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Perfil 01 de Junio de 2019

José Carlo Lapeira: emprendimiento, cocina y sueños

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Foto: César Bolívar

El joven barranquillero de 27 años en la actualidad es propietario del restaurante de comida china Tigre. Habló de sus pasatiempos y del legado que le ha dejado su padre.

Sharon Kalil
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Los alimentos, la gastronomía  y los negocios han sido parte del entorno de José Carlo Lapeira desde muy pequeño, debido a la influencia de su padre, José Gabriel ‘El Tigre’, quien ha tenido más de 30 restaurantes en su vida.

“Mi infancia transcurrió en estos establecimientos. Salía del colegio y me iba a acompañar a mi papá: almorzaba en los restaurantes siempre, estaba en las cocinas, veía todo el movimiento y siempre viví encantado”, contó.

José recordó que, mientras crecía, se emocionaba al ver a la gente picando y cocinando al tiempo, pero también llamaba su atención el área empresarial. Fue por esto que decidió estudiar Administración de Empresas en la EU Business School de Barcelona.

“El tiempo en el que estuve allá lo disfruté porque me acerqué más a la cocina, pues allá comí mucho, probé muchos platos y vinos”.

Al regresar a Colombia, se radicó en Bogotá para trabajar en un banco, en el que, durante dos años, hizo parte de un proyecto sobre ciudades sostenibles, pues el medio ambiente también ha sido una de sus pasiones.

“Regresé a Barranquilla aburrido de la capital y empecé a trabajar en temas de eficiencia energética en otro banco, y me di cuenta que al final eso no era lo mío”, dijo el joven de 27 años.

Renunció y, siguiendo los pasos de su progenitor, decidió abrir un restaurante que funcionó bajo la modalidad de domicilios. “Preparaba los alimentos desde la cocina de mi casa y no tenía mucha experiencia. Comencé a vender los productos y, a medida que pasó el tiempo, aprendí de todo”.

Alternamente y, esta vez junto con su padre, abrió las puertas de un restaurante de comida china llamado Tigre. Poco después, optó por quedarse trabajando únicamente en este emprendimiento, que ya cuenta con una sede en Barranquilla y otra en Bogotá.

El barranquillero se considera como una persona soñadora, visionaria y persistente, que está abierto a nuevas ideas. “Ni en la universidad ni en el colegio se me ocurrió tener este emprendimiento, pues la cocina solo era una pasión”.

El joven aseguró que vive de la comida y para la comida, pues su vida está inclinada en probar cosas nuevas, ir a un restaurante y conocer lugares novedosos.

“Prácticamente no tengo tiempo para nada. Esto de ser emprendedor quita muchas cosas que después te hacen falta, como los amigos, la novia, pues todo el día estás trabajando. Pienso que hay muchos sacrificios, pero al final uno siempre recoge lo que siembra”.

Agregó que la vida de un emprendedor siempre va ser totalmente distinta a la de un empleado porque no se tiene ningún horario y se debe estar pendiente del más mínimo detalle.

“Son muchas cosas las que se deben tener en cuenta a la hora de tomar la decisión de ser un emprendedor (...) pienso que al ver a mi papá toda la vida emprendiendo y solucionando cosas  me he acostumbrado. Yo creo que un emprendedor básicamente lo que hace todo el día es solucionar cosas”.

Rutina. José Carlo inicia su día a las 5:30 o 6:00 de la mañana para escuchar radio, leer periódicos, revistas y redes sociales, y así estar actualizado en cuanto a temas políticos y financieros, etc.

“Desayuno siempre lo mismo: avena y huevos porque siento que eso es lo que necesita mi cuerpo, salgo a caminar y, mientras lo hago, medito y tomo decisiones”.

Luego, visita los restaurantes para estar atento a eventualidades. “En la actualidad vivo en Bogotá, pero estoy viniendo una vez a la semana a Barranquilla porque estamos en familia a punto de emprender con un restaurante de comida mediterránea llamado Azul del Prado, que estará ubicado en el antiguo salón Andaluz del Hotel El Prado”.

José Carlo aconsejó a los jóvenes que quieran emprender que “no tengan miedo a lanzarse por sus ideas y pasiones. Hay que dejar el miedo al lado y atreverse. Siempre va haber críticas, gente envidiosa, pero eso da mucha más fuerza”.

Otros pasatiempos que tiene el barranquillero son jugar fútbol, ir a la playa, nadar, caminar, coleccionar carros antiguos y, en general, estar muy activo. “Todo el día estoy escuchando música porque me ayuda a relajarme, me gusta el jazz y la música tranquila. También disfruto estar solo”.

En cuanto a sus sueños, resaltó que quiere ser una persona que ayude a mucha gente porque el hacerlo “llena” su vida. También desea hacer crecer su negocio, pues se considera una persona muy ambiciosa que siempre le apunta a lo más alto.

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