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Perfil 24 de Agosto de 2019

La proyección que le da Stephanie Jaramillo a la cocina tradicional

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Foto: Conny Chávez

La barranquillera resalta su proyecto La TropiKitchen, con el que busca documentar la tradición culinaria del Caribe colombiano y preparar las recetas desde las técnicas modernas. Habla de su trayectoria y de su participación en Sabor Barranquilla

Sharon Kalil - @sharondkalil
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Ir a comprar vegetales, frutas y víveres al mercado con su abuela, y luego observar cómo se preparaban los alimentos en su cocina era un plan imperdible para Stephanie Jaramillo en su niñez.

Considera que siempre fue curiosa y amante de las artes, pues para ella esto último también lo compone el cocinar, así que la exploración de sabores no era algo inusual en su vida. Un acercamiento a la cocina que recuerda con entusiasmo mientras degusta un café en su tierra natal Barranquilla, es cuando a sus 13 años sorprendió a sus padres con una gran cena, que con orgullo comenta, preparó sola.

“En ese entonces el papel del chef no era el mismo que el de ahora. Cocinar era un acto de la mujer considerado como necesario para poder ser mamá y mujer, no como una profesión”, dice con firmeza.

El hecho de pensar que el cocinar era un acto inherente a su calidad de ser mujer, hizo que Stephanie decidiera estudiar Derecho en la Universidad del Norte. Pero esto no la detuvo para seguir su anhelo de experimentar lo que significaba vivir fuera del lugar donde creció, por lo que al egresar trabajó en una Notaría por un año, ahorró y se aventuró a Estados Unidos.

“Tenía 22 años y me fui sola. Alcancé a trabajar en Chicago en Procolombia, pero me mudé a Nueva York y tomé la decisión de buscar lo que me hacía feliz. Pasé por muchas facetas en mi vida y todo para encontrarme a mí misma”.

Aunque siempre se vio atraída por la cocina, asegura que el oficio como tal nació en ella como una terapia, pues se dio cuenta que esta era una actividad en la que se disponía a estar 100% presente.

“Soy muy dispersa y pienso que eso es de las mentes creativas. En el 2014 falleció mi papá y toda mi vida se movió, así que esto fue un detonante en mi decisión. A raíz de entender esto y sin experiencia empecé a trabajar en un restaurante, en el que me di cuenta que no es tanto el hecho de cocinar, sino de compartir, de trabajar en equipo y de explorar la realidad de muchas personas”.

Desde ese momento se puso a establecer cómo podría preparar los platos de la cocina colombiana y cómo encontrar los ingredientes necesarios para mantener su esencia, teniendo en cuenta que se encontraba en otro país. “Creé el proyecto La TropiKitchen en el 2016, en este investigué mucho sobre cocina y luego hice videos institucionales en Instagram. En junio y agosto de ese año estuve recorriendo Colombia para documentar la tradición y los rituales gastronómicos, a partir de este viaje el Caribe comenzó a vivir en mí. Un tiempo después hice lo mismo en México”.

Stephanie trabajó en diferentes restaurantes hasta que fue becada en el Institute of Culinary Education, donde desarrolló su pasión y habilidad para la cocina tropical. “Fui muy feliz. Desde ese entonces siempre he tenido un cuchillo y un libro de cocina en mi cartera, pues siempre estoy estudiando. Después de la escuela culinaria se unió a Cosme, una cocina mexicana en Nueva York fundada por Enrique Olvera y dirigida por Daniela Soto-Innes, designada la mejor cocinera del mundo por la lista 50 Best”. 

Stephanie ahora se dedica desde su hogar en Brooklyn a preparar cocina tradicional de Colombia como sancochos y envueltos (bollos, tamales, etc.) respetando la tradición y también elevándola.

“Ser caribe es ser la mezcla de diferentes culturas y procesos. Mostraré esto en la edición 2019 de Sabor Barranquilla. Presentaré pasteles hechos con técnicas modernas”.

Actualmente la barranquillera, quien se describe como una persona que no le tiene miedo a nada y que es muy intensa con sus proyectos, también se encuentra escribiendo un libro sobre envueltos, titulado Latinoamérica en una hoja.

En Estados Unidos vive con su esposo, el negociante Pablo Bonnin, con el que disfruta desconectarse de la ciudad en sitios remotos. “Me casé a escondidas en el 2013 en un acto de amor y de locura. Llevábamos nueve meses de noviazgo y tal vez nuestros padres no lo hubiesen aprobado”.

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