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Perfil 14 de Marzo de 2020

La historia del neuroradiólogo guajiro que toca el acordeón

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Foto: Archivo particular

Orlando Díaz Daza llegó a la Medicina casi que obligado por su padre. Con el paso de los días aprendió a querer la profesión al ritmo de paseo, merengue, puya y son. Hoy es uno de los profesionales más destacados en Houston.

Sandra Carillo
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“Tú debes estudiar medicina”, fueron las palabras de Argemiro a su hijo Orlando Díaz Daza luego que éste le manifestara que su mayor deseo era estudiar una ingeniería porque se consideraba muy bueno en matemáticas, sin saber que finalmente su padre iba a ser el gran impulsor de un médico costeño que hoy triunfa en Estados Unidos.

Orlando Díaz Daza nació en el hogar de Argemiro Díaz y Olga Daza, en  San Juan del César (La Guajira). Se crió en Maicao hasta los 14 años, luego se fue a vivir a Bucaramanga hasta que terminó el bachillerato, estudió Medicina en Cartagena, de allí pasó a Cali a estudiar Radiología y finalmente se ganó una beca para estudiar Neuroradiología Intervencionista en la Universidad de Harvard en Unidos Estados.

Díaz relató que de no ser por el carácter fuerte de su padre, hoy en día no tuviera los éxitos laborales que lo han llevado a ganar numerosos premios internacionales de medicina.

Explicó que su padre siempre lo vio en un futuro como médico y que “con el no habían segundas opciones ni habían opiniones, lo que decía él se tenía que hacer”, refiriéndose a que inicialmente quería estudiar Ingeniería Eléctrica en la Universidad Industrial de Santander (UIS), donde presentó los exámenes de admisión y pasó las pruebas.

Sin embargo, Argemiro —su padre— hizo caso omiso al resultado del examen de la UIS y lo llevó a Cartagena donde lo inscribió en la carrera de Medicina. “Recuerdo que se presentaron 2.000 personas y pasaron 100, entre esos estaba yo”.

Al no poder contradecir a su padre, “porque se hacía lo que él decía”, comenzó a ponerle empeño a la carrera y estudiar. 

Años después de estudiar Radiología en Cali le ofrecieron la beca en Harvard en Boston. Reconoció que la propuesta la obtuvo gracias al doctor Marco Dannon, a quien recuerda con cariño. Sin pensarlo se mudó a Estados Unidos para comenzar un nuevo propósito, pese a que no hablaba inglés.

Díaz Daza explica que en sus intervenciones se especializó en hacer una incisión del tamaño de “un grano de arroz” en la ingle y colocar un catéter en la arteria femoral —que pasa a la pierna— para llegar hasta el cerebro donde (dependiendo la patología del paciente) pone espirales de platino para sellar hemorragias o extraer coágulos de sangre (que de no hacerlo mata neuronas), en vez de operar por la cabeza. Señala que ese procedimiento se llama Neurocirugía Endovascular. 

Su segundo amor. “Cuando me salen casos bien difíciles o cuando estoy cansado, lo que me alegra es tocar un diomedazo… también canto, pero sobre todo cuando la gente está borracha”, confesó entre risas el médico Orlando Díaz, quien aprendió a tocar acordeón a los 15 años.

Recordó que cuando era niño le gustaba cantar la música romántica del estilo de Raphael y de Sandro, mientras que su abuelo, padre y hermanos se inclinaban más por el género vallenato, a tal nivel que tocaban acordeón, menos él.

“Yo me sentía como el hijo de menos madre porque todos tocaban, menos yo”. Sentimiento que lo impulsó a decirle a uno de sus hermanos que le enseñara a tocar un tema para él interpretarlo cuando todos hicieran ronda de canciones.

A partir de ese momento le fue cogiendo el gusto a tocar el instrumento, a tal punto que terminó aprendiendo más acordes que su hermano, que le llevaba varios años de experiencia en el tema, y con el que hacía “mano a manos musicales”. “Se me volvió una obsesión”, dijo.

El doctor Díaz Daza trabaja hoy día en el Hospital Metodista de Houston.

Recuerda también que cuando iba a comenzar su carrera universitaria, le pidió a su padre que le comprara un acordeón, y este “como era muy estricto” se negó porque creía que se iba “a volver parrandero”.

Entonces, tomó la decisión de hacer una rifa de 100 números, cada uno con un valor de $100 de esa época, para comprar el instrumento. Cuando finalmente logró comprarlo, su padre le dijo que se lo podía llevar después que le demostrara que iba a tener un buen rendimiento académico. La pasión que tenía por tocar era tan grande que no le importó la orden impuesta por Argemiro y se lo llevó. 

Orlando dice que desde ese momento se esforzó el doble para tener buenas notas, obteniendo como fruto ser el mejor estudiante de la carrera, reconocido con una matrícula de honor.

Con una sonrisa Orlando Díaz evocó que su padre logró “darles carreras universitarias a sus ocho hijos” con el esfuerzo de su trabajo en una colmena en el centro de Maicao, en la que también le tocaba trabajar cuando estaba en época de vacaciones.

“Él no tenía una carrera profesional, por eso quería que sus hijos fueran a la universidad”. Hoy en su familia hay  tres médicos, un abogado, dos ingenieros, una bacterióloga y un arquitecto.

Orlando Díaz Daza, trabaja en el Hospital Metodista de Houston, que ocupa el puesto número 19 de 5.000 hospitales en Estados Unidos.

“La gente cuando me ve no sabe que a mí me tocó repetir –prácticamente- la especialidad en Estados Unidos”.

Reconoció que aquella orden de estudiar medicina que le dio su padre “fue una gran bendición”, lo mejor que le ha podido pasar, aunque en su momento el ímpetu de la juventud lo llevara hacia una ingeniería. 

Con el acordeón terciado hoy no duda en afirmar que nació “para ser médico y eso le fascina”. 

Medicina contra el estrés...
“Cuando me salen casos difíciles o estoy cansado, lo que me alegra es tocar un diomedazo”.

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