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Que Ha Pasado Con 21 de Noviembre de 2020

Katherine Porto: "Pensaba que este año ya no estaría en un set de grabación, debido a la pandemia”

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Foto: Jorge Márquez

La cartagenera, que está en el rodaje de la serie 'Mano dura' , de Telecaribe, cuenta cómo fue encontrarse con su ser interior para lograr una mejor versión de sí misma y dejar atrás la depresión.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
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La cartagenera Katherine Porto ha cosechado una carrera actoral que hoy le da frutos. Así lo evidencia su experiencia en la industria y su participación en producciones como ‘La viuda de la mafia’, ‘Hasta que la plata nos separe’, ‘Mujeres asesinas’, ‘La prepago’, ‘Un bandido honrado’ y ‘Bolívar’, por solo mencionar seis.

Hoy día la también comunicadora social y periodista continúa en la labor de tomar las vestiduras de distintos personajes que enriquecen su trayectoria y se suman a su historia de vida. Es así como actualmente hace parte del elenco de una miniserie del canal regional Telecaribe, que recibe el nombre de ‘Mano dura’ y que está siendo rodada en “el municipio no Covid-19, Galerazamba (Bolívar)”.

“Es un producto muy bien cuidado, poderoso, que involucra a actores impecables, y que trata sobre las temáticas del boxeo y la prostitución infantil. En esencia muestra una realidad muy cruda (...) Cuando el libretista Andrés Salgado me hizo la invitación, me sorprendí porque pensaba en que este año ya no estaría en un set de grabación, debido a la pandemia”.

Manifiesta que al conocer detalles de su personaje, que recibe el nombre de Raquel, se enamoró. La describe como “un demonio”, una mujer apasionada, cargada de mucha oscuridad y muchos matices, que se dedica a prostituir niñas y a organizar peleas callejeras. Agrega que pese a su lado antagónico, Raquel tiene un talón de Aquiles: su hija.

Dentro de los retos para construir este personaje estuvo practicar actividad física intensa, conectar con emociones “fuertes” y con el entorno donde se desarrolla la historia.

De su oficio destaca la oportunidad de explorar la vida de distintos personajes, adentrándose en diferentes universos en los que descubre las raíces emocionales de diferentes comportamientos.

Ahora, Katherine además de ser actriz es emprendedora. Ella, junto con su esposo Max Oldham, y su hijo, Alejandro Araújo, se ha dedicado a “meterle toda la ficha” a su emprendimiento MatchAmor, una línea de té y de rituales de amor propio, creado hace aproximadamente un año y medio, y vigente en su tienda ‘online’ www.matchamor.co.

“Ese es mi amor. Es mi otro bebé. Es un proyecto que había soñado. Cuando empecé a imaginarlo creía que sería imposible, pero me puse la meta de día tras día hacer algo que me encaminara a materializar ese sueño. En el presente me emociona ver cómo las personas lo han acogido porque es algo familiar; mientras yo me encargo del diseño, la creatividad y los rituales, mi esposo se encarga de los pedidos, la logística, y la importación; y mi hijo es el ‘community manager’ de la cuenta de Instagram (...) Creo que el té es una opción que le brinda propiedades a la salud y a la belleza, y eso es lo que yo profeso, una belleza que viene de adentro (...) Yo creo que sí se puede hacer empresa en Colombia, lo que pasa es que se le debe poner mucho amor, ganas y saber que por momentos se presentarán dificultades, pero a pesar de ello no podemos soltarlo porque todo se da paso a paso”.

En su presente también se encuentra certificándose como sommelier de té, a través de una escuela de Argentina y España. Adicionalmente, de un tiempo para acá se ha dedicado a realizar un proceso de autoconocimiento, que también ha sido vital para vivir, de una manera diferente, cada papel que se le entrega en sus manos, después de todo considera que “en la medida en que uno se conoce, puede llegar a entender mucho más al ser humano”.

Haber hecho una mirada introspectiva de su ser tuvo como trasfondo una depresión “fuerte” que tocó a su puerta, a causa de no llevar la vida que quería.

