aceptaba, pero si era un cuento de coquetería no. Fuimos a Henry's y comimos sushi. Esa noche, antes de bajarme del carro me dio un piquito. Yo no sabía qué había significado ese beso. Después hablamos y me dijo que ese beso había significado mucho. Nosotros siempre contamos ese 19 de enero como el día que nos hicimos novios”.

Escena 3.

“Nosotros comenzamos el rodaje el 1 de febrero de 1998. Paola Rey llamó a Ernesto el 31 de enero en la noche a decirle que no se había montado en el avión, que el director de Fuego verde (novela en la que debutó como actriz) no le había dado el permiso.  Todo el equipo de la producción estaba reunido y Ernesto entró a la habitación con cara de espanto a decirnos que Paola había cancelado”.

Sin la actriz principal y todo lo demás listo, a pocas horas de iniciar el rodaje, el nombre de la estudiante de quinto semestre de Comunicación Social, que había ido al casting con su sobrino y que no lo había pasado, atrajo las miradas de la producción para encarnar a Marcelina.

El visto bueno de Jorge Cao y una encuesta rápida en la calle, en la que se le preguntó a las personas que edad le ponían a Mile, terminó de confirmarlo. Ella sería la protagonista.

El día del rodaje en la Batalla de Flores (21 de febrero del 98), Marcelina corrió por la Vía 40 buscando a su Drácula con colmillos de yuca. Bailó su sueño y conquistó sin saberlo. Mile, hoy sigue firme en la Batalla.

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