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Perfil 07 de Noviembre de 2020

Rodman Martínez: fracasos convertidos en éxito

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Foto: Orlando Amador Rosales

Después de cerrar su fábrica de muebles escolares, el barranquillero se dedicó a ser vendedor ambulante en Miami. Hoy día es propietario de Maker’s Shoes, empresa que distribuye zapatos en más de 25 países desde EE.UU.

Sharon Kalil - Instagram: @sharondkalil
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Los recuerdos que llegan a la mente de Rodman Martínez Correa cuando se le pregunta por sus inicios como emprendedor lo llevan a sus 12 años, cuando en las calles de su natal Barranquilla se “rebuscaba” comercializando productos médicos. A sus 15 –cuenta– su talento para las ventas lo impulsó a trabajar en la editorial de libros Planeta y, después de un año, a incorporarse en el equipo de Carvajal.

Vivió entre Barranquilla y Cúcuta debido a que sus padres se separaron y decidieron trabajar en estas ciudades. Le atribuye a la “necesidad de dinero” y de “sobrevivir” que tenía su familia el hecho de haber buscado oportunidades laborales desde joven.

“No teníamos opciones financieras, ningún respaldo. Las circunstancias me obligaron a emprender y tenía las habilidades para hacerlo. Vender no es fácil y tampoco todo el mundo se atreve a hacerlo, aunque es un trabajo que se lo ofrecen a todos”.

Rodman en esa época también estaba terminando su bachillerato entre  jornadas diurnas y nocturnas. Era alumno del Colegio de Nuestra Señora de las Mercedes. Después de graduarse y, a pesar de sentir pasión por el emprendimiento, decidió estudiar Derecho, motivado por sus padres.

“Quería que mi padre se sintiera orgulloso de mí, eso hizo que me decidiera por esta carrera, aunque ahora pienso que debí estudiar Negocios Internacionales porque siempre estuve cercana a ella de manera natural”.

Altibajos.  Durante cinco años fue gerente de ventas de la compañía de televisión Cable Express, hasta que decidió renunciar en 1997 para emprender en la fabricación de muebles plegables en los que los niños podían hacer sus tareas y escribir en un tablero acrílico.

“Entendí que no podía con los dos trabajos porque era muy complejo. Mi historia en esa compañía fue tan buena que el dueño me pidió que me quedara trabajando con ellos al mismo tiempo que emprendía”.

Así pues, en las mañanas se dedicaba a su trabajo como vendedor y en las tardes se dirigía hacia el barrio La Luz (Barranquilla) donde estaba ubicada la fábrica de su emprendimiento llamado Muebles Melissa, en honor a su hija mayor. “En 1999 obtuve mi residencia americana. Aproveché para llevarme uno de mis muebles y presentarlo en Manhattan; me ofrecieron un programa del Gobierno que ayudaba a los productos con potencial exportador, pero descarté eso para trabajar de la mano de un amigo en el proyecto”.

Comenzó a exportar en el año 2000 a Estados Unidos. En ese momento los muebles ya tenían presencia en dos almacenes de cadena y ferias escolares de la ciudad.

“Arrancamos en Miami con mucha pasión y energía, pero tuvimos muy mala asesoría y nos dimos cuenta que allá querían que todos los procesos tuvieran lineamientos muy puntuales y estrictos. Después los muebles empezaron a bajar de calidad por una mala administración en Colombia, así que tuve que enfrentar distintos retos económicos y darle un ‘stop’ a ese proyecto. Pensé que iba a comerme el mercado americano, así que fue muy duro ese fracaso”.

Su vida cambió, en ese momento solamente le quedaba su oficina en Miami (Estados Unidos), por lo que aceptó un trabajo como vendedor ambulante de productos a consignación.

