EL HERALDO SUSCRÍBETESuscríbete a EL HERALDO
El id es:node/155670
Perfil 21 de Marzo de 2020

Carlos López, la primera semilla de Kiwanis en Barranquilla

El usuario es:
Foto: Orlando Amador

Gracias a la iniciativa de este médico y su equipo, 1.800 niños de barrios vulnerables han podido terminar la primaria en la ciudad y más de 9.000 se han visto beneficiados por los diferentes programas sociales.

Jandy Aponte Leguízamo - Instagram: @Jayuaple
Compartir:

Con más de 80 años, Carlos Alberto López Pinto conserva su buen sentido del humor y carisma. Durante toda la vida, su corazón ha resguardado dos cosas que en vez de debilitarse se aferran a él con más fuerza: la generosidad y el amor por su esposa, una mujer belga quien hoy día tiene 90 años y es psiquiatra. 

Nació el 6 de julio en Duitama (Boyacá) y estudió medicina en la Universidad Javeriana, aunque culminó su carrera en Madrid (España). Hoy, López es médico especialista en Neurocirugía y Neurología. 
Durante una visita a Canadá conoció a alguien que hacía parte de Kiwanis, una organización que por medio de trabajos sociales y construcción de colegios, ayuda a niños de distintas partes del mundo. 

“Me dijo que quería que hablara en su club sobre Colombia. Decidí entonces presentarme y llevarles una muestra del café. Quedé muy entusiasmado con esa reunión. Empezaron a decirme que querían que impulsara Kiwanis aquí en Colombia”. 

Después de un tiempo decidió regresar a su país para cumplir con un contrato en la Universidad Industrial de Santander (Bucaramanga) como docente. Descubrió entonces que en esa ciudad se encontraba el primer club Kiwanis fundado en Suramérica. 

Carlos Pinto supo que si se instalaba en otra ciudad, procuraría sembrar su propia semilla. Fue así que empezó a germinarla en Barranquilla, lugar donde años después se erradicó porque siempre consideró que era “una ciudad abierta, cosmopolita y porque acogía muy bien a las personas extranjeras”. 

Gracias a sus amistades, el médico empezó a conocer a muchas más personas en la capital del Atlántico. En una reunión donde hablaría de vinos,  decidió exponerles su intención de ser el fundador del primer club Kiwanis en Barranquilla. 

Dos de los asistentes ya abanderaban iniciativas en pro de la construcción de colegios para los niños pobres, pero al final decidieron que su trabajo comunitario haría parte del  proyecto del neurólogo. 
Fue así como el 15 de agosto de 1971 y  junto a 23 personas de la ciudad, Carlos López inició su trabajo a favor de los más pequeños en el Atlántico. 

Gracias al trabajo conjunto de los comités que se crearon dentro del equipo, se logró gestionar un terreno para que posteriormente iniciara la construcción de un centro educativo en donde menores de estratos bajos pudieran recibir educación. 

Una vez establecido el colegio, los hombres y mujeres que trabajaban de la mano con el profesional, se encargan desde entonces del mantenimiento y el sostenimiento de la escuela. 

Eventos como rifas y bingos son algunas de las actividades implementadas para poder recaudar los fondos suficientes y aportar económicamente a la iniciativa. Las gestiones realizadas por parte de algunas empresas privadas y la Secretaría de Educación también han sido de gran ayuda para este grupo de personas. 

“Para ser parte del club lo único que tienes que ser es buena gente y querer servir”. 

Este profesional confiesa que es amante al vino y le gusta viajar a muchas partes.  Durante años vivió en Europa.

Gracias a la labor de este Boyacense muchos otros profesionales se sumaron a sembrar su propia semilla en la costa Caribe y en otras partes del país. Durante mucho tiempo, en Barranquilla su club llegó a tener hasta 60 socios. 

El Congreso y el Senado de la República han hecho entrega de algunos reconocimientos a los miembros de este club por su trabajo. También han recibido condecoraciones por parte de la Gobernación del Atlántico y han recibido premios como La Medalla Cívica. 

Con más que satisfacción hoy puede decir que 1.800 niños han tenido la oportunidad de graduarse de primaria en el colegio Kiwanis, y más de 9.000 se han visto beneficiados por las distintas labores sociales que ha liderado junto con su equipo. 

“Poder estar en un grado de estos niños es muy hermoso y motivador”. 

Pinto señala que una de las mayores problemáticas en medio de su trabajo es la indiferencia y la falta de comunicación. Para él, poder hacer que las personas reconozcan más a Kiwanis es una meta que anhela cumplir. 

Otros de sus mas grandes propósitos es poder construir más colegios, ya que por problemáticas y fallas geológicas no pudo seguir ampliando la escuela que administra junto a los miembros de su comité. 

En Puerto Colombia logró construir otro colegio, pero por falta de recursos tuvo que cerrar. Desde entonces, espera poder edificar allí un centro cultural o que los mas pequeños que no tengan donde recibir sus clases puedan tomarlas en ese lugar. 

“Espero poder lograr una renovación porque ya que estamos muy mayores. Queremos que esto perdure. Este año tenemos un proyecto que es servir a los niños discapacitados a través de un club que se ocupe de enseñarles a no depender de nadie y demostrarles que soy muy importantes”.

López Pinto confiesa que desde muy pequeño, por naturaleza, ha estado dispuesto a servir. En su casa siempre eran bien recibidas todas las visitas, y mientras vivió en Europa muchos reconocían su hogar como “el consulado de Colombia”, por las múltiples personas que se hospedaban allí. 

Finalmente, este médico aconseja tener el corazón abierto, porque la felicidad para él radica en poder servir. “Es más feliz uno dando que recibiendo. De eso de trata la vida, de poder dar y dar”. GC

Temas tratados

Mensaje enviado Satisfactoriamente!
REPORTAR UN ERROR O SUGERENCIA