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Perfil 30 de Noviembre de 2019

La historia de una barranquillera después de su jubilación

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Ana Cristina Larsen fue gerente Regional de Aviatur por 35 años. Hace poco su vida dio un giro cuando decidió disfrutar de su pensión. Ahora las reuniones con su familia y los viajes entre Europa y Barranquilla son la adicción con la que siempre soñó.

José Cantillo Ferrer - @josecantillof
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“Los destinos no son precisamente los lugares que visitas, son las experiencias que vives allí”, comienza declarando Ana Cristina Larsen con un nuevo aire de frescura y tranquilidad que se evidencia en su expresión y su relato.

Por más de 35 años estuvo a cargo de la gerencia Regional de Aviatur, puesto que mantuvo desde el primer día en la compañía y en donde sumó esfuerzos para impulsar el desarrollo de la ciudad a través del sector privado del turismo.

“Yo era completamente afortunada porque era feliz en lo que hacía, y aún así me pagaban por eso”, dice Ana Cristina, refiriéndose con cierta dosis de emoción a los días de trabajo en el sector turístico. Ella misma considera su antiguo rol como un “vicio”.

Hoy disfruta de las libertades de la jubilación y los viajes vacacionales a distintos países como Portugal, Francia, Alemania, Italia y España. Esa ha sido su constante en estos tiempos. Para muchos, por no decir la mayoría, es el sueño cumplido al final de una carrera laboral.

Entre uno de los destinos que más disfruta se encuentra la Costa Azul Francesa.

Durante 30 años estuvo casada con un catalán, quien dice, le enseñó a enamorarse de la ciudad, de su cultura, sus calles, su gente y que a su vez le dejó uno de los mejores legados que considera tener: una familia.

Es por eso que actualmente reside entre Barranquilla y Barcelona, lugares en donde ha decidido establecerse en un ir y venir recurrente cada seis meses, no solo por el encanto que despierta en ella, sino por el fuerte vínculo familiar que comparte con la ciudad catalana, de donde son y viven dos de sus cuatro nietos.

De Barcelona le encanta el hecho de que tiene todo para hacer: disfrutar de las playas, probar la exquisitez de los restaurantes locales, sentarse a comer bocadillos en cada esquina, recorrer La Rambla, visitar el Mercado de la Boquería, caminar por el Paseo de Gracia y conocer sus hermosas tiendas, admirar la arquitectura de Gaudí, visitar la Sagrada Familia, llegar la Fuente Mágica de Montjuic y otra cantidad de experiencias que hacen parte de una lista extensa e icónica.

Dice que la familia es lo que más extraña cuando no está en Barranquilla.

Hoy dice sentirse feliz de hacer lo que quiere, de compartir con su familia, de ver el mundo con ojos de libertad y sentir que disfruta de todo por lo que un día trabajó.

“Todas las cosas en la vida deben construirse, pero para hacerlas primero hay que soñarlas porque si tú no sabes lo que quieres, nunca lo vas a encontrar”.

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