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Perfil 12 de Septiembre de 2020

Aco Pérez, un ‘Pluma Blanca’ frente a la cámara

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Foto: Jesús Lora

Taciturno en Bogotá, pero parrandero en su natal Valledupar, el niño que se inspiró en Hannibal Lecter sorprende con sus personajes que van desde un estilista gay a un mafioso marimbero. Esta es su historia.

Loraine Obregón Donado - Instagram:@soyloraineo
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De pequeño Heráldico Pérez recitaba los parlamentos de Anthony Hopskins en ‘El silencio de los inocentes’. ‘Aco’, como se le identifica en la televisión colombiana, tenía en su mente los diálogos del psicópata asesino Hannibal Lecter y la agente del FBI Clarice M. Starling. 

Esa interpretación la repetía enfrente del espejo para luego replicarla frente a su hermano menor, quien “terminaba intimidado”.

“Ese gusto por las artes escénicas lo tenía clarísimo, incluso, desde el colegio. Yo creo que por eso hoy día mis compañeros no se sorprenden de verme en la televisión colombiana (...) terminé el bachillerato, luego decidí formarme como actor en Bogotá y después me fui a especializar a España”.

En esta historia su madre Naty Villamizar jugó un papel fundamental. Para él ella siempre tuvo visión. Fue su soporte y su “alcahueta” cuando salió de Colombia en busca de su título como Especialista en Actuación.

“Mi mamá no ha sido cercana a este universo, aun así me apoyó. En cambio mi papá, Jaime Pérez Parodi, sí. Él perteneció al folclor y desde muy joven hizo teatro, logrando ser un fonomímico muy reconocido en la Costa Caribe”.

La primera producción televisiva que le abrió las puertas a Aco, luego de regresar del país ibérico, fue ‘Padres e Hijos’, en su última temporada. Ahí logró participar en algunos capítulos. Más tarde llegaron más oportunidades con ‘Tierra de cantores’, ‘Chepe Fortuna’ y ‘Todo es prestao’.

Hace un balance de toda su experiencia en las artes escénicas y destaca que lo más satisfactorio es haberse convertido en actor, y ser en la actualidad amigo y compañero de actores que de niño creía inalcanzables.

“Me enorgullece poder vivir de la actuación, pues es muy complejo mantenerse activo en el medio (...) para mí es satisfactorio haber hecho personajes que se han quedado en la memoria y en el corazón de la gente porque no es fácil lograrlo. Los más representativos para el público han sido: El Pluma Blanca, de ‘Diomedes, el Cacique de La Junta’; Alexis, en ‘La playita’, y Danniel Parodi, en ‘Rafael Orozco, el ídolo’”.

Cree firmemente en la idea de que cuando se tienen objetivos claros y se insiste, las puertas de nuevas oportunidades “poco a poco se van abriendo”.

Recalca que “gracias a la vida” puede decir que ha trabajado desde que regresó al país, “pero no ha sido sencillo”. Recuerda que al principio recibió “una gran cantidad de noes como respuestas, ya que casi siempre no era lo que los directores o los productores buscaban”.

“Vine hablando ‘españolete’ y el acento era muy extraño. De hecho, recuerdo que perdí un personaje para interpretar en ‘Oye bonita’ porque intentaba ocultar el español, inventándome un costeño que al final resultaba una mezcla rara. Fue tremendo volver a ‘costeñizar’ el acento, sobre todo porque en la escuela (en España), precisamente durante los ejercicios teatrales, me exigían hablar con el acento de allá”.

La política lo atrae y no es de esos personajes que niega el magnetismo. Asegura que la vive igual que las artes escénicas, la lee a diario y la debate en sus redes sociales. Se considera crítico de sus gobernantes, con una fuerte inclinación por este ámbito, a tal punto de aspirar, en 2019, al Concejo de Valledupar (Cesar).

Una de sus críticas frente al Gobierno de Iván Duque, “al igual que muchas personas”, es que “esperaba demasiado de una administración que se proyectaba como renovadora, con unas políticas diferentes”.

Proyectos costeños. Pérez asegura que últimamente en la pantalla chica ha habido un ‘boom’ de producciones que involucran las historias de los costeños que, de cierto modo, ha despertado un poco los celos de algunos de sus colegas oriundos de otras partes de Colombia.

“Los canales se han dado cuenta de que la Región Caribe consume mucha televisión, y que las historias costeñas gustan y divierten a todo el país. Ahora, cuando algo funciona se hace y se repite hasta más no poder, y por mi ‘costeñidad’ estoy feliz de que no paren las producciones que hablan de nuestra idiosincrasia e historia. Estoy seguro que se vienen más producciones costeñas”.

La ‘chispa’ de sus personajes no suele estar descrita en un libreto. Ese plus que le da a sus interpretaciones hace parte de él y lo materializa cada vez que construye cada papel.

“Yo creo que a la fecha de hoy no he hecho un personaje tal cual como estaba escrito, sino que los he transformado. Por fortuna he contado con el respaldo de mis directores y libretistas que han apoyado todo lo que les he aportado a mis papeles. Creo que este ha sido el secreto para que mis personajes tengan cierta notoriedad, que diviertan, que sean muy recordados. Considero que el trabajo de uno como actor es crear a alguien que es muy lejano a lo que somos en la realidad, con sus vivencias, su manera de hablar y de ser; uno no se puede quedar simplemente en aprenderse un texto para decirlo frente a una cámara”.

Su presente. Se encuentra retomando una producción para RCN, cuyas grabaciones se detuvieron debido a la cuarentena. Asegura que solo les queda dos meses para finalizarla. Sobre esta solo puede adelantar que es una comedia en la que, por primera vez, la protagonista será una persona transexual. La historia —afirma— mostrará la realidad y la problemática que enfrentan los miembros de esa comunidad en nuestro país.

“Seguramente será una de las primeras producciones que estrenará el canal en 2021. Considero  que la historia generará mucha polémica (...) la forma de ser de mi personaje no es tan chévere, pero trato, en lo posible, de que la gente se pueda divertir a través de este. Tiene una forma de ser muy machista, vamos a ver cómo lo recibirá el público”.

Aco sueña con ser feliz todos los días de su vida. Vive en Bogotá hace 12 años, aproximadamente, pero no pierde la conexión con su  terruño, la Ciudad de los Santos Reyes del Valle de Upar.

“Cuando decretaron la cuarentena no la pensé dos veces y me fui para mi tierra natal. Cada vez que puedo me escapo porque me gusta estar allá con mis amigos y mi familia, así como tomarme unos buenos tragos. Allá disfruto mucho de una buena parranda, un buen vallenato y de mis paisanas que son hermosas (...) yo siempre he dicho que tengo dos vidas totalmente opuestas: la de Bogotá y la de Valledupar”.

Mientras en Bogotá sobrevive un Aco más taciturno, que no cambia el plan de permanecer en casa, leyendo (biografías), o apreciando una película; en Valledupar respira y suspira un Aco que no se halla si sus pies no ‘huelen calle’.

Se siente dichoso cada vez que visita Madrid (España), pues allí asegura haber vivido gran parte de los mejores años de su vida, aunque en Valledupar también experimenta la misma sensación. Una ambrosía para él es el arroz de fríjol cabecita negra (hecho por su mamá), acompañado de una carne desmechada y un buen patacón.

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