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Perfil 03 de Mayo de 2014

El compositor y acordeonista que hizo de su casa un museo vallenato

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Foto: Néstor de Ávila

Lilibeth Hernández García / lilibeth.hernandez@elheraldo.co
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Alberto Murgas, con el apoyo de su familia y amigos, convirtió su casa en el Museo del Acordeón. Comparte su experiencia a propósito de la clausura del Festival Vallenato.

Para hablar de cómo inició el Museo del Acordeón en Valledupar, su fundador  Alberto Murgas dice que tiene que hacer un poco de historia: “En 1982 le compré un acordeón a mi hijo “Beto (quien hizo parte del dúo musical Gussi & Beto). En esa época tenía cinco años. Él me la rechazó porque quería un acordeón grande”.

En la comodidad de la que sigue siendo su casa, y en la que al mismo tiempo funciona el Museo, Murgas explica que con el suceso antes mencionado nacieron sus intenciones de tener un espacio para el folclor.

“Cuando realizo las visitas guiadas, y en la identificación de los instrumentos, le doy gracias por habérmela rechazado, porque lo que hice fue guardarla y en otra oportunidad me fui para donde Ovidio Granados, técnico de acordeones, a llevar uno de los míos para que me lo arreglara. Estando allí me encontré uno más viejo que el que yo le había regalado a mi hijo, que era un diseño de los años 30, y el que encontré ahí era como de 1910. Curiosamente lo había dejado abandonado un indígena arhuaco, porque ellos también los interpretan pero de los más antiguos...”.

Dice que con estos instrumentos se remontó a su niñez, cuando veía en la Serranía del Perijá a los juglares. Recuerda que, precisamente, con uno de esos fue con el que aprendió a tocarlo.

Después de este gran hallazgo realizó un trabajo de campo con los “juglares más viejos”. En esta lista cita a Pacho Rada, Lorenzo Morales y Emiliano Zuleta Baquero. “Todos ellos podían hablarme de cómo eran los acordeones de antes”.

Al trabajo de investigación le siguieron muchas inquietudes que compartió con sus seres queridos y también con amigos conocedores de la música vallenata.


Beto Murgas se complace mostrando a los visitantes cada espacio del museo.

Un día queriendo hacer algo por el folclor del Caribe colombiano le comunicó a su esposa las ganas de hacer de su casa un museo para mostrar los diferentes ejemplares que hay en el mundo. La respuesta fue positiva.

En la colección de este hombre nacido en Villanueva (La Guajira), quien además es un destacado compositor, están unos acordeones “cromáticos, de 120 bajos de notas, que me dio el maestro Andrés ‘Turco’ Gil, fundador de la Academia de Música Vallenata que lleva su mismo nombre. Los trajo desde Castelfidardo (Italia). En esta tierra también viven de su fabricación”.

En la apertura del museo, durante el Festival Vallenato de 2013, contó con la presencia de ejecutivos de la Hohner en Colombia, empresa autoridad en la creación de estos instrumentos en el mundo.

Así mismo, sus amigos empezaron a donarle ejemplares. “En el museo, ubicado en el barrio San Joaquín, permanecen instrumentos que fueron donados por Félix Carrillo, Emilianito Zuleta, Nelson Gnecco y Jesús Namén, entre otros”.

En esta misma lista de agradecimientos menciona a los gestores culturales y escritores como Tomás Darío Gutiérrez, “quien me regaló una investigación etnográfica de la Sierra Nevada, y Jacobo Solano, uien me cedió unas fotografías de juglares contemporáneos”.

Reitera que en este mismo escenario los visitantes pueden encontrar varias salas que muestran la evolución de los equipos fonográficos, con los que grababan la música vallenata. En la pared, sobre cuadro de madera talladas, también permanecen los dichos más populares del hombre vallenato. En otro espacio tienen lugar los grandes juglares vallenatos.


Beto Murgas rodeado de su esposa Rosa de Murgas; de sus hijos, Milena y Alberto José Murgas; y de su nieta, Daniella Rosa, en su casa y Museo del Acordeón.

Por último, Alberto ‘Beto’ Murgas advierte que en su museo “solo falta el bandoneón, que es el instrumento con el que se interpretan el tango, que se parece mucho a la concertina”.

Además agrega que sigue a la espera de que el samario Carlos Vives le envíe un Grammy Vallenato que le prometió para exhibirlo, así como un acordeón. 

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