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Perfil 26 de Octubre de 2019

Federico Rivera y la pintura que hace de sus sentimientos

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Foto: Orlando Amador Rosales

El barranquillero cuenta con más de 30 años de experiencia artística. Actualmente se encuentra redescubriendo un nuevo lenguaje en sus obras que —como lo explica— está relacionado con la vida, el universo, la naturaleza y el todo.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
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En el número 39 se resumen los años de experiencia del barranquillero Federico Rivera Villamizar. En sus recuerdos guarda el instante en el que empezó a sentir una fuerte inclinación  por el arte.

“Desde muy niño comencé a tener una fuerte inclinación hacia la pintura, justo cuando hacía carritos de carrera. Cuando egresé del colegio, esa pasión tuve que lucharla porque mi padre no aceptaba que su hijo iniciara estudios en Bellas Artes, debido al estigma que había. Recuerdo que en el colegio mi profesor de pintura era Guillermo Ardila y era quien me pasaba constantemente al tablero y con quien hacía dibujos en la calle, así que sin duda me fue influenciando”.

Obedeciendo la voluntad de su padre asegura que estudió Arquitectura, carrera que sirvió como puente para que empezara a explorar la acuarela arquitectónica, de la mano de Carlos Garrido. Finalizando la universidad tuvo su primera cercanía a la acuarela artística, a través de cursos dictados por Manuel De los Ríos.

En 1980, cuando sentía a flor de piel  amor por la acuarela, se arriesgó a hacer parte de algunos eventos de pintura, por vez primera, que tenían lugar en la universidad. Tres años después recibió la llamada de un amigo que lo invitó a participar en dos exposiciones que se realizarían en la ciudad de Medellín.

“Una era de acuarela y la otra era de arte joven. Mis obras quedaron seleccionadas y, para mi sorpresa, las obras que presenté en acuarela ganaron en las dos modalidades (...) hoy día rememoro los momentos en los que Manuel De los Ríos me premiaba dejándome apreciar cada instante en el que pintaba desde el interior de su estudio; en este proceso aprendí sobre el trabajo del color y de la composición, así como de la humedad del papel y del pincel”.

Luego, asegura que tuvo la oportunidad de participar en diferentes exposiciones a nivel nacional. Ha ganado un gran número de reconocimientos y, en 2013, hizo parte de la Bienal de Arte Contemporáneo en Florencia.

Junto a algunas de sus obras, Federico asegura que en el arte las personas deben esforzarse, ser constantes y nunca bajar la guardia.

“En la bienal de 2014, ya inscrito e invitado a otro evento que ellos tienen llamado Pequeñas Maravillas, en el que se manejan obras libres y de formatos pequeños, me sorprendí porque me habían enviado un correo en el que me decían que era la persona que se había ganado el primer premio (...) en la Bienal volví a participar durante dos años más”. 

Considera que se nace con el don y se pule con los conocimientos adquiridos en la academia. Añade que el trazo del dibujante es suave y, a partir de ahí, se selecciona la forma. Viajar es —para él— la mejor terapia para ampliar la visión sobre el arte y enriquecer el conocimiento, de hecho le gusta hacerlo en compañía de su cámara Nikon profesional que es esencial a la hora de capturar diferentes imágenes.
También advierte que en el arte las personas deben esforzarse y ser constantes, sin bajar la guardia porque, al final del día, “nada es fácil”.

En su arte ha tenido diversas transiciones. Le ha apostado a lo surrealista haciendo homenaje al pintor Salvador Dalí, a lo barroco de Diego Velázquez, pasando por el impresionismo, el realismo y llegando al expresionismo figurativo y el abstracto. Asimismo, ha trabajado las técnicas de la acuarela, y el óleo tanto con espátula como con el “goteo”, entre otros.

Su presente. Hoy día trabaja en una serie que ha llamado como Creació “Máquinas”, que empezó en 2018 y que ha cobrado un valor incalculable para su vida.

“Llegar a este punto con esta obra es totalmente interesante porque a pesar de que tengo más de tres décadas, he estado en una búsqueda para llegar a este punto que me ha tomado mucho tiempo. Y tiene un gran significado para mí porque he tenido una serie de experiencias espirituales que me han llevado a adoptar un lenguaje particular, que he plasmado en la obra”. 

Ese lenguaje del que habla está ligado con el cielo, el universo, la creación y la vida. Federico describe una de las piezas de la serie en mención y dice que en ellas hay música, sonidos, frutas, cielo, rugido, hay formas geométricas, entre otros elementos que la conforman.

Cuando la musa llega a él, dice que lo siente internamente una vez, dos veces y cuando llega a la tercera, debe ponerse manos a la obra para hacer lo que siente, pues de lo contrario puede esfumarse en un abrir y cerrar de ojos.

Considera que siempre se encuentra creando. Cree que en su proceso no necesita ingerir ninguna sustancia para dejar fluir su imaginación. Asegura que cuando las ideas caen como cascada  en su mente, recurre a las notas del celular para plasmarlas.

“En mis pinturas no solo busco equilibrio en los colores, también busco una serie de elementos que conforman mi vida interior, y mi vida exterior que tiene que ver con la comunidad y con la naturaleza. Yo tengo algo claro y es que si estamos bien con Dios, la naturaleza nos sirve”. 

Un pensamiento...
“Para ser artista se necesita tener el don y luego debe perfeccionarse con la academia”.

Actualmente...
“Trabajo en una serie  llamada ‘Creación “Máquinas”, que tiene un nuevo lenguaje”.

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