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Perfil 31 de Octubre de 2020

Atemporalidad y sostenibilidad ambiental: la filosofía de Adriana Castro

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Foto: Andrés Henao y Carlos Malaver

La diseñadora trabaja por impulsar la mano de obra colombiana. Recientemente lanzó al mercado su colección "Le Testament", que rinde homenaje a Gabriel García Márquez.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
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¡Fue una paradoja! Así lo manifestó la barranquillera Adriana Castro, de 38 años, cuando, a través de la bocina de su celular, explicaba cómo estudió Economía y luego se dedicó al Diseño de Accesorios. Y es que aunque pueden parecer carreras contrarias, estima que en el camino de la vida descubrió cómo una complementa la otra.

A la edad de 17 se marchó de Barranquilla para iniciar estudios de Economía, en los Estados Unidos. Al egresar logró ejercer, pero una inquietud, la misma que a muchos logra estremecer y los lleva a seguir su “pasión", persiguir sus "sueños”.

“Yo sentí que era momento de crear, de ver, de sentir a través de mis emociones, de estar en movimiento constante, y de alejarme de un escritorio y un encierro en cuatro paredes. Así que decidí salirme de mi zona de confort y un día, de casualidad, sentí que mi camino estaba en el diseño, en la creación de cosas”.

Empezó en el sector de la marroquinería hace 10 años, tiempo que traduce como “una aventura” y un viaje en el que se ha atrevido a experimentar y a explorar diferentes piezas con su marca homónima. Explica que su proceso ha sido una ruta cargada de aprendizajes, de autodescubrimiento, evolución personal y profesional, lo que ha conllevado a que sus bolsos y accesorios hayan llegado a manos de celebridades como Sarah Jessica Parker, Jennifer López, Kendall Jenner y Eva Longoria. 

Ha sido también —para ella— “un jarroncito de gratitud”, debido a que en el camino ha tenido la oportunidad de conocer a muchas personas, de enfocarse en el trabajo artesanal de Colombia, de ser mediadora del talento y de lograr fusiones con quienes se ganan la vida haciendo piezas a mano, como ha sido el caso de, por mencionar solo una, la Asociación de Artesanas Arte y Tejido de Chorrera (Atlántico).

Durante la cuarentena —cuenta— se dedicó a crear. Materializó una camisa clásica y blanca que decidió llamar "La coronel". Esta, que era personalizada con un bordado realizado por una barranquillera, contaba con mensajes de preferencia de quien la adquiriera.

“Fue todo un experimento maravilloso y divertido. Conocí muchas historias de personas que seguían la marca y que de pronto no compraban un bolso, pero estaban esperando algo más de Adriana Castro (...) Quien quisiera podía inmortalizar sus historias, secretos o inspiraciones en el bolsillo, en el cuello, en el puño, donde gustara. Fue descubrir un universo adicional que no teníamos anteriormente. Yo hice varias para mí; a una le puse “Caribeña”, a otra ‘Love letters’, y “Un día a la vez”. Se volvió como mi uniforme”.

Aunque ha trabajado de la mano con artesanos de España e Italia, asegura que la mayoría de sus productos son logrados gracias a la mano de obra colombiana que, como ella lo indica, ha sido “del Caribe para el mundo”. Explica que ha logrado exportar a varios países del Medio Oriente y ha hecho presencia en varios portales internacionales, como es el caso de Moda Operandi, que llega a todos los rincones del mundo.

Su presente. A inicios del mes de octubre lanzó "Le Testament", una colección de seis piezas (cinco bolsos y un cinturón) que prefiere ponerle la etiqueta de “familia”, pues ella, junto con su equipo, asegura que no elaboran bolsos alrededor de las temporadas porque “todo lo que haga” debe ser fiel a su esencia caribeña.

Le Testament se configura como parte de su testamento, que emergió durante este año que ha sido “un periodo para reflexionar sobre la existencia y para concluir qué es lo que dejaremos como legado”.

Añade que fue inspirado en el nobel de literatura Gabriel García Márquez, un escritor que apareció en su vida de pequeña, justamente al sumergirse en la oficina de su abuelo paterno, quien albergaba una biblioteca en Valledupar (Cesar).