“Yo veía que tenía todo lo que le enseñan a uno sobre la felicidad, pero al tenerlo no era feliz, sentía que algo me faltaba, sentía un vacío que finalmente me arrastró a una depresión que no me permitía encontrarle sentido a mis días, hasta que decidí dar un giro, pensando en que tenía la opción de seguir quejándome o sencillamente empoderarme para que todo en mí cambiara, transformándome primeramente yo, dejando de culpar a los demás por aquello que me sucedía”.

En ese camino, “lleno de muchas caídas y golpes”, fue entendiendo que vino al mundo a ser feliz, a tener amor propio, a autoconocerse, a alejarse de la idea de actuar para complacer a los demás y dejando de lado el miedo a la soledad, a ese estado que hoy día le permite conectarse consigo misma.

Cree con convicción que la felicidad se trabaja y se construye. Adicionalmente dice que es una decisión, que “no viene de lo externo ni depende de los demás”. En la escritura, agrega, encuentra otro refugio que de pequeña disfrutaba, así que ahora se dedica a la construcción de un libro sobre rituales de amor propio, que va "en un 50%" y prevé sacarlo a la luz prontamente.

“Yo no creo que uno empodere a nadie, cada quien lo hace por sí solo, pero considero que sí podemos inspirar, así que más que una influenciadora, soy una inspiradora. Por eso, a través de mi historia, quiero inspirar a muchas personas para que vean que sí se puede ser feliz y sí se puede tener la vida que uno anhela, pero cuesta porque no es fácil salirse de la zona de confort”.

Una de sus experiencias gratificantes —dice— fue la vivida el año pasado junto con la comunidad kogui. Inmersa en esa cominidad indígena aprendió que con muy poco se puede ser feliz. 

Ama su tierra natal Cartagena de Indias. Cuando la escucha nombrar su mente inmediatamente la lleva a pensar en sus raíces, en el calor humano y la espontaneidad de su gente, la gastronomía y el mar.

“Cuando escucho hablar a mi mamá, con su dialecto, me da felicidad. Si visito Cartagena me conecto con mis recuerdos infantiles, con el sonido musical de la champeta que me hace recordar a mis tíos, con el raspao que comía con mi hermano, con la imagen de una mamá trabajadora que veía de pequeña. Cartagena está en mi sangre”.

La actriz no negocia su bienestar y tranquilidad porque —considera— “de ahí parte todo”. Sobre  detalles “curiosos” de su vida comparte que tiene dos “bebés gatunos”, que fue vegana, pero ahora consume pescado, debido a que en su momento llegó a presentar una fuerte anemia. Adicionalmente se considera una mujer “muy disciplinada”, lee cartas de ángeles, adonde va lleva un libro, sus velas y cuarzos para armar su altar. Su religión es el amor, cree en el karma y le produce mal genio sentir hambre.

Durante la cuarentena, asegura, se dedicó a hacer ‘lives’ en su cuenta personal de Instagram, entrevistando a “maestros y personas inspiradoras”. La realización de cada material audiovisual tuvo como fin conectar con la gente y compartirle aquello que le generaba paz, pues en su momento sintió que la gente sufría por el encierro, algunos por su pérdida de trabajo y por cómo los casos de pacientes con coronavirus iban en ascenso.

Se cuida tomando té matcha tres veces al día, hace rituales de estiramiento antes de levantarse de la cama, se ejercita a diario por salud, practica meditación y yoga, se conecta con libros, respeta sus horarios de sueño, no olvida su bloqueador solar en las mañanas, toma vitamina C, vitamina E y selenio, consume una alimentación consciente y se rodea “de mucho verde”.

Katherine también brinda conferencias, como la que ha titulado ‘Las luciérnagas solo brillan en la oscuridad’, que lanzó por primera vez en un evento en México con mujeres. El hilo conductor es su historia de vida y cómo logró transformarla. Asimismo cuenta con una certificación de coach angelical.

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