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Millennials 23 de Noviembre de 2019

“Persistir es la clave de todo emprendedor”

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Johan Serrano es un joven barranquillero que encontró en las tradicionales alpargatas una oportunidad de negocio con la que hoy se expande por toda Colombia. Habla de cómo se inició en el emprendimiento mientras terminaba su carrera profesional.

Isabel Garrido Galicia 
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Johan Serrano es un joven barranquillero, de 26 años, que desde muy temprana edad decidió que su destino no era trabajar como empleado en una empresa.
“Desde que tengo memoria me gusta emprender, siempre supe que quería tener mi propio negocio y cuando entré a la universidad aproveché para dar ese paso fundamental”, cuenta Johan.
Cursando segundo semestre de Administración de Empresas, asistió a una asignatura llamada Emprendimiento, la que, según cuenta, se tomó muy en serio a tal punto de comenzar el que sería su mayor logro.
“Lo que para muchos era una clase más, para mí representó una oportunidad (...) mi emprendimiento en esa asignatura fue la venta de zapatos. No eran modelos como los que ahora comercializo, pero ahí empecé”, dice Serrano mientras se pone cómodo en el sillón de su casa.
Las ferias las consideraba una plaza  oportuna para artesanos y vendedores, así que meses después decidió apostarle a una que estaba ubicada en la calle 72, al norte de Barranquilla, con el ideal de mostrar sus productos y abrirse camino en el mundo comercial.
“Mi primera oportunidad sin duda fue en la feria del estadio Romelio Martínez. Comencé vendiendo alpargatas, pero innové el modelo tradicional. Recuerdo que me las vendía un señor, yo solo le diseñaba los estampados y ponía mi marca”.
En la exhibición que duró un mes logró vender entre 1.500 y 2.000 pares de alpargatas al detal, dándose cuenta así del gran potencial que tenía el producto.
Luego de eso, el panorama cambió para Johan y decidió incursionar en la venta mayorista, así que emprendió una travesía por diferentes locales de la ciudad mostrando su producto.
“Ese día estaba decidido, salí con mucha fe y con la muestra de los zapatos en un bolso, visité cuatro locales comerciales, dos de ellos me hicieron pedidos, uno por 200 pares y el otro por 500. Para mí era una locura, yo no lo podía creer”, expresa el joven.
La etapa universitaria aún no había terminado y Serrano era uno de los estudiantes que añoraba acabar rápido su preparación profesional para dedicarse de lleno a su negocio.
“Cuando comencé a vender al por mayor la universidad se volvió muy difícil, a todas mis clases llegaba tarde y me movilizaba aproximadamente tres veces al día de la Uninorte hasta el centro, que es donde tengo mi bodega”.
El tiempo libre que tenía el joven empresario era escaso, no podía hacer todo solo, así que poco después comenzó a contratar personal y en menos de tres meses ya contaba con cinco trabajadores en su fabrica.
 “A veces dude de todo esto, pues no tenía tiempo para nada. Reemplacé mis rumbas, salidas y paseos, por horas y días de trabajo (...) ahí es donde te das cuenta que todo es de determinación, esfuerzo y entrega”, afirma.
El camino del emprendimiento va de la mano de altibajos que no son esperados, por lo que muchas personas que se inician en ese camino deciden hacerse a un lado, por lo anterior, Johan destaca la importancia de la perseverancia.
“Ser exitoso en tu emprendimiento no es cuestión de días. Una de los aspectos fundamentales que hay que tener claro cuando se quiere montar un negocio es que hay que ser constante (...) Hay muchos altibajos en el camino y las cosas a veces no salen como te la esperas, por muy organizado que seas hay situaciones que se salen de tus manos. Tuve muchos momentos difíciles, perdí mucho dinero, pero continué, salí adelante y aquí sigo”.
Por otra parte, después de varios años el administrador de empresas conoció a la que sería el amor de su vida: una cartagenera con la que coincidencialmente compartía el gusto por los negocios. 
“A mi esposa, Laura Gómez, la conozco porque su familia tiene almacenes de zapatos yo proveía, nos hicimos novios, nos casamos y ahora tenemos dos hermosos hijos”.
Durante su relación, incursionó con su cuñado, Édgar, en una nueva marca de zapatos llamada Tropika, que cuenta con diseños propios y de proveedores colombianos.
“Empezamos con una tienda en Neiva, luego abrimos en Palmira, Soledad y en Jamundí (...)iniciamos en Neiva porque se nos facilitaron las cosas con un local comercial y decidimos tomar esa oportunidad”.
Johan realiza ‘maquilas’ (producción de zapatos bajo la marca propia de la cadena comercial que lo contrata) para marcas como Pat Primo, Seven Seven, Quest y Sencosud, donde maneja encargos de hasta 10.000 pares de zapatos.
“Sin duda la experiencia más gratificante de todo esto es encontrarte con gente que no te conoce, pero que conoce tu marca y habla bien de ella y de su calidad, ahí sabes que todo el esfuerzo vale la pena”, concluye.    gc

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