“A mis pocos años de edad empecé a explorar los libros del cataquero y no sé qué tipo de información extraía en ese momento porque cada vez que uno lee sus textos, encuentra detalles nuevos. Le Testament surgió por él, por esa fascinación que siempre he sentido por su destreza a la hora de contar historias. Pero por otro lado también estaba un libro de Rafael Escalona, que contenía sus letras escritas que leía una y otra vez, y que se fueron clavando en mi memoria”.

Castro agrega que Le Testament cuenta con piezas de materiales “nobles y duraderos”, que dio a luz al volver a tener presente a Gabo, pero de una manera distinta. Fue básicamente recrear esas historias que surgieron alrededor del escritor en los años 50, al residir en parís (Francia).

La diseñadora se "saborea" los libros del escritor de Aracataca, su favorito es ‘El coronel no tiene quien le escriba’. Especifica que cuando lo descubrió decidió estudiar cómo se dieron las circunstancias de su estadía en París, sin tener recursos, simplemente permaneciendo inmerso en su mundo, con una capacidad “impecable” de creación, obviando los factores externos como las dificultades económicas, y escribiendo ese texto que en parte retrata su realidad en aquella época.

Dentro de las piezas que comprenden Le testament dice que hay un bolso llamado Monseur, dedicado al autor de ‘Cien años de soledad’. Este —señala— es no binario y cuenta con muchos bolsillos secretos que hacen alusión “a esas cartas que se guardan y que hacen parte de los secretos de las personas”. A su vez tiene otro bolso que recibe el nombre de Mercedes, que rinde tributo al eterno amor de Gabo. Para materializarlo intentó ponerse en los zapatos del escritor para imaginar un bolso que fuera Mercedes, es así como, desde esa óptica, le surgieron ideas para contextualizar a una mujer “espectacular, bella, aterrizada y con curvas”, como su bolso.

Hay un tercer bolso, Alicia, que rinde homenaje al maestro Alejo Durán y al vallenato que “era uno de los favoritas de Gabo”. Este lo matertializó tomando la paleta de color de los dorados que cubren a “Alicia adorada”.

“Hay otro llamado La Morenita, que recrea la primera estrofa de la canción ‘El Testamento’ de Rafael Escalona, y que es un mini ‘bag’, lleno de divisiones, en versión ‘petite’. En este mezclo el dorado con el negro, haciendo referencia a la miseria dorada que se le puede llamar a esa vida de García Márquez en los años 50, en París. Por último tenemos a Tachia Quintanar, que fue una persona clave en esos momentos de la vida de Gabo, quien le brindó su apoyo. Era una mujer esbelta y alta, así que de ahí salió un bolso más alargado, pensando en uno que ella usara en su época. Por último tenemos a La jefa, que es un cinturón funcional, con un bolsillo secreto interior, que hace homenaje a la amistad que tenía Plinio Apuleyo con Gabo. Él era la persona que le ponía la ley, el que lo ponía en cintura”.

Adriana realiza sus piezas y se divierte. Considera que ahí se encierra la magia de crear, haciendo uso de la imaginación, recreando otros mundos y siempre imprimiéndole ese realismo mágico en el que ha estado sumergida por muchos años.

Un bolso —para ella— es un tesoro que cada persona lleva consigo, que puede ser cedido de generación en generación y que puede contar mil historias.

Su marca homónima cuenta con la filosofía de la atemporalidad, la sostenibilidad y las producciones responsables, tres conceptos que fueron esenciales para ella durante la cuarentena.

“Irónicamente siento que con la pandemia ha habido un interés mayor de las personas por la marca gracias a esa filosofía que hemos impulsado por muchos años. Así que de alguna manera nos ha ayudado a que los compradores despierten ese interés por ese ideal que en esencia es el futuro de la moda, de la producción responsable, de crear piezas que trasciendan y de apoyar a las comunidades artesanales de Colombia, así que de alguna manera ha sido beneficioso, aunque es irrefutable el hecho de que ha sido un momento difícil para todos”.

Adriana disfruta leer, ejercitarse, compartir tiempo con su familia en Barranquilla y sacar fotografías durante sus viajes, esas que cuentan una historia que en un futuro no lejano le permita volver a ellas, crear y plasmar en su arte “un bello recuento”.

 
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