“Dios puso ese empleo en mi camino, uno que detestaba cuando vivía en Barranquilla, pues no concebía que me perturbaran cuando estaba comiendo en lugares públicos. En Miami vendía a través de una empresa que prometía que en cierto tiempo uno iba a ser dueño de su propia oficina, que los ingresos iban a ser mayores, etc.”, cuenta.

Comercializaba productos que tenían un rango de precio de $5 a $40 dólares en las calles: tablas de cuchillos, libros para niños, llaveros, relojes, entre otros.

“Por seis meses estuve trabajando como vendedor hasta que descubrí que podía conseguir productos muy similares a esos, pero que tenían un valor menor, así que me convertí en independiente y fui creando, en la oficina que conservaba, el mismo modelo de negocio en el que trabajaba”.

Así contrató a seis vendedores, los capacitó en ventas y trabajó de la mano con ellos por dos años. Al acercarse a las personas sufrió desplantes, maltratos, entre otras situaciones que marcaron su vida, por lo que direccionó los productos a tiendas de barrio, gasolineras y farmacias.

Esta experiencia ­­–dice- hizo que mejorara su personalidad, alejara el ego y empezara a valorar más las oportunidades de la vida.

Se encontró en ese proceso con una línea de sandalias playeras, fabricadas en China, y se animó a abrirse camino en esta industria. “Después de un tiempo, en 2005, empecé a diseñar sandalias de suela dura bajo mi primera marca de calzado: RYA. Tomé con mucha fuerza  este emprendimiento importando de China y participando en ferias estadounidenses con varias colecciones”.

Hoy día fabrica diversos tipos de calzado, como tacones, tenis, sandalias, plataformas, que importa a Estados Unidos de China, Colombia y Brasil, bajo la marca Maker’s Shoes. Estos los exporta a más de 25 países, entre los que se encuentran Puerto Rico, República Dominicana, Panamá, Costa Rica, Aruba, Curazao, Bahamas, Jamaica, Guatemala, México, entre otros.

“Le vendemos a tiendas, distribuidores de calzado, cadenas. En un tiempo tuvimos 10 tiendas propias en los centros comerciales de La Florida (EE.UU.), pero definitivamente mi sector es el de las ventas al por mayor y no al detal, así que las cerré”.

Además de esto, el barranquillero, ganador del premio Hombre de Inspiración, de la Fundación Perla de Esperanza de Miami (en 2016), se dedica al negocio de finca raíz con propiedades que tiene en Wynwood (Miami). “Empecé a comprar edificios, y abrí las empresas Maker  Investment y Maker Development para desarrollar el negocio. Todos mis emprendimientos tienen el nombre ‘maker’ (‘hacedores’ en español) porque creo que todos tenemos ese espíritu”, explica el también socio- propietario del hotel OR Suites, ubicado en Barranquilla.

Un consejo. Rodman afirma que en el emprendimiento todo es complicado, por lo que los emprendedores emergentes “deben saber que se van a encontrar con muchos obstáculos”, pues hay situaciones que no se pueden controlar.

“Uno comienza con un plan, pero en el ejercicio se encuentra con muchas otras cosas. Ahí es cuando uno se da cuenta si tiene el talento, la habilidad o si es simplemente una oportunidad que llegó”.

Aconseja que todo aquel que quiera emprender debe tener un plan versátil y no rígido para que logren tener éxito, también que perseveren y que no se den por vencidos. “Se tiene que estudiar y estar preparado porque no se trata de suerte, el éxito es el resultado de un trabajo”.  

Rol familiar. El barranquillero está casado desde hace 16 años con Alexa Ramírez, su “fórmula” en todos los proyectos que emprende.

“Me casé con una mujer maravillosa que tiene mi misma visión de negocio. Ella siempre se vio como una empresaria. Desde el comienzo ha sido mi gran apoyo y respaldo”, asegura el empresario, quien es padre de Melissa, de 25 años; Sheyla, de 20; María Lorena, de 16, y  Janae y Rodman David, ambos de 10 años. 

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