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Perfil 14 de Junio de 2014

“Los hijos son el amor verdadero”, Abelardo De la Espriella

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Foto: Daniela Murillo

Abelardo De la Espriella junto a su esposa Ana Lucía Pineda y sus hijos Lucía y Salvador.

José Luis Rodríguez R.

Asevera que en la vida hay que tener un propósito, pero cree que este solo adquiere dimensión y claridad cuando se tiene hijos. Cuando Abelardo De la Espriella no está en medio de un caso polémico o mediático, este abogado de 35 años, oriundo de Montería, se dedica a la única cosa que le apasiona más que el Derecho: ser padre.

Lleva 14 años de ejercicio profesional, seis de casado y casi tres de compromisos paternales. Si por él fuera, confiesa, tendría diez hijos, pero ya concertó cuatro con su esposa Ana Lucía Pineda y faltan dos para legitimar el acuerdo.

Este jurista, máster en Derecho de la Universidad Sergio Arboleda, especialista en Derecho Penal y Administrativo, considera que en toda casa que se respete manda la mujer. Sobre ellas, agrega, recae el mayor y más complejo de los trabajos: criar a los hijos y aguantar las sandeces de los esposos.

Para él la mujer es el baluarte de la familia y por eso ha sido un defensor a ultranza de sus derechos.

“Algo bueno debí haber hecho en mi vida porque tengo a mi lado una mujer absolutamente excepcional. Creo que la naturaleza tuvo una especial consideración conmigo al darme a Ana Lucía Pineda como compañera de viaje, pues se trata de una mujer que entiende mi mundo, me ayuda a volar y además, es una madre excepcional”, expresa orgulloso.

Ana Lucía, de 26 años, es administradora de empresas y es la directora administrativa de la firma de abogados, De la Espriella Lawyers Enterprise, fundada por Abelardo, su director general. Trabajan juntos desde hace más de seis años y de esta forma, explica De la Espriella, ella dispone en la casa y él en la oficina.

Se conocieron desde pequeños porque sus familias son vecinas y amigas, pero por la diferencia de edades se dejaron de ver durante varios años. Un día, como si el destino hubiese esperado por ello, se encontraron en las calles de Bogotá y el abogado quedó flechado. Se casaron al año y dos meses de ese reencuentro, y fruto del amor nacieron sus hijos: Lucía, de dos años y diez meses, y Salvador de año y medio.

No son colombianos, nacieron en Estados Unidos y espera que tengan una educación en ese país. No porque la de Colombia sea mala, advierte rápidamente, sino porque quiere que tengan una mente completamente abierta al mundo. No quiere que estén cerca de la envidia y la incomprensión. Desea brindarles la oportunidad, si les apetece cuando tenga edad suficiente, de estudiar en algunas de las mejores universidades, como Harvard, Yale o Berckley.

“Mucha gente no lo admite, pero en las relaciones familiares y de amistad el cariño que un ser humano da, siempre se espera que sea retribuido de alguna manera. Con los hijos tú lo das todo y no esperas nada a cambio, lo que me lleva a concluir que ellos son el amor verdadero, el más puro, el que se da sin ninguna restricción”, explica con elocuencia.

El monteriano pasa todo el día de cara contra las injusticias, haciendo denuncias y defendiendo a sus clientes, pero tan pronto llega a la casa se quita “la armadura de guerrero” y se convierte en un padre alcahueta.

Juega con sus dos hijos, les canta, lee, inventa cuentos, hace sesión de títeres y balbucea para sacarles una sonrisa.

No hay rastro de aquel litigante hostil y certero en los estrados, de fama intimidante y calificativos, como ‘el abogado de los escándalos’.

En su reemplazo se encuentra un papá bonachón. Se encuentra el ‘abogado del diablo’ jugando con sus ángeles.

p  ¿Qué significa para Abelardo De la Espriella ser papá?

r  Creo que un ser humano no vive a plenitud hasta que es padre. Darles cariño, verlos crecer, tener la posibilidad de formar a una persona, crearles un imaginario, eso no tiene precio. Es lo mejor que me ha pasado.

p  ¿Cuál es la principal enseñanza que le quiere inculcar a sus hijos?

r  Vengo de una familia muy unida, de valores éticos y morales claros e insoslayables. Mis padres siempre me inculcaron el respeto por la ley, las instituciones, el disenso y la diferencia. Quiero que mis hijos entiendan que en el respeto por la diferencia se fundamenta la democracia. Que no señalen a nadie por condiciones de raza, religión o sexo, que sean personas de mente abierta, ciudadanos del mundo, gente universal.

p  ¿Cree en la justicia divina?

r  No, no puedo creer en ella, soy ateo. Pero sí creo en la justicia poética, por ejemplo que un traidor como el presidente Juan Manuel Santos pierda el domingo es justicia poética, no divina.

p  ¿Cuál es su proyecto de vida?

r  En julio cumplo 36 años. Aspiro retirarme del derecho a los 45, es decir me faltan nueve años. Llevo catorce de mis 35 años ejerciendo el Derecho a un ritmo muy acelerado. Para mí estos catorce años son como 30 en realidad, pues han sido muy fuertes e intensos. Cuando me retire pienso dedicarme completamente a mis hijos, al arte, la literatura y el periodismo.

p  Después de su retiro, ¿cómo quiere que la gente lo recuerde?

r  Soy una persona que genera polémica y  tiene éxito, por eso unos me quieren y otros me odian. La verdad me tiene sin cuidado como la gente me vaya a recordar, únicamente me interesa cómo me recuerden mis hijos. Trabajaré todos los años que me quedan de vida para que cuando piensen en mí, lo hagan con amor, respeto y admiración.

EN DETALLE

Ama: la familia, la verdad y la justicia.
Pasión: mis hijos, mi esposa y el derecho.
Hobby: los caballos, la música, el arte y la literatura. 
Detesta: la deslealtad
Fobia: la mentira
Música: jazz, bolero, blues, porro, vallenato y clásico
Libro: toda la obra de García Márquez, es un tesoro de la literatura universal. 

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