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Perfil 08 de Diciembre de 2018

Las tarjetas con sentido social de María Elena de Meisel

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Foto: Orlando Amador.

Para esta cienaguera, la elaboración a mano de tarjetas y cartas personalizadas no solo se ha convertido en su proyecto de vida, también es una herramienta para “brindar una mano” a personas en condición de vulnerabilidad.

Daniela Murillo Pinilla @DanielaMurilloP
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No hay bendición más grande que hacer lo que verdaderamente te gusta”. Este es el lema que caracteriza el proyecto de vida de María Elena Romero de Meisel. Nació en Ciénaga, Magdalena, una “tierra de gente talentosa”, como ella misma la describe. Con la esperanza de cumplir diversos retos profesionales, estudió Derecho. No obstante, María Elena nunca pensó que encontraría su verdadera vocación en el arte, lejos de los libros de códigos y leyes. 

“Nunca ejercí mi carrera porque en aquel entonces me concentré en atender a mis hijos y en ese tiempo mi esposo también prefería que los acompañara en su crecimiento. No fue una decisión fácil, pero hoy me doy cuenta de que fue muy provechoso poder criarlos y compartir con ellos grandes experiencias”, afirmó. 

Cuando sus hijos ingresaron al colegio, María Elena empezó a trabajar, de la mano de un amigo de la familia, en la Fundación Te Necesito, una organización orientada a mejorar la calidad de vida de niños con discapacidad y escasos recursos. 

“Como tenía más tiempo libre empecé a contagiarme de esta labor y me dediqué de lleno, como si fuera mi trabajo. Recuerdo que necesitábamos recoger dinero para crear el comedor infantil de la fundación. Fue entonces cuando se me ocurrió hacer tarjetas personalizadas. Al principio, fueron pensadas para enviar mensajes de pésame y condolencias, pues nuestra intención fue que, en vez de enviar flores, las personas pudieran enviar tarjetas y contribuir a este propósito social”, explicó. 

Caminar en las mañanas es una de las actividades que más desestresa y disfruta María Elena en su tiempo libre.

Se puso a la tarea de marcar con su puño y letra cientos de tarjetas y experimentar combinaciones de colores, texturas y papeles. Asegura que sus hijas, dos diseñadoras, se convirtieron en su principal fuente de apoyo y en sus “acérrimas críticas” de su trabajo y de su proceso de creación. 

Así fue como esta iniciativa se fue transformando en un proyecto personal y laboral. Aunque en la actualidad diseña tarjetas para compromisos como matrimonios, bautizos, baby showers, cumpleaños y grados, María Elena continúa apostándole a las causas sociales, mediante su trabajo. 

“La Fundación Te Necesito se acabó, pero hoy día hago parte de un apostolado que lidera proyectos enfocados al bienestar de la juventud, como Soñar Despierto. Mediante la venta de las tarjetas también he podido recoger fondos para esta misión y contribuir al mantenimiento de nuestra sede. Me siento contenta porque, sin dejar de hacer lo que verdaderamente me apasiona, puedo beneficiar a los demás”, estableció. 

Frente a los avances del “mundo digital y el desarrollo de las redes sociales”, María Elena afirma que poco a poco se han ido desplazando el valor de lo tradicional y lo clásico.

“Ahora podemos ver invitaciones digitales a eventos familiares por mensajes instantáneos o chats. Pienso que una tarjeta bien diseñada y tierna llama a tener un detalle con el otro y no se puede dejar de lado el trabajo manual. Es importante conservar la esencia. Por ejemplo, no podemos olvidar la tradición de los niños de hacer una carta al Niño Dios en Navidad. Una buena tarjeta habla de la personalidad de una persona, de su forma de ser y de su manera de ser detallista”, expresó. 

Por el momento, María Elena está concentrada en seguir plasmando su “sello personal” en sus creaciones. “En la actualidad hay muchas personas frustradas porque hacen cosas que no quieren hacer y así pasan la vida. Yo, por el contrario, me enfoco en hacer lo que me hace feliz”, concluyó.

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