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Perfil 12 de Octubre de 2019

“Trabajar en la arquitectura es atreverse a soñar todos los días”: José Pérez

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Foto: Orlando Amador.

Además de ser catedrático en instituciones de educación superior, José Pérez se ha destacado por liderar proyectos arquitectónicos que tengan un impacto positivo en el desarrollo de la Costa Caribe colombiana.

Daniela Murillo Pinilla @DanielaMurilloP
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El arquitecto José de Jesús Pérez Orozco pasa su días como si estuviera viviendo unas “eternas vacaciones”. Su oficina, ubicada en el norte de Barranquilla, es un espacio dedicado a la creatividad y a la exploración de su alma de niño. Decenas de juguetes decoran los pasillos de su “taller de sueños”, como suele llamar a las instalaciones de su estudio de arquitectura, Arquijoe. Un recinto en el que ha podido tener el placer de vivir de su pasión y compartir con su equipo de jóvenes arquitectos y diseñadores los conocimientos adquiridos en su experiencia laboral. 

“Recuerdo que todo empezó porque a mi padre le gustaban mucho las manualidades y creo que de alguna forma se me fue pegando ese vicio, esa necedad de tener siempre cosas en las manos, de dibujar con lápices. Además, tengo familiares que también han trabajado en el campo de la ingeniería y de la arquitectura”, estableció.

A la hora de decidir su carrera profesional, José no lo pensó dos veces y eligió estudiar Arquitectura en la Universidad Nacional y, posteriormente, un posgrado en Diseño Arquitectónico en la Universidad Autónoma del Caribe. No obstante, este barranquillero confiesa que en ocasiones el oficio de arquitecto puede llegar a ser un poco “masoquista”.

“Es un medio estrecho, económicamente hablando. Pero a uno, como arquitecto, de alguna forma le empieza a fluir mucho trabajo. Uno se vuelve como una reflexión que comenté hace poco, como un arquitecto cazador que dispara mucho, pero que de vez en cuando ve caer a una palomita”, agregó. 

No obstante, más allá de esto, José cuenta sentirse satisfecho con la cotidianidad de su trabajo. Considera que ser un apasionado del oficio que se escoge es una “obligación” para prosperar en la vida.

Desde los 19 años, empezó siendo catedrático en la Universidad del Litoral, donde tuvo la oportunidad de dictar clases de interiorismo y delineante de arquitectura. Después, se “embarcó” en la aventura de remodelar bancos y así pudo ir realizando sus primeros proyectos. Así también, empezó a trabajar en varias licitaciones en el Centro de Convenciones de Cartagena y en el de Santa Marta. De esta manera fue consolidando su carrera hasta lograr construir la oficina que lidera en la actualidad, compuesta por 14 puestos de trabajo. 

“Han llegado muchos pasantes a los cuales les hemos transmitido mucho conocimiento. Procuro no quedarme con ellos, porque la misión en esta oficina es que sea un trampolín para que las personas se animen a hacer sus proyectos de vida”, aseguró. 

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Confiesa que uno de los principales retos de esta profesión es que a los arquitectos “no les enseñan” a ser cobradores ni economistas, sino a tener una visión creativa y artística que dificulta el proceso de cobro. 

“Sin embargo, yo pienso que ese momento creativo lo suple todo. Es tan delicioso ser creativo, pues esto alimenta nuestro día, la ilusión y el niño que llevamos dentro”, explicó. 

Asimismo, establece sentirse preocupado por la manera cómo en la Región Caribe se ha ido ignorando “la historia y los valores propios de nuestras tierras”. 

“Nos hemos demorado en reconocer cuál es nuestra flora, fauna y recursos naturales a la hora de trabajar (…) No podemos copiar modelos externos de arquitectura porque tenemos identidad propia y ese sello caribe es el que nos ha dado la tranquilidad y la forma de ser que tenemos. Se trata de reconocer el valor de la arquitectura elemental de un vendedor de raspados y de butifarras. Lo desconocemos y si lo observamos con mucho cuidado vamos a entender que allí hay una riqueza extremadamente grande”, comentó. 

Proyectos como el ‘Caimán del Río’, el primer mercado gastronómico a orillas del río Magdalena, algunos de los mejores restaurantes de la ciudad, así como también residencias particulares, edificios y oficinas, han pasado por las manos del arquitecto Pérez. 

En la actualidad, José aconseja a los jóvenes “que estén mirando hacia el oficio de la arquitectura” que se animen a atreverse. 

“Hay que ser necios. Hay que tocar, sentir y oler todo. Yo creo que los sentidos son fundamentales a la hora de oficiar el quehacer como arquitecto. A veces, vivimos en un modo automático que no nos deja palpar la vida desde la mejor de las dimensiones”, puntualizó.

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