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Millennials 17 de Marzo de 2018

La dulce dedicación de Michelle Cure que va de la cocina a la mesa

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Foto: Josefina Villarreal.

Michelle Cure Ramírez es administradora de empresas de la Universidad del Norte. Tiene 28 años.

Daniela Fernández Comas @danielaferco

Es amante de la culinaria y hace tres años abrió Tart, un establecimiento que hoy está nominado a los Premios La Barra como mejor propuesta en pastelería.

A Michelle Cure Ramírez le brota el gusto por el dulce. No solo le encanta comerlo. Disfruta ofrecerlo. Si llegas a su restaurante, y cuentas con la suerte de que ella esté, te va a recomendar siempre alguno de sus postres. No importa si son las ocho de la mañana o las 12 del mediodía. Para ella, “no hay hora estipulada” para probar un brownie, saborear una galleta o disfrutar una exquisita porción de pudín.
 
 “Yo soy de las que puedo no almorzar pero comerme un postre y quedar feliz”, admite entre risas.
 
Es un gusto que desarrolló desde joven, pero que su madre le limitó al crecer. “Ella no me compraba cosas de azúcar, entonces cuando llegaba a almorzar y veía que no había nada de eso, este pechito llegaba y se ponía  hacer sus cosas”, recuerda con gracia.
 
Así comenzó, en casa, como un pasatiempo. 
 
Estudió el colegio entre el Altamira International School y el Karl C. Parrish. Cuando era el momento de escoger una carrera profesional le dijo a sus padres que quería estudiar Culinaria, sin embargo esta no fue aprobada. Su papá le dijo que estudiara “algo más serio”, y en caso de que al graduarse aún sentía pasión por la cocina que entonces hiciera cursos sobre ello.
 
Así fue. La barranquillera escogió Administración de Empresas, en la Universidad del Norte, nunca dejando de lado su amor por el dulce. Allí comenzó a sentir gusto por el sector bancario, llegando a realizar sus pasantías universitarias en Bancolombia y Pro Barranquilla. Su trabajo lo alternaba con la cocina.
 
Hace cinco años comenzó a vender postres desde su casa. Dos años después abrió su propio negocio, Tart.
 
“Cuando salía de Pro Barranquilla a almorzar cocinaba en mitad de almuerzo y llevaba. Mis compañeros me pedían para comprar, pero yo no creía que pudiera hacerlo para vender, eso era un hobby para mí”, dice Michelle, que desde ese entonces, con solo 23 años, decidió lanzarse al mercado, estando en casa. Pero de la casa pasó a Sabor Barranquilla, luego a las redes sociales y así fue como su nombre se fue propagando en el mundo de la repostería. Ya la estaban conociendo.
 
“Cuando empiezo a hacer Tart, y me gradúo, dije que no me quería lanzar enseguida porque la gente no me conocía. No quería que dijeran que “esta niña aparecida qué se cree”. Además, cuando tú encargas un postre es algo de mucha confianza, un tema delicado, no le encargas un postre a cualquiera. Por eso creé el nombre unos añitos antes, empezando en casa. Y ya cuando abrí acá (en la carrera 51B  con calle 82) sí tenía cosas, había eventos y ya la gente me conocía. Pero realmente el 90% de lo que tenemos es gracias al voz a voz”, explica.
 
 Por supuesto, el miedo al abrir un nuevo lugar para comer postres estuvo. Ella no quería ser otra más. En su cabeza habían cosas diferentes, quería que la reconocieran e identificaran sus productos. “Quería usar sabores conocidos pero de una forma completamente inesperada que genera curiosidad”.
 
Tart es su negocio que comercial e improvisadamente recibió su primer empujón de sus compañeros de trabajo en Bancolombia y Pro Barranquilla. Dos años después de creado, homemade (hecho en casa), lo llevó a un espacio físico. Uno donde al año de abierto le pedía más y más.
 
“Con el postre pasa algo y es que tú no te quedas toda una tarde comiéndotelo, entonces la gente me decía que por qué no tenía cosas de sal para quedarse un rato más hablando, y yo siempre había estado enamorada de los platos de un brunch. Me parece que complementan muy bien la parte de los postres”.
 
Con estas sugerencias, no dudó en ampliar su espacio, y agrandar el menú. Hoy cuenta con platos para desayunar y “tardear”, entre los que están los pasabocas de hojaldre. Juntos hacen un lugar agradable, tranquilo. De pasar a tener solo cuatro recetas, hoy cuenta con más de 10 postres, platos de sal y bebidas.
 
Aunque su especialidad es la repostería, también disfruta cocinar platos de sal.
 
El reconocimiento. Michelle no estudió Gastronomía, Culinaria o Repostería. Sin embargo, ha participado de algunos cursos que la actualizan. Piensa que aunque no tiene un título profesional en esta materia, ella está “más avanzada que muchos a los que realmente no se les nota el interés, no están investigando, leyendo, buscando. Gente que no tienen ese motor que te pide más todos los días”.
“Yo estudie más de cocina y repostería que de lo que estudié en Administración. Es una labor de investigación propia por el gusto y el amor que yo le tengo a esta profesión”.
 
De hecho, sus sentimientos se han revuelto un poco con su reciente nominación a los Premios La Barra. Tart participa como Mejor Propuesta en Pastelería, mientras que ella no fue nominada como Mejor Repostera o Pastelera. Nominación que sí le han otorgado en años anteriores. Cree que es porque aún no porta un diploma que la acredite como tal.
 
“No estudié nada de repostería. He hecho cursos cortos, capacitaciones en cosas muy específicas, pero así como estudiar una carrera no. Todo ha sido try and learn (pruebo y aprendo). Obviamente al estudiarlo hay una institución respaldando tu título, pero eso no demerita todo el proceso de aprendizaje que he hecho yo sola”.
 
Con los comentarios de sus detractores no se aflige. Sigue su camino haciendo lo que más le gusta, siempre con el fin de proponer cosas diferentes, llamativas y deliciosas.
 
Entre sus referentes está Christina Tosi, una de las pioneras en hacer naked cakes (pudines semi descubiertos, con una leve capa de crema). Así como Tosi, Michelle ha logrado que sus creaciones las identifiquen y sean reconocidas como únicas. Un trabajo “de mucha paciencia, detalle y perfección”.
 
Es esto último la razón por la que cree que hay más mujeres haciendo postres que hombres. No piensa que sea algo machista, si no de gusto. “Están surgiendo muchas jóvenes en la repostería pero no podría explicar por qué están los chefs hombres más inclinados por la cocina. De pronto nuestro lado femenino aporta mucho a la decoración. Pero no es un tema de género. Es algo que, si tienes paciencia y dedicación lo puedes hacer”.

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