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Perfil 16 de Febrero de 2019

La causa altruista que direcciona Hellen Arana

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Foto: Orlando Amador Rosales

La barranquillera es la directora de una fundación que beneficia a niños con cáncer. En entrevista contó cómo es su labor y qué ha sido lo más gratificante de esta experiencia.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
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“Una casa de esperanza” es la denominación que la administradora de empresas Hellen Arana Karpf le atribuye a la Fundación Casa Hogar Andrea, lugar que alberga a niños con cáncer de 0 a 18 años de diferentes departamentos de la Región Caribe y donde todas las mañanas desempeña su labor como directora.

Desde hace un año y medio ocupa el cargo. Su rol es administrar las áreas de la casa en mención y fomentar una sana convivencia entre los que la habiten. Adicionalmente, le gusta estar al tanto de los procesos de cada pequeño.

Pero, ¿cómo llegó hasta allí? Arana asegura que, como señal divina, un día cualquiera supo de la vacante y no dudó en aspirar al puesto. 

“Cuando me enteré, de inmediato me puse en contacto con la presidente de la fundación y le dije que estaba interesada. Aunque es primera vez que trabajo con este tipo de población, desde que pisé la puerta me enamoré de la causa, de los niños y de las mamás. En realidad la labor que se hace es muy bonita (...) lo más gratificante y que me llena el alma es ver a los niños sonreír y verlos jugar a pesar de las dificultades y las incomodidades que les genera la enfermedad”.

En su proceso como directora de la fundación afirma que lo más difícil que le ha tocado enfrentar es que como ley de vida hoy pueden estar, pero el mañana resulta incierto. Dice que cuando fallecen siente que –en palabras propias– se le arruga el corazón y se llena de impotencia. No obstante, rescata que ese dolor lo transmuta en motivación para seguir luchando por los niños que están o que llegan a casa.

Por otro lado, lo que más admira la barranquillera –quien es también corredora y ha realizado maratones en Nueva York, Miami, San Francisco y Berlín– es la energía que guardan las madres de los niños y la fe que proyectan sin importar el diagnóstico.

“Nunca las veo agotadas y siempre están firmes, cuidando a sus hijos (...) Infortunadamente el sistema de salud del país no funciona como quisiéramos y siento que, por ejemplo, hacer un trasplante de médula si no es con tutela, la EPS no accede y verlas a ellas en su lucha diaria, y al mismo tiempo que sonrían, es algo que no tiene precio; me llena de ilusión. Esto le enseña a uno a valorar la familia y lo que tenemos”.

 

La fundación. La casa, según cuenta Hellen, tiene capacidad para recibir a 16 niños con su acompañante. Por ser sin ánimo de lucro, se sostiene de las donaciones monetarias y alimentarias y de los eventos organizados por la misma institución, que van desde la Caminata de la luz (este año será el 17 de marzo) hasta la Triatlón de la Esperanza. También cuentan con programas que buscan el padrinaje y la venta de productos que tienen como fin la recaudación de fondos. Dentro de los eventos que prevén organizar este año para continuar en la recolección de dinero, está una carrera de 5K o 10K y charlas enfocadas en temas deportivos, nutrición, entrenamiento y experiencias. 

“En la casa le brindamos a los niños el hospedaje, los transportes para que asistan a sus tratamientos, la alimentación y un lugar de esparcimiento con juguetes, donde algunos voluntarios realizan actividades lúdicas. ¿Cómo ingresan los niños? Cuando es remitido a Barranquilla y recibe el diagnóstico que requiere prontamente tratamiento, la clínica se pone en contacto con nosotros informándonos sobre el menor que necesita hospedaje”.

Un ‘rayito de luz’. Hellen asegura que todos los niños que ingresan a la casa provocan grandes sentimientos en su corazón. Pero, existe uno que tiene la capacidad de alegrar sus días, así lo demuestra el brillo que proyectan sus ojos cuando habla de Andru Manjarres.

Los niños de la fundación son el motor que impulsa a Hellen a seguir trabajando por la causa.

“Andru es samario, tiene 16 años y fue diagnosticado con leucemia. Está en la fundación hace un año y medio. Después de batallar con la EPS para que le aprobaran el trasplante de médula, lograron intervenirlo, pero, por ser la tercera recaída de su enfermedad, no obtuvimos los resultados esperados, así que lo mandaron para la casa con cuidados paliativos. Como la esperanza es lo último que se pierde, sigue en la batalla visitando a otros médicos”, manifiesta con voz trémula. 

Cree que él sigue en pie debido a la buena actitud que tiene en todo momento. Lo califica como un guerrero de vida, con fortaleza inquebrantable. Es, para ella, un poeta, excelente escritor, amante de la cocina y un adolescente con grandes sueños.

Consejos. A propósito de que ayer se celebró el Día Internacional del Cáncer Infantil, Hellen recalca la importancia de hacer una detección temprana de la patología. 

“Muchas veces nos confiamos. Cuando los niños presentan morados inexplicables en la piel, con varios días de fiebre, debilidad, cansancio, pérdida de peso e hinchazón en el estómago, es indispensable estar alerta y ponerse firme con los médicos para que se practiquen los exámenes necesarios”.

Por último, menciona que una vez haya una detección temprana y que el menor reciba un tratamiento adecuado, es necesario no desvanecer, pues “el cáncer no es sinónimo de muerte”.

Un sentir...

“Es difícil cuando  los niños fallecen. En ese instante mi corazón se arruga y siento mucha impotencia”.

Un pensamiento...

“Lo último que se tiene que perder en medio de la enfermedad es la esperanza”.

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