EL HERALDO SUSCRÍBETESuscríbete a EL HERALDO
El id es:node/157032
Perfil 12 de Septiembre de 2020

La gastronomía y el cielo unen a Marcela y Roger

El usuario es:
Foto: Johhny Olivares

Los amigos barranquilleros hablaron de su experiencia en la aviación y de cómo decidieron emprender con un restaurante con esencia neoyorkina.

Sharon Kalil - Instagram: @sharondkalil
Compartir:

Un avión unió a los amigos barranquilleros Marcela Vargas Gaitán y Roger Lechuga. Ella copiloto y él tripulante de cabina, sin saberlo, cinco años después de conocerse comenzaron a trabajar para cumplir un propósito que tenían en común: emprender.

Trabajaron juntos por varios años en la aviación y, según cuentan, en una de sus paradas en Nueva York descubrieron la tendencia de los carritos halal (se caracterizan por vender comida rápida en las esquinas), por lo que decidieron inspirarse en esta para abrir las puertas de Zaatar Caribe, un restaurante que mezcla la gastronomía mediterránea, europea y árabe con algunos sabores típicos de Colombia.

“Tenía claro que quería vender la comida que cocinaba Roger, pues me parece que es muy deliciosa, pero no sabía a través de qué medio hasta que se nos dio la oportunidad de tener un lugar en el Caimán del Río”, cuenta Marcela.

El secreto de los amigos ha sido tener parámetros para actuar adecuadamente ante las situaciones, orden y confianza. “Recuerdo que cuando nos conocimos solo nos llamábamos como capitán Vargas y auxiliar Lechuga, hasta que tuvimos un espacio fuera del avión en el que pudimos compartir. Hubo una química, una empatía y destruimos un poco la barrera del protocolo”, dice Roger.

Ahora quieren emprender en una extensión de su restaurante, pero con un toque urbano, pues desean experimentar con ‘Food truck’ en varias ciudades del país.

Sobre la aviación, afirmaron que es gratificante ver cómo hay personas que se animan tanto por su trabajo que hasta les piden autógrafos cuando los ven con sus uniformes. A pesar de lo anterior, Marcela cuenta que ha sufrido episodios “machistas” en sus vuelos. “Una vez un hombre se dio cuenta que íbamos a pilotar dos mujeres y dijo que no iba a volar con nosotros y se bajó del avión. Hay más personas felices, pero nunca faltan este tipo de acciones”.

Más de Marcela.  

Su padre fue militar, por lo que durante toda su vida vivió en distintas ciudades dentro y fuera del país. “Mi niñez fue deliciosa porque conocía cada tres años a personas diferentes y estudiaba en colegios nuevos, entonces todo fue muy interesante”.

Cuenta que precisamente esta etapa la motivó a conocer más sobre las personas, el mundo y a “tener carácter” para afrontar su vida.

La aviación llegó a ella cuando cumplió 17 años, incluso a esa edad voló su primer avión. Trabajó en la aerolínea Satena durante dos años y luego en Avianca por tres años.

“Después de estas dos aerolíneas me dediqué a viajar por un año para conocer mucho más del mundo hasta que se me presentó la oportunidad de ingresar a la aviación privada. Hoy día quiero dedicarme a este tipo de aviación y con las horas que tengo de vuelo ya tengo el rango de primer oficial”.

Reconoce que un plus en su vida ha sido el hecho de no tener hijos y esposo, pues en esta área de su carrera que quiere seguir explorando tiene que estar 100% disponible, ya que en cualquier momento puede tener un vuelo. “Tener el control de un avión es lo máximo, escuchar los motores y aterrizar es algo que logra apasionarte y llenarte el alma”.

Más de Roger.

Durante un tiempo se consideró como un ciudadano del mundo, pues solía estar más en un avión que en tierra. Confiesa que llegó a la aviación inesperadamente, pues estudió Administración de Empresas Turísticas y Hoteleras en la Universidad Autónoma del Caribe.

“Me especialicé en Finanzas y soñé incluso con ingresar a la política, pero llegué a Avianca hace 15 años y aún sigo en este camino”.

Asegura que la pandemia lo hizo querer más su trabajo como tripulante de cabina, pues para él volar se convirtió en el todo de su vida.

“En el trabajo me dan una programación mensual y me organizo para cumplir con las preparaciones del restaurante, pues dejó todo listo para que nuestros cocineros únicamente tengan que armar los platos”.    

Y es que la cocina es otra de las pasiones de Roger. Cuenta que en sus vacaciones escolares una de sus actividades favoritas era preparar alimentos con sus familiares. “Hice varios cursos de Cocina en el SENA. Solo me faltó un módulo para graduarme como chef, ese, en realidad, es uno de los proyectos que tengo a corto plazo”.

Mensaje enviado Satisfactoriamente!
REPORTAR UN ERROR O SUGERENCIA