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Perfil 28 de Abril de 2018

"Estoy completamente enamorado de mi Valledupar”

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Foto: Néstor De Ávila

Efraín Quintero Molina posa sonriendo y luciendo la gorra del Festival de la Leyenda Vallenata.

Carolina Vargas Hormaza - @caritovargash

Este valduparense ‘de pura cepa’ es arquitecto, artista plástico, amante a sus tradiciones y miembro de la Fundación del Festival de la Leyenda Vallenata desde que se fundó en el año 1986.

Desde el siete de agosto de 1952, día en el que nació Efraín Quintero Molina, ya corría por sus venas el sabor del vallenato. 
 
Dentro de su árbol genealógico se pueden rescatar tanto de la familia Quintero, como de la familia Molina, personajes claves de la historia política y cultural de la capital del Cesar. 
 
Su madre Graciela Molina, una mujer de Patillal, prima hermana de Jaime Molina y su padre Efraín Quintero Araújo, primo hermano de ‘La cacica’ Consuelo Araújo. 
 
“Yo soy un vallenato, un vallenato pero de los natos”, expresó con orgullo Efraín, quién además de ser el vicepresidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata, es arquitecto de profesión y artista plástico.
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“Estudié Arquitectura en la Javeriana y en el año 74 fuimos por primera vez con un grupo de amigos al Museo de Arte en Cartagena, en ese momento inicié mi carrera como artista plástico”, agregó.
 
Sus obras de expresionismo figurativo siempre han tenido impreso el sello vallenato que lo caracteriza, el paisaje de su Valledupar es una de las cosas que más lo inspira.
 
“Yo soy un enamorado de mi tierra, cuando pinto utilizo sus colores. A pesar de ser muy universal pintar paisajes, la temática mía siempre ha sido plasmarlos de manera mucho más abstracta y figurativa”, explicó Quintero.
 
Ese mismo amor por su tierra y por la música vallenata, lo llevó desde pequeño, exactamente en el año 69, a crear sus primeros vínculos con la organización de ese entonces del Festival Vallenato.
 
Momento en el que Efraín, cuenta, entró por primera vez a ser parte del Festival de la Leyenda Vallenata cuando empezó a colaborar como estudiante. “Íbamos con un grupo de amigos a Bogotá, a promocionar el festival. Apoyábamos todas las manifestaciones del festival”.
 
Esa pasión por las tradiciones que empezó a formarse desde que él estaba en el vientre de su madre, era mucho más fuerte de lo que se imaginaba, Efraín sabía que ese vínculo apenas empezaba a formarse y nunca más se iba a romper.
 
“Para nosotros el vallenato es como un ‘avichucho’ que se te mete dentro de la piel y nunca sale. Desde pequeño veía las parrandas de nuestros papás que cultivaban siempre ese espíritu parrandero. Por eso el vallenato nació conmigo y seguirá conmigo”, manifestó Efraín.
 
Fue en el año 81 cuando regresó de los Estados Unidos, donde vivió aproximadamente seis años, que continuó trabajando para fortalecer y mantener las tradiciones de su tierra. Así pues, en el año 86, cuando se fundó la Fundación del Festival de la Leyenda Vallenata, lo convocaron inmediatamente para ser parte de ella.
 
 
 
 
“Al momento de crear la fundación, automáticamente me llamaron y desde ese momento soy miembro de ella. En el 2004 me nombraron como vicepresidente y así vengo acompañando a Rodolfo Molina (presidente)”, describió Quintero. 
 
Sin duda aquel evento de expresión folclórica más importante que tiene la cultura vallenata y que contaba, según explica su vicepresidente, con tan solo 14 participantes, ha venido creciendo en gran medida, regalándole a la música de acordeón cada vez un mayor reconocimiento. 
 
Hoy día cuenta, según las palabras de Efraín, con aproximadamente 400 participantes entre las diferentes categorías.
 
“El vallenato lo parió la provincia, pero Valledupar lo acogió y lo amamantó”, asegura Quintero con total orgullo. “Para nosotros es de mucho honor y defendemos a capa y espada esa actividad que hemos desarrollado por tradición”.
 
Carrera artística
A Efraín Quintero Molina también le apasiona el arte. En el año 74 obtuvo su primer reconocimiento como artista plástico y ha expuesto sus obras de expresionismo figurativo en diferentes partes de Colombia. Trabaja el óleo, el acrílico, el lápiz y el carboncillo, siempre enfocado en representar los paisajes del departamento del Cesar de una manera abstracta.

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