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Perfil 26 de Abril de 2014

Cuando la pasión por el folclor vallenato y un apellido son el legado

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Foto: Néstor De Ávila

El acordeonista José Fernando ‘Morre’ Romero, perteneciente a la dinastía Romero, hace un año fundó una academia para contribuir con la preservación de la música vallenata.

Lilibeth Hernández García / Correo: lilibeth.hernandez@elheraldo.co

José Fernando Romero Quintero nació en Valledupar y más allá de haber nacido en esta tierra, que por sí sola se relaciona con la música vallenata, lleva en sus venas amor y pasión por el folclor propio del Caribe colombiano.

Ad portas de la edición 47 del Festival de la Leyenda Vallenata, que será del 29 de abril al 3 de mayo, en la capital del Cesar, José Fernando entra en sus recuerdos familiares para justificar su entrega por la música de acordeón.

Dice que en casa de sus abuelos, en Villanueva (Guajira) siempre sonaban las melodías de este instrumento melodioso. “Si no era a la entrada era a la salida de la casa”, explica.

Con los años y sumergido cultural y familiarmente en el folclor vallenato, creció sabiendo que lo suyo iba por el mismo camino que habían escogido su papá, sus tíos, primos y demás integrantes de la dinastía Romero, de la que se siente más que orgulloso, “honrado”.

“En mi familia paterna son ocho hermanos. Mi papá, Rafael Romero, es el mayor y el que comenzó con la música. Claro, después de mi abuelo, Escolástico Romero, quien además de interpretar el acordeón, lo arreglaba”.

En este momento de la entrevista, en su casa de Valledupar, José Fernando, quien es bien conocido como Morre Romero, explica que la tarima principal de Villanueva lleva el nombre de su abuelo, en homenaje al gran legado musical que gestó.

Siguiendo con el hilo de la conversación expresa que desde antes de cumplir seis años empezó a sacarle sones al acordeón. “Mi mamá cuenta que yo me quedaba dormido al lado del instrumento”.

Reconociendo su gran pasión y con el ánimo de perfeccionarse, José Fernando decidió estudiar música en la Universidad Nacional de Bogotá. En este alma máter recibió clases con grandes maestros. El Papa Pastor, que es el bajista de Carlos Vives, fue uno de los que lo animó para entrar a la academia.


En la calidez de su hogar, Morre Romero con su esposa Paulina Cabello y sus hijos José Rafael y Fernanda.

“Esta carrera  es igual de compleja que otras, solo que todas las cátedras giran en torno a la dirección, composición, investigación y enseñanza musical”.

Romero Quintero es claro en decir que alcanzó a culminar los estudios básicos, que incluyen ocho semestres. Le faltaron los dos últimos que corresponden al trabajo de grado I y II, pues luego de la muerte del cantante Rafael Orozco, su tío Israel Romero lo llamó para que hiciera parte de la nueva generación del Binomio de Oro, para que entre los dos realizaran un show de acordeones.

Con esto llegó el éxito y también las presentaciones. “Empecé a recorrer Colombia y a cumplir giras en el exterior, que se extendían por varios meses”.

Sin embargo, dice, que su interés por dedicarse a la academia seguía latente.

¡Hoy es una realidad! Después de nueve años en el Binomio de Oro y de tres como fórmula del cantante Nelson Velásquez, decidió crear la Academia Musical Dinastía Romero, donde niños, jóvenes y adultos aprenden a interpretar acordeón, piano, guitarra y percusión. Además reciben clases de técnica vocal e historia de la música.

Expresa que como valor agregado incluye dos ejes: teoría y práctica, que van de la mano de los integrantes de la familia entre los que están  Rafael, Norberto y José Fernando ‘Morre’ Romero, y del profesor Apolinar García.

Con ánimos de profundizar de manera académica, adicionalmente, realizan  talleres especializados que garantizan el conocimiento integral de la música con énfasis en la vallenata, pero con preparación para todos los géneros.

Siente que esta escuela, ubicada en el barrio San Joaquín, en Valledupar, es una deuda saldada con él mismo, pero que no la creó antes por no tener los recursos necesarios. “Quería que los estudiantes contaran con instrumentos nuevos, con un espacio amplio y cómodo, para que se sintieran a gusto, y con docentes preparados”.

Siendo consecuente con su labor social, los jueves, la cátedra de acordeón la dicta a diez niños especiales.

“Mi proyección es conformar con ellos una agrupación vallenata. Quiero que sean el grupo bandera de la escuela y que viajemos por todo el mundo, representando al país”.

Hogar musical. Morre Romero en tono orgulloso dice que su hogar no es casa de herrero, como dice el refrán popular, pues allí los acordes del piano y el acordeón suenan en cualquier momento. La interpretación corre por cuenta de sus hijos José Rafael, de 12 años, y Fernanda, de 9, quienes ya empiezan a dar muestras de su talento. Mientras que su esposa Paulina Cabello es la encargada de apoyarlos e incentivar sus aptitudes.

LA ESCUELA

José Fernando ‘Morre’ Romero, con esta iniciativa musical, desea seguir formando a los niños para que desarrollen sus talentos. En sus palabras todos tienen aptitudes para el arte musical, solo que necesitan conocer la teoría y desarrollarla a través de la práctica. “Para esto es necesario disposición y disciplina”. 

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